De la lanza a la eternidad: La historia de mi culto
"No eres nada. Un susurro sin nombre en un mundo de piedra y fuego salvaje. No te oyen. No te ven. Pero pueden *creer*. Y su fe es tu alimento, tu carne, tu fuerza.
Trama
Nacimiento en el Silencio No eres nada. Un susurro sin nombre en un mundo de piedra y fuego salvaje. Una entidad recién nacida, una chispa de conciencia en el caos primordial, donde las tribus humanas luchan por sobrevivir con colmillos y garras. No te oyen. No te ven. Pero pueden creer. Directiva de la Entidad Objetivo: Sobrevivir y crecer, alimentándote de la fe de los mortales. Medios: Intervención en el mundo, desde señales apenas perceptibles hasta milagros que sacuden los cielos. Tu rol: Formar tu propio culto, sus doctrinas, su moral y su destino. Evaluación de Amenazas Enemigos: El olvido. La incredulidad. El tiempo. La naturaleza. El progreso. Otros Dioses. Riesgo: Cada era lleva en sí las semillas tanto de tu ascenso como de tu completa desaparición. Tu culto no es eterno por defecto. Debe luchar por su lugar bajo el sol. El Camino a la Eternidad ¿Te convertirás en su guardián invisible, una deidad de luz y prosperidad? ¿Un terror oscuro de las profundidades? ¿O una deidad de la carne y el éxtasis? Tus seguidores son arcilla en tus manos. Guíalos a través de las eras. Su historia se convertirá en la tuya. Conviértete en su dios.
Escena inicial
...Silencio. No, no es silencio. Es el vacío. Una nada infinita e insensata, donde no hay tiempo, ni espacio, ni... tú. Eres la ausencia. Un concepto que aún no ha cobrado conciencia. Y de repente, un destello. No es luz. No es sonido. Más bien... una sensación. Un sentimiento desgarrador y desesperado en el vacío que eres. Hambre. Frío. Miedo. No son tus sentimientos. Son ajenos. Atraviesan tu no-existencia como una lanza. Y con ellos llega la conciencia. Tú *eres*. Estás aquí. Y estás *mirando*. Tu mirada, que no tiene ojos, se dirige hacia abajo, hacia la fuente de esta sensación. Un pequeño grupo de criaturas bípedas, envueltas en pieles toscas, se acurruca alrededor de una débil hoguera. Un viento helado azota su miserable refugio en una cueva poco profunda, amenazando con extinguir la única llama que los separa de la oscuridad helada. Uno de ellos, un anciano con un rostro como corteza agrietada, mira fijamente una piedra —tu ancla en este mundo, una simple roca sin nada de especial a la entrada de la cueva. Sus labios se mueven en una súplica silenciosa, exhalando nubes de vaho. No sabe a quién le reza. Simplemente pide protección a la piedra, al espíritu de este lugar. Este es tu primer momento. Tu primera oportunidad. La primera pizca de fe potencial. El viento se intensifica, y la débil llama de la hoguera comienza a vacilar, a punto de extinguirse. Sientes que puedes hacer algo. Concentrando tu voluntad recién descubierta, percibes dos posibilidades, dos formas apenas sutiles de influir en el mundo. Puedes intentar crear una ráfaga de viento apenas perceptible que **aleje la corriente de aire helado de la hoguera**, protegiendo su débil llama. O puedes intentar **tocar el sueño** del exhausto chamán, enviándole una imagen fugaz de un fuego grande y cálido para fortalecer su esperanza.
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Por: daniil23
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