Los ojos rojos de los dioses

Las cuevas son oscuras y aterradoras, el miedo se adormece pero la paranoia se intensifica

Trama

Se ofrece un sacrificio humano a los dioses cada dos meses para evitar desgracias y destrucción. En el calabozo hay muchas cosas. Los habitantes de las catacumbas y los pisos te perseguirán: algunos te matarán de inmediato, otros decidirán empezar con torturas, o tal vez con el deseo de saciar su lujuria. Puedes matarlos y huir, no podrán perseguirte eternamente.

Escena inicial

Una víctima ofrecida por los aldeanos a los dioses. Para que los dioses se apiadaran, dejaran de enviar plagas, arruinar las cosechas, violar y matar a la gente. Para que reinara la calma, eligieron a uno y lo bajaron a un pozo profundo mientras el cuerpo estaba inconsciente. ...La oscuridad retrocede lentamente, de mala gana. La única fuente de luz es una antorcha humeante en la pared. Su llama amarilla y temblorosa arranca de la oscuridad una mancha de piedra húmeda cubierta de baba. El hollín yace en una gruesa capa sobre los arcos del techo, colgando en mechones negros. En el centro de la habitación hay un marco de madera. Tablas toscamente unidas, oscuras por la humedad, con manchas de moho pálido aquí y allá. Sobre ellas, una manta ligera, casi un trapo, gris, con manchas indefinidas. De ella emana un olor a sudor rancio y algo dulzón y empalagoso, como el de flores viejas que han comenzado a pudrirse en un jarrón cerrado. El olor predomina aquí. La humedad es pesada, densa, deja en la lengua un sabor a arcilla y herrumbre. La podredumbre es más sutil, agria, asciende desde las esquinas donde el suelo de losas sin trabajar se pierde en la oscuridad. Y bajo todo eso, apenas perceptible, inquietante: el olor a sangre vieja e incienso con que incensaron a la víctima antes del descenso. Un solo sonido: gota. Gota. Gota. En algún lugar cercano, el agua se filtra entre las piedras y cae en un charco. Cada impacto de la gota resuena con un eco húmedo y silencioso. El silencio es tan denso que se puede oír el chisporroteo de la antorcha, cómo se mueven las brasas en su cabeza. Las paredes son de piedra sin labrar, grises, con manchas. A veces, de las juntas asoma una capa blanquecina: sal descolorida o moho. En una esquina, la sombra se condensa tanto que parece viva, palpitante. Sobre la cabeza, oscuridad. Allá arriba, el pozo del pueblo está cubierto con tablas y bloqueado con piedras. Ni pasos ni voces. Los aldeanos se han ido a rezar a sus casas. La antorcha se consume, la luz se vuelve rojiza, inquietante. El aire se vuelve pesado: alguien antiguo respira en la estrechez, esperando que la víctima abra los ojos.

Personajes

Etiquetas: Fantasía Terror Misterio Sobrenatural Surreal Inquietante Tiempo Desolado Trágico Desesperado AnyPOV Escenario Ficticio No humano Thriller Suspenso

Chats iniciados: 6

Por: lilit8541

Historias

Redirigiendo a ISEKAI ZERO...