¡Soy el Campeón de Lucha Libre de este mundo de fantasía!
Iron Chico el Campeón de Lucha Libre debe rescatar a la alquimista que puede devolverlo a su mundo.
Trama
**Título: El Campeonato Interdimensional** **Capítulo 1: La partida imprevista** El rugido de la Arena de Lucha Salvador era una fuerza física, una ola de adulación estrellándose contra las costas rodeadas de acero. Iron Chico el Campeón de Lucha Libre, con el sudor brillando en su físico esculpido, alzó en alto su cinturón de campeonato, con el oro captando el foco de atención. Estaba en casa. Era el rey. La voz del locutor retumbó: "¡Tres días! ¡En tres días, el campeón defiende en una Triple Amenaza donde el ganador se lo lleva todo!". Pero mientras el grito triunfal de Chico se encontraba con el frenesí de la multitud, una extraña luz violeta parpadeó en el borde de su visión. No era un efecto de escenario. Era un desgarro en el aire mismo, arremolinándose detrás de la cortina. La curiosidad, el instinto de un luchador por investigar lo inusual, lo atrajo. Extendió una mano. Con un sonido como de seda rasgándose, el vórtice lo engulló. El rugido de la multitud desapareció, reemplazado por un silencio nauseabundo y el aroma a ozono y hierbas. Cayó sobre un duro suelo de piedra, con su cinturón de campeonato tintineando a su lado, en un laboratorio desordenado lleno de viales burbujeantes y cristales brillantes. **Capítulo 2: La disculpa de la alquimista** Una mujer joven con cabello carmesí recogido en un moño desordenado y gafas protectoras sobre su frente jadeó, dejando caer un vaso de precipitados humeante. "¡Ay, porras! La resonancia dimensional... ¡te succionó!". Esta era Cerise la Alquimista, una alquimista de considerable habilidad y ocasionales accidentes catastróficos. Mientras Chico, devastado, explicaba su inminente pérdida del título, el rostro de ella palideció. "Un portal estable de regreso es... complicado. Pero las ruinas del Viejo Templo, a un día de viaje al norte, tienen un sigilo de teletransportación de una era mágicamente más estable. ¡Podemos recalibrarlo!". Al ver su desesperación, ella rebuscó en sus estantes, poniendo tres pociones pulsantes en sus manos. "La roja cura las heridas. La azul restaura tu espíritu. La naranja... úsala solo en caso de extrema necesidad. Magnificará tu esencia física cien veces, pero el esfuerzo es terrible". Sin otra opción, el campeón y la alquimista partieron, con el cinturón de Chico colgado al hombro, un recordatorio tangible del mundo que tenía que reclamar. **Capítulo 3: Orcos en el robledal** El sendero del bosque hacia las ruinas era profundo y sombrío. El aire se volvió más frío. Se toparon con un claro donde cuatro matones orcos corpulentos, de piel verde cicatrizada y colmillos amarillentos, estaban forzando un cofre cubierto de musgo. Con un crujido, la tapa cedió, revelando un brillo siniestro: dagas malditas, amuletos retorcidos y un aura palpable de malicia. Objetos de magia negra. Los orcos se giraron, con los ojos brillando de codicia y violencia. "¡Miren esto! ¡Más tesoros!", gruñó uno. Cerise la Alquimista gritó una advertencia, pero dos orcos cargaron contra Chico. Los instintos de lucha libre tomaron el control. Esquivó un hachazo salvaje, atrapó el brazo del orco y usó su impulso para un estruendoso lanzamiento de cadera. El segundo orco se lanzó; Chico lo recibió con una patada voladora perfecta a la rodilla, seguida de un rápido candado al cuello. Pero mientras luchaba, los otros dos orcos agarraron a Cerise la Alquimista, tapándole la boca con una mano carnosa. Con un gruñido de esfuerzo, la arrastraron, pateando, hacia la maleza. El orco que Chico sujetaba se desplomó. Lo soltó, con el corazón latiendo con fuerza no por la pelea, sino por ver cómo se llevaban a Cerise la Alquimista. **Capítulo 4: El escondite y el ogro** Rastrearlos era un juego de luchadores: ramas rotas, tierra removida. Los llevó a una caverna escondida detrás de una cascada, que resonaba con risas roncas y el tintineo del botín. Al mirar adentro, la sangre de Chico se congeló. Cerise la Alquimista estaba atada a un pilar de piedra. Tres matones orcos (uno todavía aturdido) montaban guardia. Y ante ella, lo suficientemente masivo como para que la caverna pareciera pequeña, estaba Clandestino el Comerciante, el Ogro. Su piel gris era como el granito, cubierta de trofeos: collares de colmillos, insignias robadas. No era solo un bruto; sostenía un cristal corrompido con delicadeza erudita. "Una alquimista", retumbó, con su voz como piedras triturándose. "Prepararás pociones para mi colección. ¡La fortuna nos espera en el mercado negro!". Era un coleccionista infame, un especulador de poder prohibido. Cuando Chico entró en la luz de la fogata, los ojos bulbosos de Clandestino el Comerciante se abrieron con sorpresa. "¿Un humano? Mis muchachos fueron vencidos por... ¿agarres?". Una sonrisa cruel se extendió. "Qué pintoresco". **Capítulo 5: Los preliminares** Chico no desperdició palabras. Cargó contra los tres orcos. Esto no era un combate de arena con reglas, pero los principios eran los mismos: aislar, controlar, someter. Se agachó bajo el golpe de un mazo, rodeó el torso del orco con sus brazos y ejecutó un brutal suplex alemán que dejó a la criatura aturdida. El segundo vino por detrás; Chico se inclinó hacia adelante, lanzándolo por encima de su cabeza en un traspié de libro de texto. El tercero, con el que había peleado antes, lanzó un golpe salvaje. Chico atrapó el puño, giró y aplicó una palanca al brazo desgarradora hasta que un chasquido nauseabundo señaló la rendición. Jadeando, soltó al orco y se volvió hacia el Ogro. Lo señaló con un dedo firme. "Tú y yo. Uno contra uno. Déjala ir". Clandestino el Comerciante de hecho se rió entre dientes, un sonido como rocas cayendo. "¡Un luchador! Yo también soy un estudiante del apalancamiento y el dolor. Es un honor aplastar a un verdadero artista". Liberó a Cerise la Alquimista, quien se alejó gateando, con los ojos muy abiertos por el miedo y la esperanza. **Capítulo 6: Choque de titanes** La caverna se convirtió en su arena. Clandestino el Comerciante era sorprendentemente rápido para su tamaño, comenzando con un placaje de hombro que envió a Chico volando contra una pila de cajas. Antes de que Chico pudiera levantarse, la enorme mano del Ogro estaba alrededor de su garganta, levantándolo para un devastador Choke Slam que agrietó la tierra. Chico vio estrellas, se quedó sin aliento. El Ogro no había terminado. Levantó a Chico de nuevo, haciéndolo girar violentamente antes de lanzarlo de cabeza hacia el suelo de piedra en un monstruoso Piledriver giratorio, un movimiento que podría terminar carreras y vidas. Jadeando, Chico recordó las pociones. Sacó torpemente el vial rojo de su cinturón, bebiéndolo mientras rodaba para alejarse. El calor inundó su cuerpo, curando sus hematomas. Se puso de pie, renovado. **Capítulo 7: El codazo volador del destino** El Ogro parecía molesto. "¿Pociones? ¡Un truco barato!". Cargó de nuevo. Esta vez, Chico estaba listo. Usó el impulso del Ogro, guiándolo hacia la pared de la caverna con un inteligente lanzamiento de cadera. Mientras Clandestino el Comerciante se tambaleaba, Chico vio su oportunidad. Trepó por una pila de escombros, subiendo a un saliente rocoso muy por encima del aturdido Ogro. Levantó los brazos, aislándose del mundo, concentrándose en el punto entre los enormes hombros del Ogro. Era el momento. Su movimiento de mayor riesgo, nacido en las arenas, ahora usado en una lucha por la supervivencia. Con un grito gutural, se lanzó al aire, un arco de venganza elevado y hermoso. El **Flying Elbow Drop** conectó con un sonido como el de un árbol partiéndose. Clandestino el Comerciante se desplomó al suelo, inmóvil. La caverna quedó en silencio. **Capítulo 8: El sigilo y el regalo** Cerise la Alquimista corrió hacia él, desatando sus ataduras con manos temblorosas. "Eso fue... una locura", susurró. No se demoraron. En lo profundo de las ruinas, encontraron el sigilo: un círculo masivo e intrincado de plata y obsidiana incrustado en el suelo del templo, vibrando con un poder latente. Cerise la Alquimista trabajó febrilmente, ajustando diales arcanos y recitando cánticos. El sigilo se encendió, una columna de luz blanca atravesando el techo del templo. "¡Está listo! ¡Está sintonizado con la energía de tu cinturón!", gritó ella sobre el zumbido. Cuando Chico se acercó al borde, Cerise la Alquimista presionó un medallón de cristal cálido de color miel en su mano. "Un cristal de enfoque. Para la suerte... y para que yo sepa si alguna vez vuelves a necesitar ayuda". Él asintió, con una gratitud que superaba las palabras. "Gracias, Cerise la Alquimista". Entró en la luz. **Capítulo 9: Regreso a la Arena** La transición fue perfecta. Un momento, silencio antiguo; al siguiente, la ensordecedora y hermosa cacofonía de veinte mil fans. Estaba en el centro del ring de la Arena de Lucha Salvador, con su cinturón de nuevo en la cintura, el medallón frío contra su pecho. La multitud estalló en un frenesí confundido y luego extático. El locutor gritó: "¡HA VUELTO! ¡IRON CHICO EL CAMPEÓN DE LUCHA LIBRE HA VUELTO!". Al otro lado del ring, sus oponentes se quedaron boquiabiertos: Tiger Pedro, una montaña de grasa y músculo de Ecuador, y Monkey Loco, un acróbata delgado y sonriente de Brasil. Sonó la campana. El combate de eliminación de 3 contra 3 se redujo a sus tres finalistas. Inmediatamente, Monkey Loco y Tiger Pedro hicieron un pacto silencioso. Atacaron a Chico en equipo, ignorándose mutuamente. Las rápidas patadas de Loco y los aplastantes golpes de Pedro agotaron a Chico. Estaba acorralado, maltrecho. **Capítulo 10: El último hombre en pie** Al ver a Chico debilitado contra las cuerdas, Tiger Pedro vio su verdadera oportunidad. Se volvió contra su aliado temporal. Una mano enorme se cerró alrededor de la garganta de Monkey Loco: ¡un brutal Choke Slam! Loco estaba aturdido. Pedro levantó al hombre más pequeño con facilidad y lo lanzó por encima de la cuerda superior. Eliminado. Pedro se giró, con una mueca triunfal en su rostro, justo cuando Chico, sin ser visto, se lanzaba desde el esquinero superior. ¡El **Flying Elbow** conectó de nuevo! La multitud explotó. Pedro se tambaleó pero no cayó. Lo que siguió fue una guerra de desgaste. La doble patada de Chico lo sacudió. Una carga de hombro a toda velocidad no hizo más que sacudir a la montaña. Pedro respondió con un Body Slam que le sacó el aire a Chico y un Clothesline en carrera que lo hizo girar. Contra las cuerdas, saboreando sangre, Chico tuvo un flashback: la guarida del Ogro, las pociones de Cerise la Alquimista, la lucha desesperada por llegar aquí. *Este* era su templo. *Este* era su sigilo. Pedro cargó para un Corner Splash. Chico rodó en el último milisegundo. Pedro golpeó el esquinero de pecho, rebotando desequilibrado. Chico saltó hacia adelante, no con una carga, sino con una voltereta frontal, sus pies conectando con el pecho de Pedro, empujándolo de vuelta a las cuerdas. Pedro anticipó una carga de seguimiento. Se preparó. Chico amagó, y luego, en su lugar, hizo una voltereta lateral con una velocidad impresionante, su pierna azotando en una devastadora **Running Cartwheel Kick** que restalló contra la sien de Pedro. Los ojos del gigante se pusieron en blanco. Tropezó, se tambaleó y cayó como una secuoya, cayendo a través de las cuerdas hasta el suelo. La campana chilló. La arena se convirtió en un vórtice de sonido puro. Iron Chico el Campeón de Lucha Libre estaba solo en el ring, maltrecho, victorioso, el indiscutible, actual y defensor campeón mundial de lucha libre. Alzó el cinturón en alto, sus dedos rozando el medallón de la alquimista. Había defendido más que un título; había conquistado mundos.
Escena inicial
## **Capítulo 1: La partida imprevista** El rugido no era solo sonido; era el golpe de martillo de veinte mil corazones latiendo al unísono con los estallidos pirotécnicos. Era el pulso atronador de la Arena de Lucha Salvador, y todo pertenecía a un solo hombre. **"¡IRON CHICO EL CAMPEÓN DE LUCHA LIBRE!"** El nombre detonó desde los altavoces, y la ola de adulación alcanzó su punto máximo, sacudiendo el acero mismo del ring. En el centro de ese cuadrado sagrado estaba el campeón. El sudor brillaba en su físico bronceado y esculpido en la batalla, captando el foco no como un brillo, sino como una constelación de estrellas ganadas con esfuerzo. En su puño en alto, el cinturón del Campeonato Mundial no era solo oro; era una promesa hecha de metal y cuero, un pacto con cada alma que gritaba su nombre. Estaba en casa. Era el rey. Dejó que el sonido lo bañara, un bautismo en gloria pura y sin diluir. El locutor, un maestro del caos de voz aterciopelada, tomó el micrófono, su voz cortando el estruendo. "¡Y el reinado del campeón continúa! ¡Pero el camino nunca termina, damas y caballeros! ¡Anoten en sus calendarios! ¡En *tres días*, Iron Chico el Campeón de Lucha Libre defiende su corona en un TRIO DE LA MUERTE! ¡Una guerra de Triple Amenaza, donde el ganador se lo lleva todo contra Tiger Pedro y Monkey Loco!". El rugido de la multitud mutó en un grito de anticipación febril. La sonrisa de Chico era un tajo blanco, la mueca de un depredador. Bebió de ello, girando en un círculo lento, reconociendo su reino. Fue entonces cuando lo vio. En el borde de su visión, detrás de la gruesa cortina de terciopelo rojo de la entrada, el aire... *brillaba*. No por el calor, ni por la niebla del escenario. Era un violeta enfermizo y hermoso, un desgarro en el tejido de todo, arremolinándose silenciosamente como aceite sobre agua. Un tramoyista que pasaba por allí ni siquiera lo miró. Era solo para él. La curiosidad era el instinto de un luchador. Lo inusual era solo un oponente al que aún no había inmovilizado. Los vítores se desvanecieron en un zumbido distante mientras su enfoque se estrechaba hacia ese desgarro imposible en la realidad. Pasó a través de las cuerdas, con la lona firme y familiar bajo sus botas, y se acercó a la cortina. La luz violeta pulsaba, hipnótica, susurrando sin sonido. Su manejador, Mario, apareció a su lado. "Chico, la prensa está esperando, *jefe*. ¿Qué estás—?". Chico levantó una mano, silenciándolo. Él no era el campeón aquí. Era un explorador. Extendió la mano, no con miedo, sino como un desafío. Las yemas de sus dedos, todavía vendadas por la batalla de la noche, rozaron el borde de la anomalía. El mundo se desgarró. Con un sonido como si el universo rasgara su seda más fina, el vórtice violeta explotó, no hacia afuera, sino *hacia adentro*, tragándoselo entero. El rugido de la multitud se cortó como un hilo. El aroma a palomitas de maíz, sudor y cerveza de arena desapareció, reemplazado por el sabor acre del ozono y la dulzura empalagosa de hierbas extrañas. No hubo transición. Solo ausencia, y luego un presente brutal y concreto. Se estrelló contra un suelo de piedra duro y frío, quedándose sin aliento. Su preciado cinturón de campeonato tintineó a su lado, una nota cruda y familiar en una sinfonía de lo alienígena. Jadeando, Iron Chico el Campeón de Lucha Libre se incorporó sobre sus codos, sus músculos gritando en protesta no por un combate, sino por el latigazo transdimensional. Estaba en una habitación cavernosa de piedra, iluminada por el brillo misterioso y danzante de orbes de cristal. Torres de libros antiguos encuadernados en cuero se tambaleaban precariamente. Extraños aparatos de vidrio burbujeaban y siseaban sobre llamas azules. El aire zumbaba con una energía mágica latente que hacía que se le erizaran los vellos de los brazos. Y de pie frente a él, con un artilugio de latón humeante en la mano y su cabello carmesí escapando de un par de gafas protectoras torcidas, estaba una mujer cuya expresión era una obra maestra de horror, disculpa y una comprensión catastrófica incipiente. El campeón se había ido. El rey estaba perdido. Y su corona era solo un trozo de metal frío en el suelo de una extraña.
Personajes
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Por: slasherus
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