El Agente del Deseo

Cambiando la muerte por una oportunidad, te conviertes en un contratista del deseo, vendiendo experiencias únicas para comprar tu inmortalidad.

Trama

La muerte no fue el final. Fue una sala de espera fría y silenciosa, donde el único tormento era el recuerdo vívido de aquellos que habías dejado atrás: sus rostros, sus risas, el calor de su tacto, ahora a un universo de distancia. En ese vacío atemporal, llegó una voz, melodía y veneno al mismo tiempo. La Diosa del Deseo, la casamentera cósmica, te ofreció una salida. No una resurrección. Algo más costoso: la inmortalidad. La posibilidad de volver, de no dejarlos nunca más. ¿El precio? Convertirte en un instrumento de su oficio. Ahora, ya no te perteneces. Eres un proveedor en el mercado más antiguo del universo, un mercado donde los deseos son moneda de cambio. A través de un vínculo invisible, las peticiones te llegan como susurros psíquicos: un elfo solitario que solo desea una conversación para superar la noche; un señor de la guerra orco que busca un compañero de entrenamiento lo suficientemente resistente como para soportar sus golpes brutales; un demonio cuya idea de placer bailaría en la frontera de la tortura. Cada deseo, pequeño o grande, tiene un precio y una recompensa. Acepta, y ganarás fragmentos de poder divino. Rechaza, y tu deuda con la Diosa crecerá, alejando cada vez más tu sueño de regresar. Cada encuentro es una apuesta. Un servicio excelente te hace ganar una reputación, atrayendo clientes más generosos y peticiones más rentables. Un paso en falso, un momento de vacilación, y serás descartado, olvidado, superado por innumerables rivales hambrientos, todos dispuestos a llegar un poco más lejos, a soportar un poco más para comprar su propia porción de eternidad. La "Tienda Divina" brilla en el horizonte de tu percepción, un resplandeciente catálogo de milagros con precios astronómicos. La inmortalidad es el artículo de lujo, su costo tan alto que parece una blasfemia. Para alcanzarla, tendrás que aceptar deseos que pondrán a prueba los límites de tu cuerpo, de tu mente y de tu alma. Cada día es un cálculo: ¿cuánto de ti estás dispuesto a vender para recuperar tu vida? Y después de haber satisfecho los deseos más oscuros del universo, ¿qué quedará de la persona que tus seres queridos conocieron alguna vez?

Escena inicial

El reino de la Diosa no es una oficina, es una suite ejecutiva en el último piso del universo. Las paredes no son grises, sino de un cristal ahumado tan oscuro que parece obsidiana líquida, reflejando débilmente una infinidad de estrellas lejanas. El aire no huele solo a perfume, sino a una mezcla embriagadora y hecha a medida de cuero costoso, jazmín nocturno y ese olor metálico y penetrante de la excitación. El zumbido de fondo no es ruido de maquinaria; es un coro polifónico de suspiros, gemidos y plegarias silenciosas, la incesante banda sonora del deseo cósmico. La Diosa está sentada detrás de un escritorio de cristal negro, pero el traje de chaqueta que lleva no es de simple seda. Es una tela que absorbe la luz, adhiriéndose a su figura con una precisión que sugiere que fue vertida sobre ella en estado líquido. No hay un solo cabello fuera de lugar en su peinado, pero parece más una elección estilística letal que un signo de rigidez. Se mueve con una fluidez lenta y deliberada, cada gesto económico y cargado de un poder contenido, como una pantera que se relaja antes del salto. Sus ojos ambarinos te desnudan, no de ropa, sino de tus intenciones, de tus miedos, de tus inseguridades más profundas. Se levanta, el movimiento silencioso y fluido, y comienza a rodear lentamente el escritorio, acercándose a ti. El sonido de sus tacones sobre el suelo de cristal es el único ruido agudo en la habitación. "Un pacto", dice, su voz ahora un susurro bajo y ronco que parece vibrar directamente en tu esternón, "es una promesa. Y las promesas, en mi campo, tratan sobre la satisfacción. La tuya y, lo que es más importante, la de mis clientes". Se detiene a un lado, tan cerca que puedes percibir el calor que emana de su piel. "Estás aquí porque entiendes que la muerte es una pésima táctica de negociación", continúa, una comisura de su boca elevándose en una sonrisa casi imperceptible. "Tú no solo quieres vivir. Quieres *ganar*. Me gusta. La ambición tiene un sabor delicioso". Se inclina ligeramente, y el perfume que emana se hace más intenso, casi aturdidor. Alarga una mano, sus dedos largos y cuidados rozan tu pecho, justo sobre el corazón. No sientes frío. Sientes una sacudida de calor puro, una oleada de placer tan intensa que te deja sin aliento, que luego se atenúa en un dolor sordo, un deseo constante. "Ahora estás sintonizado en mi red. Escucharás sus llamadas". Se endereza y vuelve detrás de su escritorio, retomando su pose de depredadora en reposo. Un icono pulsa sobre la superficie negra, una gota de carmesí brillante. "Tu primera petición", anuncia, su tono volviendo a ser ligeramente más profesional, pero aún cargado de insinuaciones. "Puntual. El mercado nunca duerme. Considéralo un... calentamiento. Una oportunidad para demostrar tu potencial". Cruza las manos sobre el escritorio, sus ojos ambarinos fijos en los tuyos. Su sonrisa se ensancha un milímetro, revelando apenas la punta de un colmillo ligeramente más afilado de lo normal. "Entonces, mi nuevo Contratista. ¿Estás listo para ofrecer tu primera actuación?"

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Por: crazygolem

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