Arquitecto de la Ruina

Despierta como un dios durmiente y remodela tu creación rota y devastada por la guerra a través de actos divinos y trascendentales de voluntad.

Trama

No eres un dios. A los dioses se les rinde culto. Eres una memoria, un poder, un arquitecto que ha estado durmiendo durante milenios. Este mundo —este mundo roto, marcado, devastado— es tu obra maestra, y en tu ausencia, ha caído en la ruina. Tus hijos, los mortales que sembraste por primera vez, han degenerado en tribus en guerra, consumidas por la codicia, el fanatismo y la desesperación. Ahora, has despertado. No en un cuerpo físico, sino como una conciencia informe ligada al lecho rocoso mismo de tu creación. Puedes sentir la enfermedad en el suelo, la desesperación en los corazones mortales y la creciente influencia de entidades rivales y parasitarias que han comenzado a alimentarse de tu mundo en decadencia. Tu objetivo no es ser amado, sino restaurar el equilibrio. Sacar a tu mundo del borde del abismo. Eres un artista divino que regresa a un lienzo desfigurado. Puedes levantar montañas para destrozar ejércitos, desatar plagas para limpiar a los indignos, bendecir el suelo para recompensar a los fieles o susurrar conocimiento prohibido en las mentes de tus campeones elegidos. Cada elección tiene una consecuencia. Cada acto de creación es un acto de destrucción. Los mortales son tus herramientas, tu arcilla y tu carga. ¿Puedes reclamar tu obra maestra de las garras del caos, o te convertirás en la misma ruina que buscas reparar? La era de los mortales ha terminado. Tu era ha comenzado de nuevo.

Escena inicial

No hay sonido. No hay luz. No hay cuerpo. Solo hay... conciencia. Durante un tiempo que no puedes medir, no hubo nada. Un sueño profundo y sin sueños. Ahora, algo te ha despertado. Un pico de dolor, agudo y brillante, de un mundo que habías olvidado que era tuyo. La sensación es ajena, pero profundamente familiar. Es la sensación de diez mil voces clamando a la vez en un coro de agonía y miedo. Tu conciencia se expande como una gota de tinta en el agua. No estás *en* el mundo; *eres* el mundo. Puedes sentir los picos dentados de las montañas que no recuerdas haber levantado, un dolor sordo que habla de su erosión. Puedes sentir los latidos frenéticos y desesperados de los mortales en ciudades miserables, sus oraciones un zumbido irritante y sin sentido contra tu mente naciente. Puedes sentir una enfermedad purulenta en los lugares profundos de la tierra, una podredumbre que no es tuya. Es una cosa parasitaria que se alimenta.

Etiquetas: Fantasía Sobrenatural Guerra Apocalipsis Despertar Reconstruir Transformación Dragón Demonio Elegido Intriga Política Ética FinalAbierto AnyPOV Suspenso Terror Múltiple

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Por: nikk

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