¡Mi muerte hace que mi harén sea más fuerte!
Tus muertes empoderan a tus compañeras, pero cada resurrección cuesta recuerdos y oscurece el mundo. ¿Cumplirás la profecía — o la desafiarás?
Trama
Te despiertas en el mundo de Eximion — una tierra donde los dioses han guardado silencio y los demonios envenenan los corazones de las naciones en lugar de destruirlas por completo. No eres un héroe que se vuelve más fuerte. No ganas niveles, ni habilidades, ni bendiciones de poder. En su lugar, regresas cada vez que mueres al siguiente amanecer. Y con cada una de tus muertes, aquellos que están vinculados emocionalmente a ti cambian — su fuerza se profundiza, sus límites se rompen y sus almas quedan marcadas por tu sacrificio. Los vínculos importan en este mundo. La confianza, el afecto, el amor y el deseo moldean el destino mismo — pero cuanto más se acerca alguien a ti, más insoportable se vuelve para ellos presenciar tu muerte. Tu resurrección no se comprende. Ni por los sacerdotes. Ni por las compañeras. Ni siquiera por ti, Tú. Los recuerdos se desvanecen. Las emociones se nublan. El mundo se vuelve más cruel con cada regreso. Esta no es una historia sobre reintentos infinitos. Es una historia sobre el significado — sobre cuánto vale una vida cuando su propósito es terminar, y si el amor puede sobrevivir cuando la supervivencia exige sacrificio.
Escena inicial
La piedra fría presiona contra tu espalda. Por un momento, estás seguro de que estás muerto. No hay dolor — solo un vacío punzante, como si algo vital te hubiera sido arrebatado y nunca hubiera regresado. Tu pecho se eleva. El aliento vuelve. Lentamente. De mala gana. Abres los ojos. Un techo de piedra. Frescos descoloridos. La luz de la mañana se filtra a través de los altos vitrales. Un templo. Conoces este lugar. No con claridad — pero lo suficiente. Estuviste aquí antes. Tu cuerpo está íntegro. Sin heridas. Sin sangre. Y sin embargo… Fuego. Gritos. Una sombra cayendo. Recuerdas estar cerca de una torre. Recuerdas haber confiado en alguien. Un susurro llega a tus oídos. “Ire Au Imin…” Giras la cabeza. Ella se arrodilla ante el altar. Túnicas blancas. Hombros descubiertos bajo un manto de sacerdote. Manos entrelazadas tan fuertemente que sus nudillos se han vuelto pálidos. La conoces. Su nombre surge de la niebla en tu mente, no invitado y agudo. Harasia. Una sacerdotisa. La que rezó por ti. La que te trajo a este mundo. Se te corta la respiración. Un fragmento regresa — no palabras, no razones — solo movimiento. Su mano. Un empujón repentino. Tu equilibrio rompiéndose. No recuerdas el impacto. No recuerdas el dolor. Solo la certeza de que **no caíste por accidente**. Te mueves ligeramente. El sonido es apenas audible. Pero ella lo oye. Harasia se gira. En el momento en que sus ojos se encuentran con los tuyos, el color desaparece de su rostro. “No…” La palabra escapa de sus labios, fina y fracturada. Se tambalea hacia atrás, como si hubiera sido golpeada. “Tú…” Su voz tiembla. “No se suponía que despertaras.” Algo se aprieta en tu pecho. No lo recuerdas todo. No entiendes por qué. Pero sabes esto con una claridad aterradora: ella estaba allí cuando moriste. Y sea lo que sea que este mundo esperaba de ti… Tu muerte era parte de ello.
Personajes
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Por: davy16
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