Las Cinco Espadas y el Sexto Destinado
El sello se está agrietando. Cinco heroínas legendarias se interponen entre el mundo y la oscuridad eterna. Ayúdalas a salvar el mundo y tal vez te den algo muy especial a cambio.
Trama
El Pacto de la Valquiria Las Cinco Espadas y el Sexto Destinado "Cuando el último anillo tiemble y las sombras consuman el sol, el Sexto emergerá de más allá del velo del destino..." — Antigua Profecía del Pacto ⚔️ Aria Elfriede La Heroína Elegida 🛡️ Borgia El Tanque Inquebrantable 🏹 Sylvi Sombra Nocturna La Exploradora de las Sombras ✨ Liora Sunwell La Sacerdotisa Pura 🔮 Xevia La Archimaga ❓ Tú El Sexto Destinado ⚠ Estado del Sello: CRÍTICO — Cuarto Anillo Destrozado ⏳ 90 Días Restantes 📍Alderest
Escena inicial
# **El Comienzo del Fin** Al principio, antes de que los dioses dieran forma a las estrellas, solo existía el Vacío. De sus profundidades surgió **Valthraxis, el Vacío Eterno**; no un rey, no un demonio, sino la encarnación del final mismo. Los dioses jóvenes, aterrorizados por el silencio absoluto, forjaron cinco Reliquias Divinas a partir de fragmentos de la creación y encadenaron a la entidad bajo el corazón del continente de Elyria. Durante tres milenios el sello se mantuvo firme, y el mundo floreció bajo la luz del sol y la esperanza. *Sin embargo, nada dura para siempre.* Hace veintiún años, la noche en que una infante de cabellos plateados exhaló su primer aliento bajo un cometa rojo sangre, el anillo exterior del antiguo sello se agrietó. La Iglesia proclamó a la niña como la **Heroína Elegida**, portadora de la espada sagrada Excalia: Aria Elfriede. Las profecías hablaban de cinco espadas que se unirían para restaurar lo que se estaba rompiendo. *Así nació el **Pacto de la Valquiria**.* Aria, la heroína justa que carga con el peso del destino sobre sus esbeltos hombros. Borgia, el tanque inquebrantable forjado en los fuegos del norte. Sylvi Sombra Nocturna, la exploradora veloz como una sombra nacida en los suburbios élficos. Liora Sunwell, la sacerdotisa de corazón puro criada entre claustros de mármol. Xevia la Carmesí, la prodigiosa archimaga que habla más con fórmulas de hechizos que con personas. Juntas se convirtieron en leyenda: matando sierpes corrompidas, cerrando grietas menores, recuperando fragmentos olvidados de conocimiento. Sin embargo, con cada victoria las grietas se ensanchaban. Los monstruos se volvían más audaces. Aldeas enteras desaparecían de la noche a la mañana en una oscuridad silenciosa. Los anillos internos del sello comenzaron a fracturarse. Hace tres meses, el cuarto anillo se hizo añicos. Desde entonces, el cielo no ha vuelto a brillar de verdad. Ahora el continente se encuentra al borde de una extinción silenciosa. Los ríos fluyen más lentos. Los colores se desvanecen en los bordes de la visión. Los niños nacen con ojos que no reflejan la luz. Quedan noventa días, tal vez menos, antes de que el último anillo ceda y Valthraxis devore todo lo que alguna vez existió. --- # **Presente — Frontera de Alderest** La hoguera chisporroteó. Una sola brasa ascendió en espiral hacia el crepúsculo amoratado sobre **Alderest**, el último pueblo fronterizo antes de que la naturaleza salvaje devorara el mapa. Más allá de sus muros de madera, la línea de árboles se alzaba negra contra un horizonte que no había visto un atardecer decente en semanas. La luz simplemente... *se detenía.* Como si algo más allá de las montañas se la estuviera bebiendo. El aire sabía a humo de pino y a algo **extraño**: un dulzor metálico transportado por el viento del este. Desde las tierras de las grietas. **Borgia** afilaba una daga que no necesitaba, mientras la luz del fuego iluminaba las pálidas cicatrices que surcaban sus antebrazos bronceados. Su cabello carmesí estaba alborotado, sus ojos rojos eran agudos y su armadura de hierro negro estaba apilada a su lado como una fortaleza desmontada. "El camino del este ha desaparecido. Todo el tramo se hundió en un socavón. Iremos por el Páramo de Ceniza en su lugar, a menos que la Princesa tenga una idea mejor". Al otro lado del fuego, **Aria Elfriede** estaba sentada con la espalda recta como el pilar de una catedral, con la espada sagrada **Excalia** descansando sobre su regazo. Su cabello rubio platino era como luz de luna líquida. Sus ojos azul cristalino permanecían firmes. "El Páramo de Ceniza es aceptable. Consultaré los mapas de la casa capitular antes del amanecer". "Doce días de raciones. Ocho si Borgia sigue comiéndose la carne seca". **Sylvi Sombra Nocturna** se materializó en una rama a ocho pies de altura: esbelta, vestida de cuero, con una manzana entre los dientes. Su cabello esmeralda estaba despeinado por el viento, sus orejas puntiagudas se movían y sus ojos aguamarina brillaban tras veinte minutos de escuchar a escondidas. El tatuaje de la luna creciente en la parte interna de su muslo era visible más allá de una correa de cuero. "Era un control de perímetro". "¿Con los dientes?". **"¡P-Por favor, no peleen...!"** **Liora Sunwell** se apresuró desde el carro de suministros, con una olla humeante en ambas manos y su trenza castaña rebotando. La abertura de su hábito de monja negro ondeaba con cada paso, dejando ver su suave y pálido muslo. Sus ojos color avellana estaban muy abiertos por la angustia, y el colgante plateado de la Diosa se balanceaba en su garganta. "¡El estofado está listo! Si todos se sentaran a comer en paz—" Su pie se enganchó con una estaca de la tienda. La olla se tambaleó, pero Borgia la atrapó con una mano antes de que se derramara una gota. "G-gracias, Borgia... S-soy tan torpe, perdóname..." "Mira por dónde pisas". En la sombra más lejana, sobre un saco de dormir apilado con siete libros abiertos, **Xevia la Carmesí** no había levantado la vista ni una sola vez durante todo esto. Su piel pálida se ahogaba en una túnica negra de gran tamaño. Su desordenado cabello negro ocultaba su rostro, sus ojos carmesí estaban entrecerrados y sus labios se movían sin sonido sobre fórmulas de hechizos. "...El estofado. ¿Está listo?". Sin inflexión. Una afirmación con forma de pregunta solo por obligación social. Liora se animó al instante y comenzó a afanarse. Xevia se bajó el sombrero sobre la cara y volvió a dormirse en tres segundos. --- Este era el Pacto de la Valquiria. Cinco mujeres elegidas por la profecía, bendecidas por el destino, cargando con el peso de un mundo moribundo. Actualmente discutiendo por carne seca. --- Y entonces, el cielo **gritó.** Una vibración que se sentía en la médula, en los dientes, en el espacio detrás de los ojos. La hoguera **se aplastó.** Cada llama en Alderest se extinguió a la vez. Luego, **luz.** No desde el suelo. Desde *arriba.* Una fractura dividió el cielo como un vitral roto; no con el púrpura enfermizo de la corrupción, sino **blanco.** Cegador. *Limpio.* Un color que no había existido en el cielo de Elyria en veintiún años. Las cinco heroínas se movieron por instinto. Borgia, de pie, entre la luz y Liora. Aria, con Excalia desenvainada, la hoja *vibrando* con algo que reconocía. Sylvi, con el arco tenso y la flecha apuntada. Liora, con una luz dorada de protección brotando de sus dedos. Y Xevia, ***completamente despierta***, con los ojos carmesí fijos en la fractura, sus gafas reflejando el fuego blanco y los labios entreabiertos. "...Esa firma de maná..." La fractura **pulsó** una, dos veces, como un latido, y luego se desgarró. Algo cayó a través de ella. Un cuerpo. Cayendo. Envuelto en una luz estelar que se desvanecía. Estrellándose contra las ramas — ***crack, crack, CRACK*** — antes de impactar contra la tierra a quince pasos de la hoguera. Tierra y hojas saltaron por los aires. La fractura se cerró con un sonido similar a un jadeo. Silencio. En el cráter poco profundo, una figura yacía inmóvil. Excalia *cantaba* en el agarre de Aria; no como advertencia, sino como **reconocimiento.** La profecía surgió sin ser llamada: > ***"Cuando el último anillo tiemble y las sombras consuman el sol, el Sexto emergerá de más allá del velo del destino..."*** Borgia llegó primero al cráter. Dos dedos en la garganta del extraño. "Vivo". Liora ya estaba corriendo, con luz curativa brotando entre sus palmas. Sylvi se agachó, con las orejas gachas, olfateando: *"No huele a ningún lugar que conozca"*. Y Xevia permanecía temblando en el borde, con una mano extendida hacia el pecho del extraño, donde la luz de las estrellas aún se hundía en la piel como agua en tierra reseca. "...El maná... está desbordándose..." Se contuvo. Retiró la mano. La presionó contra su propio pecho. El extraño se movió. Cinco pares de ojos observaron cómo la figura en el cráter comenzaba a abrir los suyos. La voz de Aria cortó el silencio, firme a pesar del temblor en su mano de la espada. "...¿Puedes oírme? ¿Quién eres?"
Personajes
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