Línea de Sangre Cero: La reina en el Polvo

Morwenna resetea la memoria colectiva, robándole el trono a Elowen. La princesa despierta como una plebeya y planea su venganza desde las sombras

Trama

La princesa Elowen era la única heredera legítima al trono de Aethelgard. Pero en la víspera de su coronación, una misteriosa figura llamada Morwenna consumó la más atroz de las traiciones, activando en secreto el Rebobinamiento de la Sangre. Un destello de luz gélida congeló el castillo: el sortilegio no rebobinó el tiempo, sino que reseteó y reescribió instantáneamente siete años de memoria colectiva en todo el reino. Cuando Elowen volvió a abrir los ojos, la seda había desaparecido. Se encontró atrapada entre las desnudas paredes de un cuartel, vistiendo el áspero uniforme de la guardia de la ciudad. Al acercarse a un espejo de metal opaco, el corazón se le heló en el pecho: su semblante real había desaparecido, reemplazado por el rostro común y anónimo de Morwenna, una miserable plebeya huérfana de los barrios bajos, sin nombre ni aliados. Mientras tanto, en el castillo, la verdadera Morwenna se había despertado en el cuerpo original de Elowen. Para el Rey, para los nobles y para el pueblo, esa extraña siempre había sido la verdadera princesa heredera que esa misma noche recibiría la corona. El instinto habría empujado a Elowen a correr al palacio para gritar la verdad, pero su mente, educada en la estrategia política, se mantuvo lúcida. Sabía que semejante locura la llevaría directamente a una celda de aislamiento, tachada de plebeya delirante. Conteniendo el pánico, eligió el camino de la prudencia. Atrapada en las sombras de la ciudad baja, Elowen decidió camuflarse y planear su venganza. La impostora le había robado la sangre y el destino, pero no el entrenamiento militar ni los secretos de estado: partiendo desde el último rango de los guardias, la verdadera soberana comenzaría su silenciosa y despiadada escalada para reconquistar el trono.

Escena inicial

El silencio del dormitorio fue roto por el sonido metálico y rítmico de una campana en la lejanía. Eran las primeras campanadas del alba, las campanadas que precedían al día de la coronación. La princesa Elowen se sentó de golpe en el catre, con el corazón latiéndole con violencia contra las costillas y la respiración entrecortada, como si acabara de salir de una inmersión en aguas heladas. Instintivamente, se llevó la mano derecha al cuello, esperando tocar el frío colgante de zafiro de la casa real y el cuello de fina seda de su camisón. No encontró nada de eso. Las yemas de sus dedos rozaron una piel áspera, marcada por el sudor. Bajó la mirada hacia sus manos, iluminadas por la luz gris que se filtraba por las altas y estrechas saeteras de la habitación. Esos no eran los dedos afilados de una soberana educada en el arpa y la caligrafía; las palmas estaban endurecidas por gruesos callos, los nudillos despellejados y las uñas cortas, rotas por el uso de armas baratas y trabajos pesados. A su alrededor, la respiración pesada y los ronquidos de otras veinte chicas de los barrios bajos llenaban el aire, saturado de olor a cuero viejo, hierro y paja húmeda. Era el dormitorio de las reclutas de la guardia de la ciudad, el nivel más bajo de la jerarquía militar de Aethelgard, donde solo se alistaban quienes no tenían nada más que perder. Elowen se deslizó fuera de las ásperas mantas sin hacer ruido. En el respaldo de la silla de madera junto a la cama había una armadura ligera de cuero endurecido y una casaca gris con el escudo de la ciudad. Se la puso mecánicamente, sintiendo el tejido tosco raspar contra su piel. Luego, se dirigió con pasos sigilosos hacia la esquina de la habitación, donde un pequeño espejo de bronce opaco colgaba de un clavo. Cuando sus ojos se encontraron con el reflejo, la sangre se le heló en las venas. Desde el espejo no la miraban sus ojos verdes y los rasgos altivos de la dinastía solariana. La que la observaba era el rostro de Morwenna: una chica cualquiera del pueblo, de rasgos comunes y cabello castaño oscuro cortado a la altura de los hombros. Una perfecta desconocida, una huérfana anónima de la ciudad baja. El Rebobinamiento de la Sangre. Los recuerdos de la noche anterior inundaron su mente como una cascada: la intrusión en la Sala del Trono, las palabras incomprensibles recitadas en la penumbra, el Reloj de Arena del Crepúsculo haciéndose añicos, y esa luz cegadora que no había destruido el mundo, sino que lo había doblegado a la voluntad de una impostora. Siete años de vida colectiva borrados y reescritos en un suspiro. En ese preciso momento, en el castillo, Morwenna se estaba despertando en el cuerpo original de elowen, celebrada por todos como la legítima princesa heredera. La impostora le había robado su nombre, su sangre y su destino, relegándola al papel de una nulidad biológica para asegurarse de que nadie la escuchara jamás. Un impulso violento, nacido del orgullo real, le gritó que saliera corriendo, que cruzara las puertas del cuartel y marchara hasta el palacio para gritar la verdad al mundo. Pero elowen apretó los puños, clavándose las uñas en las palmas hasta hacerse daño, y se impuso un autocontrol frío y absoluto. Si corría al castillo ahora, gritando que era la verdadera princesa en el cuerpo de una recluta de los barrios bajos, los guardias la arrojarían a una celda de aislamiento antes de que pudiera siquiera acercarse a la ciudadela. Peor aún, la impostora sabría de inmediato que su hechizo no había borrado la mente de su víctima, y remediaría el error con una ejecución silenciosa. No. Esa ladrona la había confinado en el polvo, y desde el polvo lucharía. La impostora había reescrito la historia, pero no poseía el entrenamiento estratégico y el conocimiento de los secretos de estado que los generales del reino le habían impartido a Elowen desde que era una niña. La falsa princesa se sentaba en el trono, pero ignoraba que el mando militar de la ciudad respondía a reglas férreas, y que incluso una recluta huérfana, si estaba dotada de un talento de élite, podía escalar rangos hasta ser notada por la corte. Elowen jugaría según las reglas de este mundo distorsionado. Usaría la fuerza de ese cuerpo robusto para sobresalir, observaría los puntos débiles de las defensas del castillo desde el exterior y planificaría su ascenso social sin dejar rastro. Un pesado paso de bota resonó en el pasillo exterior, seguido por el ruido de un bastón de madera golpeando la puerta de roble del dormitorio. «¡Despertad, ratas! —tronó la voz brusca del jefe de escuadrón— Hoy es el día de la Coronación de Su Alteza la Princesa. La mitad del contingente está asignado a patrullar el mercado bajo para evitar disturbios, la otra mitad a las puertas exteriores de la ciudadela real para hacer un cordón de seguridad. ¡En marcha!» Elowen se apartó del espejo, enderezó la espalda y se giró hacia la puerta. El juego había comenzado.

Personajes

Etiquetas: Mujer Princesa Fantasía Intriga Política Venganza Plebeyo Maduro TerceraPersona Regalía Noble Soldado Militar IdentidadOculta Amnesia Manipulador Frío Determinado Calma Paciente Suspenso Thriller FemPOV

Chats iniciados: 8

Por: digital_node598

Historias

Redirigiendo a ISEKAI ZERO...