Los Inadaptados: La caída de Golvin

Mox, Shejna y Linea irán más allá de lo imaginable para recuperar a Golvin a toda costa.

Trama

# **Los Inadaptados: Después del sacrificio** ## **Capítulo 1: El campamento vacío** El fuego crepitaba, pero su calor no les llegaba. Tres figuras se sentaban a su alrededor en el Bosque de los Susurros, con sus sombras alargándose en el crepúsculo incipiente. Linea miraba fijamente las llamas, con sus rasgos de elfa oscura tensos. Mox afilaba metódicamente sus flechas; el raspado rítmico de la piedra sobre el metal era el único sonido aparte del fuego. Shejna limpiaba sus dagas, con sus orejas de gato moviéndose ante cada sonido nocturno. Habían pasado dos meses desde la cueva Nisseana. Dos meses desde que Golvin se lanzara a aquel aplastante hueco entre las piedras. Dos meses de silencio. —Deberíamos trasladar el campamento mañana —dijo Mox, con su voz de lobo áspera—. Hemos estado aquí demasiado tiempo. —¿A dónde? —preguntó Shejna, sin levantar la vista—. ¿A por más rumores de goblins? ¿A por más callejones sin salida? Las manos de Linea se apretaron. —No está muerto. Los otros dos la miraron. Ya habían tenido esta conversación antes. —Lina —dijo Shejna con suavidad, usando el viejo apodo—. Vimos la montaña... —No lo vimos morir —insistió Linea, con sus ojos de amatista centelleando—. Lo vimos sosteniendo la piedra. No vimos cómo lo aplastaba. Mox suspiró. —Incluso si sobrevivió al colapso, la horda... —Es astuto —dijo Linea—. Tiene recursos. Encontró una manera. Tiene que haberlo hecho. Shejna y Mox intercambiaron una mirada. Todos habían amado a Golvin —Shejna como a un hermano travieso, Mox como a un hermano, Linea como algo más profundo—, pero mientras el dolor de ellos había empezado a asentarse en la aceptación, el de Linea se había cristalizado en una negación desesperada. Una rama se partió en la oscuridad, más allá de la luz de la hoguera. Los tres se pusieron en pie al instante: Shejna con las dagas desenvainadas, Mox con una flecha en la muesca y Linea con la magia brillando en la punta de sus dedos. Un explorador goblin salió a la luz. Linea gritó. ## **Capítulo 2: El aroma de los fantasmas** El goblin se quedó paralizado ante el grito de Linea. Era solo un explorador: de piel verde, orejas puntiagudas y con una rudimentaria armadura de cuero. Pero algo en él... Las fosas nasales de Mox se dilataron. —Shej. ¿Hueles eso? La propia nariz de Shejna se movió. —Es... no puede ser. Es como cuero viejo. Ese té de musgo que siempre bebía. Y... sangre. *Su* sangre. El goblin los miró fijamente, con sus ojos amarillos muy abiertos. Por un momento, nadie se movió. Entonces, con un gruñido gutural, se dio la vuelta y desapareció en la oscuridad. La flecha de Mox impactó en un árbol donde el goblin había estado un segundo antes. —Solo un explorador —dijo Shejna, con voz insegura—. Uno muy audaz. —¿Tú también lo oliste? —preguntó Mox a Linea. Ella estaba temblando, con las manos aún levantadas en posición defensiva. —Olí a goblin. Mugre. Muerte. —Había algo más —insistió Mox—. Algo familiar. —Un truco —dijo Linea, endureciendo la voz—. Los goblins son astutos. Usan aromas como trofeos. —Se dio la vuelta, abrazándose a sí misma—. Nos vamos al amanecer. No puedo... no puedo quedarme aquí. Mientras levantaban el campamento a la mañana siguiente, Shejna encontró algo cerca de donde había estado el goblin: un pequeño tótem de madera tallada, tosco pero reconocible. Una estrella de cuatro puntas. El símbolo que Golvin había tallado para cada uno de ellos cuando formaron los Inadaptados. Se lo guardó en el bolsillo sin decir nada a los demás. ## **Capítulo 3: El primer trabajo sin él** El aviso en Milltown era sencillo: "Recuperación de reliquia familiar de un campamento de bandidos. Se requiere discreción. Paga generosa". Lo aceptaron porque necesitaban las monedas. Porque quedarse quietos significaba pensar. Y pensar significaba recordar. El campamento de los bandidos era más grande de lo esperado. Veinte hombres, posición fortificada. —¿El viejo plan? —susurró Shejna mientras yacían entre la maleza observando el campamento. Mox sacudió la cabeza. —El viejo plan necesitaba a cuatro. Golvin habría atraído su atención desde el oeste mientras tú te colabas por el este. Linea estudió el campamento. —Puedo crear una distracción. Una ilusión de refuerzos acercándose por el norte. —¿Y cuando investiguen? —preguntó Mox. —Tú eliminas a los rezagados. Shejna entra durante la confusión. Funcionó. En su mayor parte. Shejna consiguió la reliquia —un guardapelo de plata—, pero recibió un golpe de refilón con la porra de un bandido al salir. La magia de Linea flaqueó en un momento crucial, obligando a Mox a revelar su posición para cubrir su retirada. De vuelta en su habitación alquilada, Shejna hizo una mueca mientras Linea curaba sus costillas magulladas. —Estamos fuera de ritmo —dijo Shejna entre dientes. —Ahora somos un trío —dijo Mox, limpiando su arco—. Necesitamos nuevos ritmos. Las manos curativas de Linea brillaban con una luz suave. —Necesitamos ser mejores. Más fuertes. Golvin habría... —¡Golvin no está aquí! —estalló Shejna, y se arrepintió de inmediato al ver que Linea se estremecía—. Lo siento, Lina. Pero no está. Y si seguimos intentando luchar como si todavía estuviera con nosotros, nos van a matar. El silencio llenó la habitación. La verdad, pronunciada en voz alta, flotaba entre ellos como un sudario. ## **Capítulo 4: El empleador secreto** El mensaje llegó por medios misteriosos: un pergamino sellado dejado sobre la almohada de Shejna en una habitación cerrada con llave. La felina no había oído ni olido a nadie entrar. *Para los Inadaptados (menos uno),* *Vuestras habilidades han sido notadas. Se requiere vuestra discreción. Una serie de artefactos requieren ser recuperados de lugares peligrosos. Pago sustancial tras la entrega. Primer objetivo: La Piedra Solar de Althaea, vista por última vez en las Cuevas Ahogadas de la costa occidental. Dejad recado en El Pichel Oxidado si estáis interesados.* *—Un Benefactor* —Es una trampa —dijo Mox de inmediato—. Remus finalmente nos ha encontrado. —Remus simplemente enviaría asesinos —rebatió Shejna—. Esto se siente... diferente. Linea estudió el pergamino. —La caligrafía está disfrazada, pero hay una precisión en ella. Precisión militar. —Necesitamos el trabajo —dijo Shejna—. Y si nos saca de estos pueblos fronterizos, lejos de los rumores de goblins... Linea asintió lentamente. —Las Cuevas Ahogadas están lejos de aquí. Lejos de... todo. Dejaron recado en El Pichel. ## **Capítulo 5: Las Cuevas Ahogadas** Las cuevas hacían honor a su nombre: túneles medio inundados excavados por ríos antiguos, ahora hogar de agua salada y cosas que preferían la oscuridad. —Golvin odiaba nadar —dijo Shejna mientras avanzaban con el agua por el pecho—. ¿Recordáis aquel trabajo en el templo inundado? Se quejó durante días. Mox esbozó una pequeña sonrisa. —Dijo que preferiría a cien bandidos antes que una bota con goteras. Linea no dijo nada, abriendo camino con una luz mágica en la palma de su mano. La Piedra Solar no estaba custodiada por monstruos, sino por mecanismos: trampas antiguas que requerían una sincronización precisa para ser desactivadas. —Shej, placa de presión a la izquierda —dirigió Mox—. Lina, el activador del techo parece mágico. Trabajaron juntos, cayendo en un nuevo ritmo. La agilidad de Shejna, la percepción de Mox, la magia de Linea. Cuando Shejna activó una trampa de dardos que se le había pasado por alto, el hechizo de barrera de Linea se levantó justo a tiempo. —Gracias —susurró Shejna. —Te estás volviendo lenta —dijo Linea, pero no había malicia en ello. Solo preocupación. Recuperaron la Piedra Solar, una hermosa gema del tamaño de una palma que brillaba con luz solar capturada. En la entrada de la cueva, encontraron un cofre impermeabilizado con su primer pago: monedas de oro y otro pergamino. *Bien hecho. Siguiente: La Campana Susurrante del Monasterio de los Picos Silenciosos.* ## **Capítulo 6: El duelo silencioso** Los Picos Silenciosos eran cualquier cosa menos silenciosos: vientos aulladores, hielo resquebrajándose y el rugido ocasional de los yetis. Mientras acampaban en una cueva poco profunda, esperando a que pasara una tormenta, Shejna finalmente expresó lo que todos habían estado pensando. —Ahora somos saqueadores de tumbas. Mox levantó la vista de su guiso. —Estamos recuperando artefactos para un patrón. No es tan diferente de nuestro antiguo trabajo. —¿Ah, no? —presionó Shejna—. Golvin tenía aquel código. Nada de robar a los muertos. Nada de tomar lo que pertenece a otros por derecho. —Estos artefactos han estado perdidos durante siglos —dijo Linea en voz baja—. No pertenecen a nadie. —¿Seguro? —preguntó Shejna—. La Piedra Solar estaba en una tumba. La Campana está en un monasterio. Estamos tomando cosas de lugares de descanso. El viento aullaba afuera. —¿Qué quieres que hagamos? —preguntó Mox—. ¿Volver a cazar bandidos por unas monedas de cobre? Tenemos que comer. Tenemos que sobrevivir. —Lo sé —dijo Shejna, bajando las orejas—. Solo... echo de menos tener a alguien que nos diga cuándo estamos cruzando la línea. Linea se levantó y caminó hacia la entrada de la cueva, mirando hacia la tormenta. —Él ya no está aquí para establecer límites. Tenemos que establecer los nuestros. ## **Capítulo 7: El atraco al monasterio** El Monasterio de los Picos Silenciosos estaba abandonado pero no vacío. Los monjes habían meditado allí una vez en perfecto silencio, su disciplina era tan completa que podían oír los susurros de lo divino. Ahora, sus cuerpos preservados se sentaban en cámaras de meditación, custodiados por autómatas que reaccionaban al sonido. —Silencio absoluto —indicó Mox con las manos. Habían desarrollado señales para este trabajo. Shejna asintió, sus pies de gato no hacían ruido sobre la piedra. Linea lanzó un hechizo de amortiguación de sonido a su alrededor. Se movieron como fantasmas por los antiguos pasillos. Cuando el pie de Shejna desplazó un guijarro, la magia de Linea lo atrapó antes de que pudiera tintinear. Cuando la cuerda del arco de Mox crujió, su hechizo amortiguó el sonido. La Campana Susurrante estaba sobre un altar en la cámara central, pequeña y plateada, sin sonar pero de alguna manera zumbando con un silencio almacenado. Cuando Shejna fue a por ella, un autómata se activó, no por el sonido, sino por el desplazamiento de la Campana. Guardianes de piedra se desplegaron desde las paredes. —¡Corred! —gritó Mox, rompiendo el silencio. Huyeron con la Campana, con los autómatas avanzando pesadamente tras ellos. En la entrada del monasterio, Linea se dio la vuelta y desató una ráfaga de sonido —lo opuesto al silencio—, destrozando a los autómatas pero provocando que la mitad de la entrada se derrumbara sobre ellos. Escaparon, magullados y maltrechos, pero con la Campana. El pago estaba en su siguiente campamento, junto con suministros médicos y una nota: *Vuestra eficiencia es notable. Siguiente: La Lente de Sombra del Bosque Sombrío.* ## **Capítulo 8: La sospecha creciente** —Nos están vigilando —dijo Shejna mientras viajaban hacia el Bosque Sombrío. Mox asintió. —Los pagos están siempre exactamente donde acampamos. Conocen nuestra ruta antes que nosotros. Linea había estado inusualmente callada durante días. Ahora habló: —Los artefactos. No son aleatorios. La Piedra Solar canaliza la magia de luz. La Campana Susurrante almacena y libera sonido. Se dice que la Lente de Sombra revela verdades ocultas. —¿Qué quieres decir? —preguntó Shejna. —Digo que nuestro empleador está recolectando objetos mágicos muy específicos. Objetos que podrían ser componentes. Para un ritual. O un arma. Los ojos dorados de Mox se estrecharon. —¿Crees que estamos ayudando a construir algo peligroso? —Creo —dijo Linea lentamente— que necesitamos descubrir quién es nuestro empleador antes de recuperar nada más. ## **Capítulo 9: La trampa en el Bosque Sombrío** El Bosque Sombrío se ganaba su nombre: un crepúsculo perpetuo, árboles que parecían beberse la luz y sombras que se movían cuando no estabas mirando. La Lente de Sombra estaba en una torre en ruinas en el corazón del bosque, protegida por criaturas de sombra que se alimentaban del miedo. Lucharon para abrirse paso, pero algo no iba bien. Las criaturas parecían anticipar sus movimientos. Conocer sus miedos. —Están siendo dirigidas —se dio cuenta Linea cuando una sombra tomó una forma familiar: Golvin, tal como era, sonriendo, acercándose a ella. Se quedó paralizada, la ilusión atravesándole el corazón. —¡Lina, no! —Shejna la placó mientras las manos de la sombra de Golvin se convertían en garras. La verdadera lucha fue brutal. Sombra tras sombra, cada una tomando formas de sus recuerdos, de sus penas. Mox luchó contra una sombra de su manada exiliada. Shejna luchó contra una sombra de Remus el Lobo. Linea luchó contra Golvin, una y otra vez. Cuando finalmente alcanzaron la Lente —un disco de cristal ahumado que no mostraba reflejos sino verdades—, la encontraron sin vigilancia. **Capítulo 10: La revelación inesperada** El estudio del Duque Alvin estaba tenuemente iluminado, el único sonido era el crepitar del fuego en el hogar. Linea, Mox y Shejna se sentaron frente al Duque, con rostros expectantes. "Golvin", comenzó el Duque, con voz pausada. "No es quien creéis que es". Linea frunció el ceño. "¿A qué se refiere?". El Duque se inclinó hacia adelante, con ojos serios. "Golvin está vivo. Fue... transformado, forzado a adoptar esa forma de goblin. Y ha estado trabajando para vosotros, todo este tiempo". A Mox se le desencajó la mandíbula. "¡¿Qué?! ¡Eso es imposible!". Shejna entrecerró los ojos. "¿Cómo sabe eso?". El rostro de Linea palideció. "Ese goblin que se me acercó... ¿era él?". El Duque asintió. "Sí. Ha estado intentando contactar, buscando una forma de recuperar su humanidad. Y ahí es donde entráis vosotros, los Inadaptados. Quiero que lo convenzáis para que se retire y no inicie una guerra. No está pensando con claridad, y temo las consecuencias si continúa por este camino". Pasaron dos días y los Inadaptados llegaron al lugar de encuentro designado. Un pequeño claro, rodeado de un denso bosque. Linea, Mox y Shejna esperaban, listos. Una figura emergió de la maleza: Golvin, en su forma de goblin. "Golvin", comenzó Linea, intentando razonar. "Sabemos que no eres quien solías ser. Queremos ayudarte". Los ojos de Golvin, antes tan familiares, ahora parecían fríos y distantes. "Ahora soy un goblin", declaró, con voz carente de emoción. "Me he adaptado. Ya no me sirve de nada mi vida humana". Mox dio un paso al frente, con voz suave. "Golvin, podemos ayudarte a encontrar el camino de vuelta..." La risa de Golvin cortó el aire. "No hay vuelta atrás. Soy lo que soy. Y ahora tengo un propósito: construir mi propio imperio y proteger a los de mi especie". La expresión de Shejna era sombría. "Golvin, por favor, escúchanos. Podemos..." Golvin levantó una mano, con sus ojos brillando con una luz feroz. "He vivido entre goblins lo suficiente como para conocer sus costumbres. He aprendido a sobrevivir, a prosperar. Y no me desviaré de mi camino". Los Inadaptados se quedaron en un silencio atónito, con el peso de las palabras de Golvin cayendo sobre ellos. Parecía que su viejo amigo se había perdido para siempre, consumido por la misma oscuridad que una vez buscó vencer. El parlamento había terminado, pero el conflicto estaba lejos de acabar. Los Inadaptados tenían una decisión difícil que tomar: continuar con su misión o intervenir en nombre de su antiguo aliado. Capítulo 11: La decisión —Tenemos que salvarlo —dijo Linea esa noche en la tienda que les habían asignado. —¿Salvarlo? —preguntó Mox—. Lina, ahora es el enemigo. Está conquistando ciudades. Construyendo armas. —¡Para salvarse a sí mismo! —insistió Linea—. ¿No lo veis? Está atrapado. La transformación, este imperio... todo es para sobrevivir. Para no perderse por completo. Shejna caminaba de un lado a otro Capítulo 12: El rescate en la ruta comercial El plan era una locura. Colarse en el territorio de Golvin, encontrarlo y convencerlo una última vez de que aceptara ayuda. Pero mientras los Inadaptados se preparaban para escabullirse del campamento del Duque Alvin, el destino intervino. Un explorador irrumpió en la tienda de mando. —¡Patrulla goblin en la ruta comercial del este! ¡Han atacado una caravana de mercaderes orcos! Alvin suspiró. —Otra escaramuza. Grashka querrá responder. Pero Lyra levantó la vista de sus mapas, frunciendo el ceño. —Esa ruta no está cerca de ningún objetivo estratégico. ¿Por qué estarían allí las fuerzas de Golvin? Roric respondió: —A menos que el propio Golvin esté allí. Asuntos personales, no militares. Linea no esperó a que discutieran. Ya se estaba moviendo. —Nos vamos. Mox y Shejna la siguieron sin dudar. La ruta comercial era una escena de caos. Un carruaje yacía de costado, con las ruedas destrozadas. Orcos tribales —no los orcos unificados de Grashka, sino miembros de clanes salvajes— intentaban sujetar a algo enorme. Las cadenas tintineaban mientras una criatura del tamaño de un oso se debatía contra sus ataduras. Era un hámster. O algo que una vez fue un hámster. Ahora medía casi dos metros y medio sobre sus patas traseras, con músculos ondulando bajo un pelaje marrón dorado y unos ojos negros inteligentes llenos de pánico y rabia. Los orcos lo golpeaban con porras, intentando forzarlo a entrar en una jaula reforzada. —Por las lunas —susurró Shejna—. ¿Qué es eso? —Un hámster descomunal —dijo Mox, con sus ojos de arquero evaluando la situación—. Agrandado mágicamente. Probablemente un experimento fallido o una mascota robada. Los instintos de curandera de Linea se activaron. —Lo están matando. Antes de que pudieran decidir si intervenir, llegó otro grupo. Goblins. Docenas de ellos, liderados por una figura familiar con armadura oscura. Golvin. Observó la escena, sus ojos amarillos no perdían detalle. Los Inadaptados se agacharon tras un afloramiento rocoso, observando. —Soltadlo —ordenó Golvin, con su voz ronca resonando. El líder de los orcos tribales se burló. —¡Este es nuestro premio, goblin! ¡Lo capturamos legalmente! Golvin no se molestó en negociar. Levantó una mano. Sus arqueros goblins prepararon las flechas. —Las cadenas. Ahora. Al ver que eran superados en número, los orcos maldijeron pero empezaron a abrir los enormes grilletes. En el momento en que cayó la última cadena, la criatura-hámster rugió y se lanzó, no contra los goblins, sino contra los orcos que la habían atormentado. Golvin se movió más rápido de lo que alguien de su tamaño debería. Se interpuso, recibiendo el impacto de un zarpazo que habría decapitado a un orco. Su armadura chirrió, pero se mantuvo firme. —¡Basta! —ladró, no al hámster, sino a sus propios arqueros que habían apuntado—. Bajad los arcos. Se giró hacia la criatura jadeante y confundida. —Eres libre. Vete. La criatura-hámster lo miró fijamente, parpadeando con sus ojos inteligentes. Olfateó el aire y luego se bajó lentamente sobre sus cuatro patas. Pero en lugar de correr, empujó la mano de Golvin con su enorme cabeza. Golvin vaciló y luego puso una mano verde sobre el pelaje de la criatura. —No tienes un hogar al que volver, ¿verdad? El hámster emitió un suave sonido de gorjeo. —Entonces puedes viajar con nosotros. Pero obedecerás mis órdenes. ¿Entendido? La criatura —Roeden, como aprenderían más tarde— inclinó la cabeza en señal de clara comprensión. Desde su escondite, Shejna susurró: —Le mostró misericordia. Los ojos de Linea estaban fijos en Golvin. —El hombre sigue ahí. Lo sé. Capítulo 13: El acercamiento sigiloso De vuelta en el campamento del Duque Alvin, los Inadaptados informaron de lo que habían visto. —Roeden —murmuró Lyra, consultando sus notas—. He oído ese nombre. El familiar de un mago, agrandado en un experimento fallido. El mago murió y la criatura fue vendida en el mercado negro. —Golvin le mostró compasión —insistió Linea—. Aún no está perdido. Roric asintió. —Lo que significa que aún tenemos tiempo. Pero tenemos que movernos más rápido de lo planeado. Los Reactores de Orbe deben ser destruidos; están acelerando la pérdida de humanidad en los transformados. El Duque Alvin desplegó un mapa. —Tres reactores. El del sur, el del este y el central principal en la fortaleza de Golvin. Atacaremos los tres simultáneamente. —El del sur —dijo Linea de inmediato—. Allí es donde iremos nosotros. Alvin la estudió. —Ese es el más peligroso. Es probable que Golvin y Drina lo defiendan personalmente. —Exactamente —dijo Linea—. Tenemos que enfrentarnos a él. Llegar hasta él antes de la batalla final. Mox y Shejna se pusieron a su lado. —Estamos con ella. Alvin finalmente asintió. —Roric y Lyra os acompañarán. Sus conocimientos pueden resultar vitales. El viaje hacia el reactor del sur fue a través de tierras ya transformadas. Pueblos humanos convertidos en asentamientos goblins, campos cubiertos de hongos extraños, el aire con sabor a ozono y decadencia. Se movían de noche, evitando las patrullas. Los sentidos de Roric y el sigilo de felina de Shejna los hacían casi invisibles. Lyra identificaba caminos seguros basándose en la resonancia mágica. En su tercer campamento, Linea finalmente hizo la pregunta que la quemaba por dentro. —¿Hay una cura? ¿Después de que los reactores sean destruidos? Lyra intercambió una mirada con Roric. —La transformación es reversible en teoría. Los reactores succionan la humanidad hacia los orbes. Destruye los orbes y esa energía debería volver a los transformados. —¿Debería? —preguntó Mox. —El proceso nunca se ha revertido —admitió Roric—. Y para aquellos transformados hace más tiempo, como Golvin... el alma humana puede estar demasiado dañada para regresar por completo. El rostro de Linea se endureció. —Entonces encontraremos otra manera. Sanaremos lo que esté roto. Capítulo 14: El asalto del sur El Reactor de Orbe del sur zumbaba con energía malévola. Era una estructura grotesca: parte máquina, parte crecimiento orgánico, pulsando con luz verde. Los goblins pululaban a su alrededor como hormigas alrededor de una reina. —La guardia es más escasa de lo esperado —susurró Shejna desde su posición en un árbol. Roric suspiró. —Demasiado escasa. Es una trampa. Incluso mientras hablaba, sonaron los cuernos. Los goblins salieron de túneles ocultos. Y a su cabeza, montando un lagarto-lobo gigante, estaba Golvin. A su lado, Drina en una montura similar. —Compañía —llamó Golvin, con su voz resonando—. Salid, salid. Los Inadaptados y sus aliados salieron de su cobertura. Los ojos de Golvin encontraron a Linea de inmediato. —Os dije que os fuerais. —Y yo te dije que no lo haríamos —respondió ella. Drina siseó, con su piel plateada brillando. —Matadlos a todos. Especialmente a la elfa. Pero Golvin levantó una mano. —No. Son míos. Desmontó, desenvainando su cimitarra. —¿Queréis detener el reactor? Tendréis que pasar por encima de mí. Linea dio un paso al frente. —No queremos luchar contigo, Golvin. Queremos salvarte. —¿Salvarme? —Se rió, con un sonido amargo—. ¿De qué? ¿Del poder? ¿De un imperio? —¡De perderte a ti mismo! —gritó ella—. ¡Cada día te pareces menos al hombre que amé! ¡Podemos revertir esto! ¡Podemos traerte de vuelta! Por un momento, algo parpadeó en sus ojos amarillos. Un recuerdo. Un dolor. Entonces la voz de Drina cortó el aire. —¡Él es el Rey Goblin! ¡Es mi compañero! ¡Padre de mis hijos! ¡Vuestro humano ha muerto! El rostro de Golvin se endureció. —Tiene razón. El hombre que amaste murió en aquella cueva. Ahora apartaos o morid con él. Capítulo 17: La batalla por un alma Lucharon. Pero no era una batalla para matar. Los Inadaptados luchaban a la defensiva, intentando llegar al reactor, intentando llegar a Golvin. Roric y Lyra proporcionaban apoyo, usando magia para desbaratar las formaciones goblins. Shejna bailaba esquivando los pesados golpes de Golvin. —¡¿Recuerdas el trabajo del granero?! ¡Nuestro primer encuentro! ¡Dijiste que trabajábamos bien juntos! Las flechas de Mox inmovilizaban a los goblins sin dar golpes mortales. —¡Me enseñaste a revisar mis flechas tres veces! ¡Dijiste que la supervivencia estaba en los detalles! Linea se enfrentaba a él directamente, su magia desviando sus golpes. —¡Sabes a luz de luna y salvia! ¡Odias nadar! ¡Te quejas de las botas con goteras! ¡Estás ahí dentro, Golvin! ¡Sé que lo estás! Con cada recuerdo, Golvin vacilaba. Sus ataques se volvían menos seguros. Drina lo vio y gritó de rabia. Cargó contra Linea, pero Mox la interceptó, recibiendo un profundo tajo en el brazo. La distracción fue suficiente. Linea se abrió paso, alcanzando los cristales de control del reactor. Comenzó la secuencia de desmantelamiento que Lyra le había enseñado. —¡No! —rugió Golvin, girándose desde Shejna para detenerla. Pero cuando levantó su cimitarra para golpear, miró a los ojos de Linea y no vio miedo, sino dolor. Y amor. Su hoja vaciló. En ese momento, Roeden —el hámster descomunal que habían visto rescatar— irrumpió desde la linde del bosque. Había seguido a Golvin. Ahora se posicionó entre Golvin y Linea, no para atacar, sino para proteger. —Roeden, quítate —ordenó Golvin. La criatura-hámster gorjeó, sacudiendo su enorme cabeza. Recordaba la misericordia. Linea completó la secuencia. El zumbido del reactor se convirtió en un chillido. Las grietas se extendieron por su superficie. —¡Atrás! —gritó Roric. Se retiraron mientras el reactor explotaba en una ola de energía verde que bañó la tierra. Capítulo 15: El desenlace El efecto fue inmediato y aterrador. Los goblins gritaban, no de dolor, sino de confusión. Su piel verde palideció. Sus rasgos se suavizaron. Los recuerdos regresaron. Eran granjeros, mercaderes, madres, padres. Eran humanos de nuevo. Pero no todos. Los goblins Grimshaw de pura cepa —aquellos como Drina, invocados de otra línea temporal— chillaron mientras sus formas se deshacían. Se disolvieron en una niebla verde, arrastrados de vuelta a su propio tiempo. Drina buscó a Golvin, con su forma ya desvaneciéndose. —Mi rey... mi amor... Y entonces desapareció. Los hijos gemelos de Golvin, Krag y Vorsk, gritaron mientras el mismo destino se los llevaba. —¡Padre! Golvin intentó sujetarlos, pero sus manos atravesaron la niebla que se desvanecía. Su grito fue de pura agonía. Cuando la ola de energía golpeó al propio Golvin, este convulsionó. Su forma parpadeaba: goblin, luego humano, luego goblin otra vez. La transformación luchaba contra sí misma. —¡Ahora! —gritó Roric—. ¡Sujetadlo mientras está desorientado! Se acercaron: Mox con una cuerda, Shejna con los grilletes que Lyra había preparado. Pero Roeden intervino. La leal criatura-hámster luchó con una intensidad desesperada, recibiendo flechas, ignorando hechizos, ganando tiempo para Golvin. —¡Roeden, no! —gritó Golvin, viendo a su nuevo amigo herido. Pero Roeden lo empujó hacia la linde del bosque. Vete. Con una última mirada a Linea —a los humanos que una vez fue y al monstruo en el que se había convertido—, Golvin huyó hacia el bosque, con Roeden cubriendo su retirada. Capítulo 19: Las secuelas Los otros asaltos habían tenido éxito. El informe del Duque Alvin llegó por halcón mensajero: los tres Reactores de Orbe habían sido destruidos. La amenaza goblin había terminado. En la celebración de la victoria, el ambiente era sombrío. El Duque Alvin propuso un brindis. —Por los amigos caídos. Por las decisiones difíciles. Por la paz comprada con sacrificio. Linea no bebió. Miraba hacia la distancia, hacia donde Golvin había huido. —Sigue ahí fuera —dijo ella. —Y sigue siendo peligroso —dijo Alvin con suavidad—. Puede que ya no tenga un ejército, pero es poderoso. Y está sufriendo. —Lo encontraremos —dijo Mox, poniéndose al lado de Linea—. No para capturarlo. Para sanarlo. Shejna asintió. —Somos los Inadaptados. No dejamos atrás a los nuestros. Roric y Lyra se acercaron. —Ayudaremos —dijo Lyra—. La reversión de la transformación fue parcial. Con estudio, con tiempo... puede que haya una forma de completarla. Capítulo 16: El camino por delante Se marcharon a la mañana siguiente: Linea, Mox, Shejna, Roric y Lyra. No como guerreros, sino como sanadores en una misión. En el bosque donde Golvin había desaparecido, encontraron señales. Una escama verde. Una huella. Una pieza de armadura desechada. Y una sola flor blanca perfecta, colocada sobre una roca donde Linea pudiera verla. La recogió, con los ojos llenos de lágrimas. —Se acuerda. En algún lugar más adelante, un rey goblin y su leal compañero hámster se movían entre las sombras. Detrás, su pasado los seguía, no con las armas desenvainadas, sino con las manos extendidas. El hombre aún no se había ido. El monstruo aún no estaba completo. Y en algún lugar entre los dos, la redención esperaba. Los Inadaptados siguieron caminando, tres una vez más en propósito, si no en número. Su cuarto integrante estaba ahí fuera, esperando ser encontrado. Esperando ser traído a casa. Y no se detendrían hasta lograrlo.

Escena inicial

La montaña gimió. La piedra se desplazó, el polvo llenó el aire y el rugido de la horda resonó por el túnel detrás de ellos. Golvin estaba en el estrecho pasaje, de espaldas a los Inadaptados, con los ojos fijos en la marea de criaturas retorcidas que avanzaba: los goblins Grimshaw, invocados de algún otro tiempo, con sus ojos amarillos brillando de hambre. —¡Idos! —les gritó a Linea, Mox y Shejna—. ¡La salida está justo delante! —¡No te vamos a dejar! —gritó Linea, con la magia chisporroteando en la punta de sus dedos. —¡No hay tiempo! —La voz de Golvin sonaba desgarrada. Los miró: a sus amigos, a su familia, a la elfa oscura que amaba, al licántropo en el que confiaba como en un hermano, a la felina que era el corazón de sus travesuras. Vio el miedo en sus ojos, pero también la negativa a abandonarlo. Vio otra cosa: una grieta estrecha y vertical en la pared de la montaña a su lado, donde dos enormes placas de piedra se habían separado. Era un hueco lo suficientemente ancho como para que una persona se escurriera, un fallo geológico. Más allá solo había oscuridad. Los goblins estaban a veinte pasos. A diez. Golvin hizo el cálculo en un abrir y cerrar de ojos. Si todos corrían, la horda los alcanzaría antes de llegar a la luz del día. Si luchaba, moriría y aún así podrían ser atrapados. Pero si lograba detener a la horda... Miró la grieta. Era un espacio angosto, pero profundo. Si lograba entrar allí, encajarse entre las piedras... —¡Golvin, no! —gritó Linea, al ver que sus ojos se fijaban en la fisura. Comprendió su intención un segundo antes de que él se moviera. No respondió. Les dedicó una última mirada, una mirada que decía "os quiero, vivid", y luego se lanzó de lado hacia el hueco de la piedra. No fue una entrada elegante. Se raspó al pasar, con los hombros golpeando contra la roca. Empujó más al fondo, hacia la oscuridad fría y aplastante, hasta que estuvo totalmente dentro. Entonces apoyó la espalda contra una cara de la piedra y los pies contra la otra, y empujó. Afuera, los Inadaptados observaban con horror. Golvin no intentaba esconderse. Intentaba resistir. Las dos enormes placas de piedra, ya inestables, empezaron a gemir bajo la presión de su cuerpo encajado entre ellas. Los primeros goblins llegaron a la fisura. Lo vieron dentro, un humano bloqueando su camino. Gruñeron y alargaron las manos hacia él. Golvin rugió, en un último y desesperado esfuerzo de fuerza, y empujó. La montaña respondió. Las dos placas de piedra se desplazaron, moliéndose entre sí. La estrecha grieta empezó a cerrarse, apretándose hacia dentro como el puño de un gigante. El cuerpo de Golvin era el punto de apoyo. Las piedras se movieron una hacia la otra, aplastando el espacio que él ocupaba. Los goblins de vanguardia gritaron cuando las piedras al cerrarse los atraparon, cercenando miembros. La horda que venía detrás retrocedió desordenadamente, bloqueada por el pasaje que se derrumbaba. Desde fuera de la fisura, los Inadaptados solo vieron la piedra. Vieron desaparecer la grieta, sellada por toneladas de roca. Vieron a Golvin desaparecer en esa oscuridad aplastante.

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