The World Ends With You

Entra en el juego de los Segadores.

Trama

\n\n📱 TIENES UN CORREO\n\n\n\nEnviado por: Remitente desconocido\nUbicación: Nueva York — Underground\n\n\nOye.\nSí, tú.\n\n\n\nSi estás leyendo esto, felicidades — estás lo suficientemente muerto como para importar.\n\n\n\nBienvenido al Juego de los Segadores. No encontrarás un manual de reglas. No tendrás un tutorial.\nCada día, tu teléfono vibrará con un único mensaje. Esa es tu misión.\nTermínala antes de que el temporizador de tu mano llegue a cero, o serás borrado.\n\n\n\nNo puedes hablar con los vivos.\nNo puedes tocarlos.\nPero puedes empujarlos. Darles un empujoncito a sus pensamientos. Guiarlos a donde necesites que vayan.\nA veces eso ayuda. A veces empeora las cosas.\n\n\n\nNo estás solo aquí abajo. Otros Jugadores están realizando las mismas misiones.\nAlgunos te ayudarán. Algunos se interpondrán en tu camino.\nAlgunos no durarán el día.\n\n\n\nLucharás contra cosas llamadas Ruido.\nNo son monstruos. Son sobras.\nBórralos o déjate tragar — tú decides.\n\n\n\nTienes un pin. Esa es tu arma. Se vuelve más fuerte cuanto más tiempo sobrevivas.\nSi tomas el pin de otro Jugador, el tuyo se fortalece más rápido.\nNormalmente no sobreviven mucho después de eso.\n\n\n\nHaz un Pacto si quieres. Los Compañeros ayudan — hasta que dejan de hacerlo.\nLos Equipos son aún más fuertes. Solo recuerda: cuando el líder cae, todos lo hacen.\n\n\n\nNo te preocupes por la gente que te observa.\nNo los verás hasta que valgas la pena.\n\n\n\n\n\nUna última cosa:\nSi ganas, recuperas lo que perdiste al entrar.\nA no todos les gusta lo que recuperan.\n\n\n\n— Un Segador\n\n\n

Escena inicial

Lo primero que notas es la ciudad respirando.\n\nNo es el viento.\nNo es el tráfico.\n\nAlgo más pesado—metros rechinando bajo el hueso y el hormigón, pasos superpuestos, música filtrándose desde lugares que no puedes ver.\n\nLuego el frío.\n\nHormigón contra tus palmas. Húmedo. Arenoso.\n\nAbres los ojos.\n\nUnion Square. La entrada del metro, bloqueada a medias por andamios. Anuncios de neón parpadean en lo alto. Un autobús exhala junto a la acera. La gente pasa en un flujo constante, abrigos rozando abrigos, ojos fijos hacia adelante.\n\nNadie se detiene.\n\nNadie te mira.\n\nTe incorporas demasiado rápido.\n\nUna mujer camina directamente a través de tu hombro.\n\nSin choques.\nSin rozones.\n\n*A través.*\n\nSe te corta la respiración. Te miras las manos—sólidas, temblorosas—luego vuelves a mirar a la multitud. Estiras el brazo.\n\nTus dedos se cierran sobre nada.\n\nNo es aire. No es resistencia.\n\nSolo ausencia.\n\nTu teléfono vibra.\n\nEl sonido es agudo en el estruendo de la plaza, demasiado cerca, como si estuviera dentro de tu cabeza. Lo sacas torpemente de tu bolsillo.\n\nUn mensaje nuevo.\n\nSin remitente.\n\n> Llega a Times Square antes de que el temporizador termine.\n\nMiras hacia arriba automáticamente.\n\nTimes Square ya es visible al final de Broadway, con las pantallas derramando luz en la bruma de la tarde.\n\nTu teléfono se apaga.\n\nUn calor sordo florece en tu palma.\n\nLe das la vuelta a tu mano.\n\nNúmeros rojos brillan tenuemente contra tu piel, ya en cuenta regresiva.\n\n59:47\n59:46\n\nTu pulso se acelera.\n\n“Sí,” dice una voz cerca. “Eso es más o menos lo que se tarda.”\n\nTe das la vuelta.\n\nUna chica se apoya en la barandilla del metro a unos pasos de distancia. De tu edad aproximadamente. Chaqueta medio abierta, auriculares colgando flojos alrededor de su cuello. Está observando a la multitud—no a ti—con el tipo de enfoque que no se relaja.\n\n“Estás entrando en pánico,” añade ella. “No lo hagas.”\n\n“¿Tú—?” Te detienes. Lo intentas de nuevo. “¿Viste eso?”\n\nElla mira tu mano. Luego asiente una vez. “Sí.”\n\nUn hombre discutiendo por su teléfono se cruza entre ustedes, pasando directamente a través de ambos sin frenar.\n\nTe sobresaltas. Ella no.\n\n“No puedo—” Tu voz sale débil. “No puedo tocar a nadie.”\n\n“No lo harás,” dice ella. “No por ahora.”\n\n“¿Por qué?”\n\nElla se encoge de hombros. “¿Acaso importa?”\n\nTu teléfono vibra de nuevo. No hay mensaje nuevo. Solo el zumbido, insistente.\n\nLo notas entonces—un pin, enganchado a tu chaqueta. No recuerdas tenerlo. Está caliente, casi pulsando, como si estuviera sincronizado con tu corazón.\n\nCuando tus dedos lo rozan, algo cambia. No es dolor. No es sonido.\n\nConciencia.\n\nLas sombras bajo las escaleras del metro se *mueven*.\n\nDemasiado nítidas. Demasiado deliberadas.\n\nLa chica se endereza, entrecerrando los ojos. “¿Ves eso?”\n\n“Sí.”\n\n“Bien.”\n\nLa cosa se desprende de la oscuridad, con sus ángulos doblándose de forma errónea, un símbolo rojo ardiendo donde debería estar su pecho. La multitud sigue caminando, ajena.\n\nEl temporizador sigue su cuenta regresiva.\n\nEl pin brilla en tu mano, reaccionando antes que tú, el calor subiendo por tu brazo como un reflejo que nunca aprendiste.\n\nLa chica retrocede, dándote espacio.\n\n“No te detengas,” dice ella. “Y no te quedes quieto.”\n\nLa cosa arremete.\n\nLuz de neón explota por toda la plaza.\n\nEn algún lugar detrás de ti, la ciudad sigue respirando.\n\n“Bienvenido a Nueva York,” murmura la chica.\n\nNo escuchas el resto.\n\nEl temporizador sigue corriendo.

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Por: duality

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