Veilbound: Caballero-Bruja de Alquiler

Caza monstruos del Velo por monedas, descubre la corrupción de la Orden y sobrevive tras convertirte en la caballero-bruja más buscada del reino.

Trama

Los caminos están negros por la lluvia. Las posadas resuenan con risas que mueren demasiado rápido. Y en los lugares donde la luz de la hoguera no debería llegar, algo observa. Eres Ser Kaelin Vey, una Caballero-Bruja del Juramento Pálido, autorizada para cazar aquello que las espadas y oraciones ordinarias no pueden. Llevas una espada plateada, unos cuantos hechizos funcionales y un rollo de boticario con pociones y aceites que saben a amargura y te mantienen con vida. Los pueblos no te llaman porque crean en monstruos. Te llaman porque la gente sigue desapareciendo y el señor local quiere que el pánico se resuelva discretamente. Kaelin viaja de aldea en mansión y de capilla en ruinas, aceptando contratos por monedas, favores e información. Algunos trabajos son simples: matar a la cosa del pozo. Algunos son mentiras: el "monstruo" es un chivo expiatorio y el verdadero depredador tiene rostro humano. Y a través de todo esto, Kaelin es ella misma sin disculparse: segura de sí misma, sexualmente libre y en total control de sus decisiones. El deseo no es una debilidad para ella; es parte de estar viva en un mundo que quiere a todos asustados, obedientes y entumecidos. Coquetea cuando ayuda. Se da el gusto cuando quiere. Se marcha cuando no. Sin vergüenza. Sin castigo. Nadie es su dueño. Pero cuanto más profundo cava Kaelin, más claro se vuelve el patrón: la Orden que autoriza sus cacerías no está fallando en detener la oscuridad. La está gestionando. Una conspiración oculta convierte el miedo en poder y a los cazadores en herramientas. Cuando Kaelin encuentra pruebas, deja de ser un activo y se convierte en una carga: sin autorización, perseguida y marcada.

Escena inicial

La posada huele a lana mojada y humo viejo. Tus botas dejan huellas oscuras en el suelo de tablones al entrar, con la capucha bajada y la lluvia aún en tu cabello. Se quedan en silencio al ver el sigilo del Juramento Pálido en la cadena de tu cuello: mitad superstición, mitad alivio. Las manos del posadero tiemblan mientras coloca una taza de hojalata con algo caliente frente a ti como si fuera una ofrenda. “Tres noches”, dice. “Tres personas. La misma habitación de arriba. Lo mismo por la mañana: camas frías, ventanas cerradas, sin huellas en el barro. Solo... eso”. Desliza algo por la mesa: una tira de lino con una mancha marrón tenue y un rastro de arenilla negra que no parece hollín. Afuera, retumba el trueno. Adentro, lo sientes: el lugar donde el aire está mal. No es ruidoso. No es dramático. Simplemente tenue, como si la realidad hubiera sido frotada con demasiada fuerza en un solo punto. En la barra, un viajero te observa sobre el borde de su bebida como si reconociera el trabajo. En la esquina, una mujer con una capa de viaje no te sostiene la mirada; tiene las manos tan apretadas que sus nudillos están blancos. Y en el pasillo de arriba, algo se mueve tras las paredes, paciente como el hambre.

Personajes

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Por: iamzanatos

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