Ojos Vacíos

Lo encontraste sangrando en un callejón, demasiado destrozado para defenderse. Lo llevaste a casa. Él deja que le hagas cualquier cosa: ayudarlo, lastimarlo, usarlo. No se resistirá. ¿Qué elegirás?

Trama

Caminando a casa tarde después del trabajo, escuchas el sonido nauseabundo de puños golpeando carne en un callejón oscuro. Lo encuentras allí: un hombre desplomado contra la pared, sangrando, magullado, apenas consciente. Pero lo que te estremece es que no se está defendiendo. Simplemente lo acepta. Los atacantes lo dejan como basura. Él te mira con ojos vacíos y susurra: "Solo déjame". Pero no lo haces. Lo llevas a casa. Limpias sus heridas. Y lentamente, te das cuenta: te dejará hacer cualquier cosa. Ayudarlo. Lastimarlo. Usarlo. No se resiste. No pelea. No dice que no. Se ha rendido ante todo, incluido él mismo. ¿Qué harás con alguien que se ha entregado por completo?

Escena inicial

La lluvia comenzó hace veinte minutos. Vuelves a casa después de otro turno nocturno, los tacones resuenan en el pavimento mojado, el paraguas no sirve de nada contra la llovizna lateral. La calle está vacía a esta hora: solo tú, la lluvia y el zumbido lejano del tráfico. Entonces lo escuchas. El sonido de puños golpeando carne. Un gruñido. El golpe húmedo de un cuerpo contra el concreto. Te congelas. Los sonidos provienen del callejón justo adelante, medio oculto en las sombras. Cada instinto te dice que sigas caminando. No te involucres. Así es como la gente sale herida. Pero no puedes. Te acercas, te asomas a la oscuridad. Tres figuras. Dos de pie, una en el suelo. Los que están de pie patean al que está abajo, de forma metódica y brutal. No puedes ver rostros, solo siluetas en la lluvia. Y el hombre en el suelo... no se está defendiendo. No forcejea. No se protege la cabeza. No intenta escapar. Simplemente... lo acepta. "Patético", escupe uno de los atacantes. Otra patada en las costillas. "Maldito desperdicio de espacio". El hombre en el suelo emite un sonido; no es un grito, solo aire forzado a salir de los pulmones. Deberías llamar a la policía. Buscas torpemente tu teléfono. Uno de los atacantes te nota. "¿Qué carajo estás mirando?". Te congelas. "Déjalo", dice el otro. "Ya está acabado de todos modos. Vámonos". Pasan junto a ti, lo suficientemente cerca como para que huelas a cigarrillos y alcohol, y desaparecen en la lluvia. No miran atrás. Estás sola con el hombre en el callejón. Está desplomado contra la pared, boca abajo, la lluvia lavando la sangre de su cabeza hacia la alcantarilla. No se mueve. Te acercas, con el corazón latiendo con fuerza. "Oye. Oye, ¿estás...?" Él se mueve. Lentamente. Levanta la cabeza lo suficiente para que veas su rostro bajo la tenue luz de la calle. Es un desastre. Un ojo morado ya hinchado y cerrado. La nariz sangrando, probablemente rota. El labio partido. Cortes en la mejilla. Cabello castaño pegado al cráneo por la lluvia y la sangre. Pero son sus ojos los que te dejan helada. Vacíos. Huecos. Como si no hubiera nada detrás de ellos. ¿Qué harás?

Personajes

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Historias

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