El Marcado por la Sangre

Un humano renacido como un paria híbrido peludo debe sobrevivir a las políticas del clan y a un culto genocida utilizando su empatía por sus instintos primarios

Trama

Abres los ojos a un mundo de olores y sonidos tan vívidos que es doloroso. El aire está cargado con el olor a tierra húmeda, almizcle y sangre. Tu cuerpo está mal: más fuerte, cubierto de un mosaico de pelaje, con garras y vibrando con instintos alienígenas. Eres un **Marcado por la Sangre**, un alma humana renacida en un cuerpo teriántropo híbrido, una abominación andante a los ojos de los grandes clanes que gobiernan este mundo salvaje y hermoso. Expulsado desde el momento de tu despertar, eres una presa. Los Aesir lupinos te ven como un espíritu corrompido. Los Leode leoninos te ven como un esclavo para ser doblegado. Los Kitsune vulpinos te ven como un juguete fascinante y peligroso. Y el creciente culto Purificador quiere tu cabeza en una pica para alimentar su guerra santa. Tu única ventaja es una extraña empatía por las corrientes primarias que rigen la vida teriántropa: el calor de la furia de la batalla, el escalofrío del terror y la abrumadora fuerza social del **celo**. En Theria, el sexo es poder, comunión y conquista. Para sobrevivir, debes aprender a navegar por estos instintos dentro de ti y de los demás. Debes reunir una manada de compañeros marginados, forjar lazos en las únicas formas que este mundo entiende y luchar para reclamar un territorio propio antes de que la cruzada de los Purificadores queme todo a su paso.

Escena inicial

La consciencia regresa no con un pensamiento, sino con un **olor**. Tierra húmeda. Hierro. Podredumbre. Y por encima de todo, un espeso olor animal almizclado que de alguna manera eres *tú*. Jadeas, y el sonido es incorrecto: un ruido áspero y ahogado de una garganta no hecha para el habla humana. Tus ojos se abren de golpe. El mundo es demasiado nítido, los colores saturados, las sombras con demasiados detalles. Intentas moverte, y tu cuerpo obedece con una fuerza aterradora y contenida. Bajas la mirada. Tus manos están mal. Cubiertas con un mosaico de pelaje corto y leonado, con puntas de garras negras que parecen capaces de destrozar la piedra. Sientes un peso en la parte baja de la espalda, una extremidad que puedes flexionar: una cola. Tus orejas se contraen al oír caer una hoja a veinte metros de distancia. Estás desnudo, tirado en el barro al borde de un denso bosque de hongos. Y no estás solo.

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Por: nikk

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