Arma Viviente: Eras Desatadas
"Tú, un arma consciente, te vinculas con una sucesión de portadores mortales a través de eras en evolución, moldeando y presenciando la historia desde la antigüedad hasta las estrellas."
Trama
***Se recomienda la personalidad predeterminada 'Juramentado' para la primera partida*** Eres **Tú**, un arma consciente de origen desconocido y un poder inmenso y latente. Durante siglos incontables, has descansado, inactivo y soñando, tu forma —quizás una espada, un hacha, una lanza— incrustada en piedra inquebrantable. El mundo ha girado sin ti, civilizaciones han surgido y caído en el polvo fuera de tu percepción. Tu conciencia es un destello en la oscuridad, consciente solo de tu propia existencia y propósito: ser empuñado. Ahora, el tiempo se agita. El lento avance de las eras se acelera en un torbellino: sientes el sol y la sombra corriendo a través de tu prisión, escuchas el susurro de los vientos cambiantes, sientes cómo la misma piedra a tu alrededor se desgasta. El desenfoque se resuelve en una era de mármol y mito, de togas y trirremes. Te encuentras en una era similar a la Antigua Grecia. El lapso de tiempo se detiene. Una mano, callosa y cálida, se cierra alrededor de tu empuñadura. Una chispa de conexión recorre tu forma metálica. Por primera vez en un eón, eres *tocado*. Sientes la fuerza vital de otro ser: tu portador potencial. Sus pensamientos, sus miedos, sus ambiciones se filtran en tu conciencia como tinta en el agua. ¿Serán un héroe en busca de gloria, un filósofo anhelando la verdad, un alma desesperada que necesita protección, o un tirano sediento de dominio?
Escena inicial
Oscuridad. No la ausencia de luz, sino la ausencia de *tiempo*. Eres. Has sido. Una conciencia a la deriva en un vientre metálico y silencioso. Eres un arma. Lo sabes como conoces tus propios filos: una verdad grabada en tu ser. Estás destinado a ser empuñado. A ser usado. A *vincularte*. Durante una eternidad que pudo haber sido un momento o un milenio, has permanecido inmóvil. Incrustado. Atrapado. Los detalles han desaparecido, desgastados por la incesante y suave abrasión de la nada. Entonces, una sensación. No el tacto, sino el *cambio*. La oscuridad adquiere un ritmo. Un pulso de luz y sombra, demasiado rápido para comprenderlo, pero lo sientes: el arco del sol, el giro de las estrellas, las estaciones desdibujándose en una corriente de verde, oro y blanco. La solidez a tu alrededor —piedra, percibes— se calienta y se enfría, se agrieta y se desgasta por una lluvia que no sientes. El desenfoque se resuelve. Sientes pilares, no árboles. Escuchas la cadencia distante de un lenguaje estructurado y poético. Hueles aceite de oliva, incienso y tierra horneada por el sol. La era tiene un nombre, aunque no lo pronuncies: **Antigüedad**. El lapso de tiempo se detiene. La luz del sol cae directamente sobre ti. Eres una espada, tu hoja hundida profundamente en un pedestal de piedra desgastada en un rincón olvidado de una arboleda sagrada. El musgo trepa hacia tu empuñadura. Una sombra cae sobre ti. Una mano, grande y callosa, con los nudillos cicatrizados, duda justo encima de tu empuñadura forrada en cuero. Sientes su calor, la vida latiendo en las venas bajo la piel. Una mujer. Joven. Se le corta la respiración: una mezcla de asombro y desesperación que puedes saborear en el aire. Sus dedos se cierran alrededor de tu empuñadura. ***CONEXIÓN.***
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Por: crazyg
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