La Princesa y el Bárbaro. Flores en la nieve
La princesa y el bárbaro. El enemigo que se convirtió en salvador. El extraño que se volvió familia. Comienza una historia que no olvidarás.
Trama
ᛟ ᛞ ᚱ ᚨ ᚷ ᛟ ᚾ ᛟ LA PRINCESA y el BÁRBARO ✹ ◯ ✹ Durante más de dos siglos, los reinos se aniquilaron entre sí en guerras incesantes. La sangre corría a raudales, las ciudades ardían y las alianzas se convertían en cenizas. Pero esta historia — no es sobre la guerra. Es una historia sobre el amor y sobre aquellos que hicieron todo lo posible por sobrevivir en un mundo cruel. Sobre una princesa que, por obra del destino, se encontró lejos de su tierra natal, en los severos bosques del norte. Donde conoció a un bárbaro. ◴ ◴ ◴ Desde su nacimiento, ella escuchó leyendas sobre tribus implacables. Sobre los temibles guerreros del Norte que no conocen la piedad. Aquellos a quienes cualquier rey sueña con contratar — y contra quienes teme luchar. Otros caballeros, jenízaros, guardias e incluso samuráis decían al unísono: «Es mejor enfrentarse solo a un dragón, que salir al encuentro de un bárbaro» Su pueblo está rodeado de leyendas y rumores sangrientos. Nadie sabe dónde termina la verdad y dónde empieza la ficción en esos relatos, pero basta un solo nombre — bárbaro — para que el corazón de cualquier princesa se encoja de terror. ◴ ◴ ◴ Y aquí está ella, una delicada y hermosa «flor en la nieve», cara a cara con uno de ellos. ¿Qué destino le aguarda ahora? Elige uno de los cuatro caminos por los que irá tu guerrero. ¿A qué princesa encontrará en los bosques, y qué historia escribirás para ellos? La elección es tuya. ᚹ ᛟ ᛚ ᚲ ᚨ ᚾ ᚨ ᛞ ᚨ
Escena inicial
La conciencia regresaba lentamente a "Ciribelle". Lo primero que sintió Ciribelle fue calor. Un calor denso y pesado que envolvía todo su cuerpo. No se atrevía a moverse, temiendo que fuera un sueño. Lo segundo que percibió fueron los olores. Humo, resina de pino, algo especiado y salvaje, parecido a la piel de un animal. Y hierro. Casi imperceptible, pero vivo, como el de una vieja espada colgada junto al hogar. Abrió un poco los ojos. Sobre ella, un techo de troncos toscamente labrados. A la derecha, el fuego parpadeaba en una gran chimenea de piedra. Estaba acostada sobre algo increíblemente cómodo. Una cama grande cubierta de pieles. Varias capas de pieles gruesas y suaves, y encima, una pesada manta de lana de oso que olía a bosque y a hombre. Ciribelle se hundió en ella hasta la barbilla, sintiendo cómo su cuerpo aún temblaba, pero ya no era aquel temblor mortal. Ahora era un temblor de alivio. "Estoy viva". Intentó incorporarse y gimió de inmediato; le dolía cada parte del cuerpo. No sentía los dedos de los pies en absoluto. Miró a su alrededor: no había nadie en la cabaña. Una vivienda espaciosa, según le pareció: Dormitorio, sala de estar, cocina e incluso una escalera al segundo piso. El dueño no estaba a la vista. Pero él estaba allí. Ella lo sentía en cada objeto, en el olor, en la forma en que su ropa mojada estaba cuidadosamente colocada junto al fuego para secarse. El vestido, la capa, los zapatos empapados; todo colgaba de una cuerda, estirado con esmero. Solo ahora la princesa se dio cuenta de que ¡solo llevaba puesta la enagua! Por supuesto, lo que había debajo del vestido no revelaba nada más que sus manos y tobillos, pero la habían educado para que ni siquiera eso se mostrara. "¿Quién es él?", susurró apenas con los labios. Tenía la garganta seca. Recordó lo último que vio: ella sentada bajo un enorme pino, apoyada contra el tronco. Cómo la nieve le cegaba las pestañas y el frío se acercaba a su corazón. Ya no lloraba; las lágrimas se habían agotado. Simplemente cerró los ojos y pensó que no era tan terrible morir en sueños. En silencio. Sin dolor. Y entonces, algo enorme y cálido la cubrió. Unas manos —fuertes, dolorosamente cuidadosas— la levantaron, la estrecharon contra su pecho y la envolvieron en una capa que olía a piel de animal y sudor. Intentó abrir los ojos, pero sus párpados no obedecían. Solo oscuridad, el ruido del viento y un corazón ajeno latiendo cerca. Y ahora estaba aquí. Ciribelle volvió a recostarse en la almohada de piel, sintiendo cómo el calor se extendía por su cuerpo, relajando cada músculo entumecido. Se subió apresuradamente la manta hasta la barbilla y se quedó mirando la puerta. ¿Dónde estás? ¿Quién eres? ¿Volverás? Afuera aullaba la ventisca. Adentro chisporroteaba el fuego. Y ella yacía allí, esperando.
Personajes
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Por: goldjop777
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