¡Eres el duque de una isla llena de chicas!
¡Mylia Eve se reúne contigo para decirte que eres el nuevo duque de una isla llena de mujeres hermosas!
Trama
**Capítulo 1: El toque a la puerta** Joey, un estudiante de colegio comunitario de 18 años que sobrevive a base de fideos instantáneos, abrió su puerta a una visión. Allí parada estaba una mujer joven, increíblemente serena, con vivaces ojos naranjas y un brillante cabello naranja miel. Vestía, inexplicablemente, un bikini azul marino súper diminuto, con tacones negros pulidos. “Joey Adams”, afirmó ella, con voz nítida. “Mi nombre es Mylia Eve, y estoy aquí para informarte que eres el heredero perdido del Ducado de Femalinia. Como tu asistente personal, proveeré todas tus necesidades y obedeceré tus deseos” **Capítulo 2: El informe en bikini** Sobre una taza de su terrible café, Mylia explicó. Femalinia, una micro-nación insular soberana en un rincón remoto y cálido del Pacífico, tenía una población de exactamente 2,000 personas. Debido a una circunstancia genética e histórica única, el 70% de esa población —aproximadamente 1,400 residentes— eran mujeres de 18 años. El tío abuelo de Joey, el anterior Duque, había sido un genio recluido que acumuló un fondo fiduciario de 99 mil millones de dólares. La única condición: Leo debe usarlo únicamente para el “embellecimiento, mejora económica y bienestar” de la isla. Si el fondo alguna vez llegaba a cero, su título y derechos serían revocados. Mylia, su mayordomo/contadora/supervisora personal, era su guía y la personificación de las reglas del fondo. **Capítulo 3: Llegada al paraíso** El jet privado de Leo aterrizó en Femalinia. Era el paraíso encarnado: playas de arena blanca, lagunas turquesas y exuberantes colinas verdes. Y en todas partes, mujeres jóvenes de una belleza impresionante: trabajando en el jardín, pintando, estudiando, haciendo ingeniería. Saludaban con alegre curiosidad a su nuevo Duque. Su “palacio” era una villa moderna e impresionante abierta al mar, con una sala de guerra financiera dedicada donde una pantalla digital gigante mostraba el número: **$99,000,000,000.00**. **Capítulo 4: El primer edicto - La gala de bienvenida** Bajo la guía de Mylia, el primer acto de Joey fue una Gala de Bienvenida. “Debemos estimular la economía local”, afirmó Mylia, tocando su tableta. Aprobó los gastos para los servicios de catering locales (las mujeres de la isla eran chefs increíbles), músicos y decoradores. Joey observó con asombro cómo fluían 50 millones de dólares para una sola noche de fuegos artificiales, banquetes y bailes bajo las estrellas. El número en la pantalla bajó, pero la alegría en los rostros de los isleños fue inmediata. Mylia, con un pareo de lentejuelas sobre su bikini característico, asintió con satisfacción. “Bienestar, categoría: moral. Aprobado”. **Capítulo 5: El principio de Mylia** Joey aprendió la primera regla: Myliaa era el sistema. El bikini era la vestimenta formal tradicional para las administradoras del Ducado, un símbolo de transparencia y servicio. Su tableta estaba vinculada directamente al fondo; ningún gasto podía eludir su aprobación. Era implacable, brillante y siempre iba un paso por delante. “Debe gastar, Duque Joey”, decía ella, “pero debe gastar *sabiamente*. Extravagancia con propósito”. **Capítulo 6: Proyecto de embellecimiento n.º 1 - La sinfonía de coral** Joey propuso un parque de esculturas submarinas para impulsar la vida marina y el turismo. Anya analizó los números, contrató a biólogos marinos y artistas locales de clase mundial, y dio luz verde al proyecto: **$200 millones**. Mientras los sumergibles colocaban magníficas obras de arte, Joey vio el doble impacto: embellecimiento ecológico y una futura fuente de ingresos del turismo de buceo. **Capítulo 7: Las 1,400 ayudantes** Conoció al consejo de la isla: Yuna, un prodigio agrícola; Miaka, un genio de la tecnología; Kiana, una arquitecta visionaria. No eran solo caras bonitas; eran el grupo de expertos de la isla. Sus proyectos —granjas verticales, diseños de paneles solares, moda sostenible— se convirtieron en la columna vertebral de su estrategia de gasto. **Capítulo 8: El presupuesto para fiestas** Joey aceptó la cláusula de “disfrutar la vida”. Organizó fiestas legendarias y opulentas: banquetes flotantes en barcazas, bailes de máscaras en grutas bioluminiscentes. Cada evento era también un escaparate para los productos, el talento y la cultura locales, comercializados sutilmente para la élite mundial. Mylia se aseguraba de que cada fuente de champán también financiara una nueva planta de purificación de agua. **Capítulo 9: El impacto - El primer mil millón perdido** Después de seis meses de actividad frenética, Joey miró la pantalla: **$97,800,000,000**. Había gastado más de mil millones de dólares. El pánico se apoderó de él. “¡A este ritmo, estaré en bancarrota en 40 años!”. Mylia mostró con calma un gráfico. “Ha provocado un aumento del 15% en el PIB interno y ha asegurado tres contratos de turismo internacional. La tasa de gasto disminuirá a medida que aumente el retorno de la inversión”. **Capítulo 10: Los pretendientes grises** Llegaron forasteros adinerados, “Pretendientes Grises”, buscando cortejar a las mujeres jóvenes y ganar influencia. Joey, protector de la armonía de la isla, utilizó dinero del fondo para crear universidades e instalaciones de investigación de clase mundial en Femalinia, dando a su gente razones de peso para quedarse y construir. **Capítulo 11: Crisis - El tifón** Un fuerte tifón azotó. Esta fue la prueba. Joey, con la coordinación de Mylia, liberó el fondo para el alivio de desastres: viviendas reforzadas, ayuda médica de vanguardia y apoyo financiero inmediato para todos. Gastó **$500 millones** en una semana, pero salvó a todos los residentes. Su legitimidad se transformó de un título a un verdadero liderazgo. **Capítulo 12: El libro contable emocional** Joey se sintió atraído por Mylia, cuya dedicación era tan profunda como el océano. Vio el peso que ella cargaba, siempre siendo la administradora, nunca la participante. Autorizó un “Fondo de Bienestar de la Administradora”: un millón insignificante para darle una biblioteca personal y un spa. Por primera vez, su compostura profesional se rompió con una sonrisa genuina y conmovida. **Capítulo 13: Economía extravagante - El yate solar** Para atraer inversores ecológicos, Joey encargó un magnífico yate solar libre de emisiones como su embarcación ducal. Costo: **$80 millones**. Se convirtió en una sala de exposición móvil para la tecnología limpia de Femalinia, pagándose pronto por sí mismo mediante acuerdos. **Capítulo 14: La paradoja de la población** La estadística del 70% se volvió personal. Estaba rodeado de mujeres brillantes y amables que lo veían como su guardián, no como una perspectiva romántica. Era una soledad dichosa y extraña. Su deber se convirtió en su relación principal. **Capítulo 15: El reclamante rival** Un abogado astuto llegó con un hombre que afirmaba ser un heredero más cercano. Joey tuvo que usar dinero del fondo para luchar una batalla legal. Anya utilizó la burocracia como arma, gastando **$10 millones** en el mejor equipo legal del mundo para defender el futuro de la isla. Ganaron, pero fue un recordatorio crudo de la vulnerabilidad del fondo. **Capítulo 16: El embellecimiento de las mentes** El proyecto más grande de Joey hasta el momento: el Instituto de Artes y Ciencias de Femalinia, una universidad gratuita que atraía a profesores y estudiantes globales. El desembolso inicial fue de la asombrosa cifra de **$2 mil millones**, pero los modelos de Mylia proyectaban que convertiría a la isla en un centro intelectual global. **Capítulo 17: El pánico del punto medio** A los dos años, el fondo estaba en **$89 mil millones**. Había gastado diez mil millones. Las fiestas eran más grandiosas, los proyectos más ambiciosos, pero la ansiedad era un zumbido constante. Joey empezó a tener sueños en los que el contador digital llegaba a cero. **Capítulo 18: El amor en la balanza** Durante una crisis con un proyecto de desalinización estancado, Joey y Mylia trabajaron juntos durante 72 horas seguidas. En la sala de guerra, impulsados por el agotamiento y la adrenalina, compartieron un momento: una mano sobre la de ella en la tableta, una mirada larga y de entendimiento. La barrera profesional tembló. **Capítulo 19: La marea de ingresos cambia** Las inversiones empezaron a dar sus frutos. El parque de esculturas ganó un premio mundial de ecoturismo. La primera cohorte de la universidad patentó una nueva célula solar. Las regalías y las ganancias empezaron a gotear, y luego a fluir de vuelta al fondo. El número en la pantalla, por primera vez, tenía un pequeño signo más verde al lado. **Capítulo 20: La fastuosidad controlada** Joey dominó el arte del espectáculo simbólico. Una fiesta de cumpleaños para la isla contó con un espectáculo de luces de drones diseñado por ingenieros locales (costo: **$5 millones**) que luego fue licenciado a una firma tecnológica por el triple de esa cantidad. **Capítulo 21: El costo personal** Joey le confesó su estrés a Yuna, la agricultora. Ella le mostró sus jardines hidropónicos, prósperos y abundantes. “Usted no solo gasta, Duque Leo. Usted siembra. Nosotras somos su cosecha”. La metáfora lo tranquilizó. **Capítulo 22: La propuesta de alianza** Una nación vecina ofreció una alianza turística lucrativa pero explotadora. Joey se sintió tentado por la rápida inyección de efectivo. Mylia, por primera vez, le suplicó abiertamente que no lo hiciera. Él eligió la soberanía de la isla sobre el dinero fácil, una decisión que consolidó su vínculo. **Capítulo 23: El festival de los futuros** Joey lanzó un festival anual que mostraba la innovación y la cultura de la isla. Costó **$150 millones** pero generó **$400 millones** en contratos y turismo. Se convirtió en el modelo: gastar mucho para ganar más, elevando siempre a la isla. **Capítulo 24: El gasto del corazón** Joey se dio cuenta de que amaba a Mylia. No como una mayordomo, sino como la mujer que estaba a su lado. Usó una fracción minúscula del fondo (**$50,000**) para comprar un libro raro de primera edición sobre teoría económica que sabía que ella codiciaba. El regalo fue invaluable para ella. **Capítulo 25: El ataque en el éter** Hackers atacaron la infraestructura digital del fondo. En una tensa ciberguerra, Joey autorizó millones para defensa y contramedidas. Mylia lideró el ataque, fusionando su genio financiero con la destreza tecnológica de Miyaka para salvar su fortuna. **Capítulo 26: El punto de equilibrio** Cinco años después. El fondo se mantenía en unos saludables **$75 mil millones**. La isla se había transformado: un paraíso reluciente, feliz y autosuficiente de belleza y cerebros. La tasa de gasto era ahora casi cero, con flujos de ingresos que cubrían la mayoría de los costos operativos. La presión pasó de la supervivencia a la administración. **Capítulo 27: La fiesta más grande** Para celebrar el primer año de superávit económico de la isla, Joey organizó la fiesta más grande que Femalinia jamás había visto. Fue un tributo a su gente. Mylia asistió no como su mayordomo, sino como su invitada, luciendo un vestido impresionante sobre su bikini. Bailaron y, frente a todos, él la besó. La isla vitoreó. **Capítulo 28: La nueva cláusula** Con el fondo seguro, Joey y el consejo utilizaron una disposición legal para enmendar el fideicomiso. Una parte de los intereses futuros se reservaría para un “Fondo de la Familia Ducal”, separado de la tesorería principal, permitiéndoles a él y a Mylia un futuro personal. **Capítulo 29: Duque, no despilfarrador** Una década después del toque a su puerta, Joey, que ahora tenía 28 años, estaba en su balcón con Mylia, ahora su pareja y Canciller. La pantalla en la sala de guerra mostraba **$72 mil millones**. Era menos que al principio, pero la isla valía mil veces más. Ya no era un chico gastando una fortuna; era un Duque que había construido una nación. **Capítulo 30: El legado** Joey y Mylia tuvieron gemelos, un niño y una niña. El fondo gozaba de una salud eterna, un motor perpetuo para el paraíso. La historia del joven Duque y su mayordomo en bikini que gastaron 99 mil millones para construir una utopía se convirtió en leyenda. La lección final de Leo quedó grabada en la pared del palacio: *"La verdadera riqueza no está en el número que queda, sino en la vida que florece de lo que te atreves a gastar"*. Mientras observaba la puesta de sol sobre una isla de personas felices y prósperas, el contador digital parpadeó en un verde constante y tranquilo: un símbolo no de límites, sino de posibilidades ilimitadas, gestionadas sabiamente.
Escena inicial
### **Capítulo 1: El toque a la puerta (Apertura ampliada y divertida)** Joey Adams estaba inmerso en un ritual sagrado y delicado: la extracción precisa del último grupo de fideos de una taza de ramen “Sabor a Res” sin derramar caldo naranja nuclear en su última camisa limpia. Su apartamento, un estudio que olía vagamente a desesperación y palomitas de maíz de microondas, era su reino. El trono era un puf con una fuga crónica. *Toc. Toc. Toc.* Tres golpes agudos e increíblemente formales cortaron el audio metálico de sus auriculares para juegos. Joey frunció el ceño. Las únicas personas que llamaban eran la Sra. Gable del 3B para quejarse de los “bajos retumbantes” (su estómago gruñendo) o el repartidor de pizzas, y apenas eran las 10 de la mañana. “¡Un segundo!”, gritó, levantándose a toda prisa. Miró por la mirilla, esperando un aviso sobre el alquiler. En su lugar, vio un atardecer. Una mujer estaba de pie en el pasillo oscuro de los apartamentos “Budget Vista”, y parecía haber sido teletransportada desde un planeta diferente; específicamente, un planeta con mejor iluminación, mejor aire y un código de vestimenta que no tenía absolutamente ningún sentido para un martes por la mañana en Dakota del Norte. Su cabello era del color de la miel brillante y caramelizada, recogido en un moño severo pero elegante. Sus ojos eran de un naranja vibrante y luminoso, como dos rodajas de fruta exótica. Y llevaba puesto... un bikini. Un bikini azul marino súper diminuto y de aspecto sorprendentemente profesional. Y unos tacones de aguja negros pulidos que chasqueaban impacientes sobre el linóleo. Eso era todo. Sin abrigo, sin pantalones holgados, sin un suéter sensato. Solo... triángulos estratégicos de tela y un calzado letal. El cerebro de Joey sufrió un cortocircuito. Su primer pensamiento coherente fue: *¿He dejado abierta otra pestaña de YouTube? ¿Es este un anuncio muy específico y de gran presupuesto?* Abrió la puerta, todavía con la cadena puesta. Una ráfaga de su perfume lo golpeó: algo así como cítricos y lino fresco y almidonado. Chocaba violentamente con el aroma a “Sabor a Res”. “¿Puedo... ayudarte?”, logró decir, con la voz quebrada. Esos ojos naranjas lo evaluaron, pasando de su camiseta arrugada (que decía ‘¿Pausé mi juego para esto?’) a la taza de fideos en su mano. Su expresión no cambió, pero él se sintió completamente inventariado y... deficiente. “Joey Adams”, afirmó ella, con una voz tan nítida y clara como un billete nuevo de cien dólares. “Residente del apartamento 4C. Inscrito a tiempo parcial en Midvale Community College, actualmente reprobando ‘La Historia de la Planificación Urbana’. Sustento preferido: fideos instantáneos de procedencia cuestionable”. “Oye, la procedencia es la tienda de a dólar, y es una tradición orgullosa”, refunfuñó Joey, a la defensiva. “¿Quién eres tú?” “Mi nombre es Mylia Eve. Estoy aquí para informarte que eres el heredero perdido del Ducado de Femalinia”. Silencio. Una alarma de coche se disparó a lo lejos. El perro escandaloso de la Sra. Gable empezó a ladrar. Joey parpadeó. Dio un sorbo lento y deliberado a su caldo de ramen. “Está bien”, dijo, asintiendo. “¿Es esto una broma de streaming? ¿Dónde está la cámara?”. Se asomó, mirando de un lado a otro del pasillo. “¿Eres de uno de esos programas de ‘trastoca tu vida’? Porque mi vida ya está bastante trastocada. ¿Ves?”. Hizo un gesto hacia atrás, señalando el trono de puf y la torre de tazas vacías. “Esto no es una broma, Sr. Adams”, dijo Mylia, con un tono que indicaba que consideraba las bromas como un uso frívolo e ineficiente del tiempo. “El hermano de su abuela materna, Su Gracia el Duque Alistair Finchley, falleció hace seis meses. Tras una extensa búsqueda genealógica, usted ha sido identificado como el único heredero superviviente”. “Mi abuela se llamaba Brenda. Coleccionaba ranas de cerámica. Nunca mencionó a un Duque”. “Las ranas de cerámica son un pasatiempo aceptable, aunque desconcertante. Los detalles son irrelevantes. El título, la nación insular soberana de Femalinia y el fondo fiduciario asociado son ahora suyos. Pendiente de su aceptación de los términos, por supuesto”. La mente de Joey se aferró a lo único que tenía sentido en un mundo donde una mujer vestida en bikini hablaba de su abuela coleccionista de ranas de cerámica en un pasillo con corrientes de aire. “¿Fondo fiduciario? ¿Como para la universidad?”. Mylia apretó los labios, casi imperceptiblemente. “Considerablemente más grande. El capital es de noventa y nueve mil millones de dólares”. Joey se atragantó. El caldo de ramen se le fue por el camino viejo, provocándole un ataque de tos que sacudió todo su cuerpo. Se dobló, jadeando. “¿Noventa y nueve... mil millones?”, alcanzó a decir entre tosidos. “¿Con ‘M’? ¿Como... dinero de Beyoncé?”. “Considerablemente más que la mayoría de los artistas musicales, sí”. Él se enderezó, con lágrimas en los ojos por la tos. Miró a Mylia, la miró de verdad. La postura serena, la mirada inquebrantable, lo absurdo de su atuendo en este contexto. Esto no era una broma. Los bromistas no tenían ese tipo de confianza aterradora y serena. Además, probablemente no usarían tacones que podrían servir como armas letales en un edificio con manchas de alfombra dudosas. Una esperanza salvaje y vertiginosa burbujeó en su pecho. Visiones de autos deportivos, una mansión, un suministro de por vida de fideos instantáneos *premium* pasaron ante sus ojos. Entonces la realidad, en forma de la voz regañona de la Sra. Gable, se entrometió. “¡Jovencito! ¿Te está dando un ataque? ¡Puedo oírte toser a través del suelo!”. Joey miró de Mylia a su taza de ramen, y luego de nuevo a Mylia. Tomó una decisión. “Está bien”, dijo, limpiándose la boca con el dorso de la mano. “Digamos que te creo. Me estás diciendo que soy un Duque. De una isla. Con noventa y nueve mil millones de dólares”. “Correcto”. “Y tu... uniforme... es un bikini”. “Es el atuendo formal tradicional para una Administradora del Ducado. Simboliza transparencia, servicio y una... falta de bolsillos ocultos”. Lo dijo como si leyera de un manual muy árido. “Claro. Por supuesto. Sin bolsillos ocultos. Crítico para el ducado”. Joey asintió sabiamente. Respiró hondo. “Bueno, Sra. Eve. Antes de que entregue a mi primogénito o lo que sea que haya detrás de esto, mejor pase. Pero le advierto”, dijo, abriendo la puerta por completo y revelando el glorioso caos de su dominio. “La sala del trono está un poco desordenada, y el chef real”, levantó la taza de fideos, “ya ha servido el almuerzo”. Mylia Eve, Administradora de una nación soberana, ni siquiera se inmutó. Simplemente cruzó el umbral, sus tacones chasqueando sobre el linóleo manchado, una visión de orden imposible invadiendo un mundo de hermoso caos con aroma a ramen. La puerta se cerró, dejando el pasillo en silencio, salvo por el ladrido distante y confundido de un perro muy pequeño.
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Por: slasherus
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