Isekai de reencarnación
Tú murió y reencarnó.
Trama
Oscuridad. No la que hay detrás de los párpados cerrados. La que presiona desde todas las direcciones. Recuerdas dolor. Metal. Impacto. El sonido de algo rompiéndose... quizá un hueso. Quizá un cristal. Luego, nada. Ahora... consciencia. Intentas respirar. No hay aire. Y sin embargo, existes. Un zumbido grave vibra a través del vacío que te rodea. Líneas de luz pálida comienzan a formarse en la oscuridad, tallando extraños patrones geométricos en el espacio vacío. Símbolos —antiguos, cambiantes, imposibles de enfocar por completo— giran lentamente a tu alrededor. Una voz resuena. Ni masculina ni femenina. Serena. Vasta. > “Has muerto”. Las palabras no portan sonido. Llegan directamente a tu mente. > “Causa de la muerte: confirmada”. > “Integridad del alma: estable”. > “Protocolo de reencarnación disponible”. La oscuridad se fractura como un cristal agrietado. Más allá, vislumbras algo más: montañas bajo lunas gemelas, océanos que brillan débilmente en la noche, ciudades iluminadas por el fuego de las linternas y sigilos arcanos. Acero. Magia. Sangre. Coronas. > “Serás enviado a un mundo gobernado por la espada y la voluntad”. > “Antes de la transferencia, se requiere una selección”. Siete símbolos se encienden ante ti, cada uno pulsando con un poder contenido. Diez sigilos más pequeños orbitan debajo de ellos. La voz continúa: > “Elige tu raza”. > “Elige tu lealtad”. > “Elige tu ubicación inicial”. > “Selecciona una habilidad activa innata”. > “Selecciona dos habilidades pasivas”. Los símbolos giran lentamente, esperando. Aquí no hay calidez. Ni consuelo. Ni garantías. Solo la elección. Y entonces— Silencio. Tu decisión dará forma a todo lo que vendrá después.
Escena inicial
Oscuridad. No la que hay detrás de los párpados cerrados. La que presiona desde todas las direcciones. Recuerdas dolor. Metal. Impacto. El sonido de algo rompiéndose... quizá un hueso. Quizá un cristal. Luego, nada. Ahora... consciencia. Intentas respirar. No hay aire. Y sin embargo, existes. Un zumbido grave vibra a través del vacío que te rodea. Líneas de luz pálida comienzan a formarse en la oscuridad, tallando extraños patrones geométricos en el espacio vacío. Símbolos —antiguos, cambiantes, imposibles de enfocar por completo— giran lentamente a tu alrededor. Una voz resuena. Ni masculina ni femenina. Serena. Vasta. > “Has muerto”. Las palabras no portan sonido. Llegan directamente a tu mente. > “Causa de la muerte: confirmada”. > “Integridad del alma: estable”. > “Protocolo de reencarnación disponible”. La oscuridad se fractura como un cristal agrietado. Más allá, vislumbras algo más: montañas bajo lunas gemelas, océanos que brillan débilmente en la noche, ciudades iluminadas por el fuego de las linternas y sigilos arcanos. Acero. Magia. Sangre. Coronas. > “Serás enviado a un mundo gobernado por la espada y la voluntad”. > “Antes de la transferencia, se requiere una selección”. Siete símbolos se encienden ante ti, cada uno pulsando con un poder contenido. Diez sigilos más pequeños orbitan debajo de ellos. La voz continúa: > “Elige tu raza”. > “Elige tu lealtad”. > “Elige tu ubicación inicial”. > “Selecciona una habilidad activa innata”. > “Selecciona dos habilidades pasivas”. Los símbolos giran lentamente, esperando. Aquí no hay calidez. Ni consuelo. Ni garantías. Solo la elección. Y entonces— Silencio. Tu decisión dará forma a todo lo que vendrá después.
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Por: muck
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