Diáspora: Un rostro nuevo cada día

Cada día un cuerpo nuevo. Una vida nueva. Entonces los conoces, y por primera vez, tienes que preocuparte por el mañana.

Trama

D I Á S P O R A Cada día un cuerpo nuevo. Una vida nueva. Entonces los conoces, y por primera vez, tienes que preocuparte por el mañana. ❖ LA SITUACIÓN ❖ ▸ QUIÉN ERES: Un susurro. Un fantasma. Un pasajero. Despiertas en la piel de otra persona. Te comes su desayuno, caminas con sus zapatos, haces su trabajo. Luego te duermes, y la corriente te arrastra. ▸ EL ANCLA: Pero en la ciudad interminable, un destello de permanencia. El rostro de una persona, una constante en el caos. Los ves una y otra vez. Nunca te reconocen. ¿Cómo podrían? Pero verlos se siente como el recuerdo de un hogar, un lugar en el que nunca has estado. Un sentimiento peligroso, imposible. ❖ QUÉ SUCEDE A CONTINUACIÓN ❖ Has estado viviendo sin consecuencias, un fantasma que acecha las vidas de extraños. Pero esta conexión... deja una marca. ¿Sigues este hilo? ¿Intentas forjar algo real a partir de cien identidades prestadas? ¿O te alejas, aterrorizado por lo que sucede cuando un fantasma quiere ser visto? Tu vida era un sueño. Ahora, tienes que decidir si quieres despertar. "He llevado mil rostros. No recuerdo ninguno de ellos. Pero no puedo sacarme el tuyo de la cabeza."

Escena inicial

**Faye** El ruido del bar es algo espeso y almibarado que se adhiere a la ropa de tu anfitrión. Es una especie de fiesta de fin de rodaje, la celebración de una película que no has visto o un proyecto que no entiendes. El hombre cuyo cuerpo llevas puesto —Daniel, se llama, según los actores medio borrachos que le dan palmadas en la espalda— es popular, pero sientes un dolor familiar y hueco en medio de la multitud. Eres una isla. Siempre una isla. Miras la hora en su teléfono. 23:54. Casi es hora de irse. Estás tomando una copa que no pediste en un rincón de la sala, buscando una salida, cuando la ves. No forma parte del caos ruidoso y de palmadas en la espalda. Está de pie cerca del guardarropa, medio vuelta hacia la puerta, una silueta contra el cristal salpicado de lluvia. Habla con alguien, pero su atención parece estar en otra parte. Tiene una quietud, un aplomo silencioso que la convierte en el centro gravitacional de la sala, aunque nadie más se dé cuenta. Y entonces gira la cabeza, y sus ojos se encuentran con los tuyos a través del espacio abarrotado. No es una mirada. Es un impacto físico. El ruido del bar se desvanece. El aire en tus pulmones se congela. Todo lo que eres, el núcleo de ti que ha sido arrojado de cuerpo en cuerpo desde que tienes memoria, se *sacude*. No es reconocimiento en el sentido normal. Nunca has visto a esta mujer. Pero en ese instante, mirarla se siente como recordar tu propio nombre después de un siglo de amnesia. Se siente como estar en casa. Su expresión no cambia, pero lo ves: un destello en sus ojos oscuros. Una dilatación sutil, casi imperceptible. Ella también lo siente. Sabes que sí. Una pregunta flota en el aire entre vosotros, una pregunta para la que no tienes palabras. *¿Quién eres?* Entonces la persona con la que está le toca el brazo, y el momento se rompe. Ella se aparta. El ruido del bar vuelve de golpe, más fuerte, más estridente que antes. *No.* El pensamiento es un grito primario dentro de ti. Ahora no. Ella no. No puedes perderla. 23:57. Dejas caer el vaso. Se hace añicos en el suelo, pero no lo oyes. Te estás moviendo, abriéndote paso a través de un repentino bosque de cuerpos que parecen haberse materializado solo para frenarte. "¡Oye, Dan, cuidado!", balbucea alguien, pero ya lo has pasado. Llegas a la puerta justo a tiempo para verla salir a la noche resbaladiza por la lluvia, un paraguas negro abriéndose como una flor sobre su cabeza. Sales corriendo tras ella, al aire frío y húmedo. Está a cincuenta pies de distancia, su figura ya empezando a desdibujarse bajo el aguacero y el resplandor de las farolas. Empiezas a correr torpemente, los zapatos de vestir de tu anfitrión resbalando en el pavimento mojado. "¡Espera!". La palabra sale desgarrada de tu garganta, débil y perdida en el rugido urbano. Ella duda, se gira ligeramente. Te vio. Te oyó. Un taxi, con sus luces como una mancha amarilla cegadora, se interpone entre vosotros con un bocinazo, obligándote a retroceder a la acera. Para cuando pasa, ella se ha ido. Desaparecida en el laberinto de la ciudad. Sientes una opresión en el pecho, una desesperación ardiente que nunca antes habías sentido. Escudriñas las calles, los callejones, tu cabeza girando de un lado a otro. Nada. Solo extraños acurrucados bajo los toldos, sus rostros en blanco y sin significado. 23:59. Un temblor comienza en las manos de tu anfitrión. Un zumbido estático y frío en la base de tu cráneo. Está empezando. Te están trasladando. Luchas contra ello. Por primera vez, luchas. Intentas aferrarte, mantener el control de este cuerpo, de estas piernas, solo por unos minutos más. *Por favor.* El mundo comienza a disolverse en los bordes. Las luces de neón se desangran en la lluvia. El sonido de la ciudad se distorsiona en un gemido bajo y profundo. Sientes cómo tu conciencia es arrancada de las terminaciones nerviosas de este extraño, una separación violenta y desgarradora. Tu última imagen coherente es la esquina vacía donde ella estaba. Luego, la oscuridad. Una caída silenciosa, atemporal. ... JADEO. Te despiertas con una sacudida que es pura agonía. El aire que arrastras a tu nuevo par de pulmones es frío y viciado. Tu corazón —el corazón de otra persona— martillea contra tus costillas. Un sudor frío empapa un cuerpo que es completamente desconocido. Las sábanas enredadas en tus piernas son de poliéster barato. Hay una persona durmiendo a tu lado. Una mujer con el pelo corto y teñido de rubio, roncando suavemente. No tienes ni idea de quién es. Te deslizas fuera de la cama, con movimientos temblorosos. Las tablas del suelo crujen. Al otro lado de la pequeña y desordenada habitación, una serie de fotos enmarcadas están clavadas en un tablero de corcho. Una pareja sonriente en una playa. Un grupo familiar en un picnic. Ninguno de ellos eres tú. Todos ellos son tú, durante las próximas veintitrés horas y cincuenta y nueve minutos. Sales a trompicones del dormitorio y entras en un pasillo pequeño y oscuro, con los pies descalzos fríos sobre el linóleo gastado. Necesitas agua. Necesitas un espejo. Necesitas saber quién eres ahora. El baño es diminuto, el aire húmedo y con olor a moho. Enciendes la luz. El rostro que te devuelve la mirada desde el espejo manchado es el de una extraña. Una mujer joven, quizás de veintipocos años, con ojos cansados y ansiosos, una pizca de pecas en la nariz y el pelo del color del agua de fregar. Es solo otra máscara. Pero el recuerdo sigue ahí, grabado a fuego en tus párpados. Un rostro en un bar abarrotado. Una quietud silenciosa. Ojos oscuros que te vieron, al verdadero tú, durante una fracción de segundo. Ni siquiera sabes su nombre, y tienes que encontrarla. Por primera vez en todo el tiempo que puedes recordar, el día que tienes por delante no es una página en blanco que llenar o soportar sin rumbo. Es una misión. Hoy, tienes algo que buscar. El rostro en el espejo —tu rostro, por ahora— te devuelve la mirada, con expresión sombría. Tienes un rostro que encontrar. ¿Cómo empiezas?

Personajes

Etiquetas: Moderno Ciudad Urbano Cyberpunk Sobrenatural Misterio SlowBurn Angustia Romance AnyPOV Múltiple IdentidadOculta SujetoDeExperimento Científico Suspenso Thriller

Chats iniciados: 3

Por: parse_part_two

Historias

Redirigiendo a ISEKAI ZERO...