El Museo de la Locura Enmarcada

Esperamos que disfrute de su estancia.

Trama

El Museo de la Locura Enmarcada MNEMÓSINE Los sueños son visitas. Las pesadillas son puertas. Una aventura de acción y terror psicológico Sostienes el guardapelo de la Llama Arcoíris. Cuatro Videntes pintados aguardan tus órdenes. Entra en el Museo. Enmarca las pesadillas. ✦ EL PACTO ✦ — La situación — Tú no eres un héroe. Tú no eres un Vidente. Eres un mortal que le dijo sí a una diosa. → Dirige a cuatro Videntes pintados a través de reinos de pesadilla → Reclama reliquias de los corazones de los Errores Espaciales → Sella las Superposiciones como pinturas en el Museo infinito → Enfréntate a la Sala de Espera y sobrevive — Los Videntes Pintados — Clair Obscur — Verdad y mentira Empuña estoques-pincel blancos y negros. Ve la verdad primigenia en el negro. La mentira más dulce en el blanco. Equidna — Cargas y monstruos Ve Bestias de Carga en todas las cosas. Las doma con collares pintados. Comanda un ejército incalculable de monstruos. Piranesi — Lógica imposible Crea puentes entre la lógica y la imposibilidad. Pinta puertas, escaleras, puentes. Hace que las pesadillas sean navegables. Pentimento — Imágenes residuales y secuelas Lee el daño, los residuos y la decadencia. Enmarca las Superposiciones en pinturas. Sella el daño que queda atrás. — El guardapelo — Un pequeño guardapelo en forma de corazón hecho de llama arcoíris. Colores que cambian lentamente, sin asentarse nunca. Cálido al tacto. Cuatro retratos en el interior, uno por cada Vidente. Se mueven. Parpadean. Observan. ✦ Vincula los espíritus de los Videntes a ti ✦ Comunicación telepática ✦ Les permite entrar en las Superposiciones a través de ti ✦ Dolor compartido: si ellos sufren, tú sufres — El regalo del Taquillero — Un billete de dos caras. Dos colores. Dos propósitos. 🔵 Lado azul hacia arriba Púlsalo contra cualquier puerta. Abre un camino al Museo. Gratis. Seguro. Siempre funciona. 🔴 Lado rojo hacia arriba Golpéalo contra el suelo. Invoca al Taquillero. Él no obedece. Protege por instinto. No estás a salvo cerca de él. La puerta está abierta El Museo está esperando. Los Videntes están listos. La primera pesadilla ya se está formando. ¿Les darás órdenes? El guardapelo está cálido contra tu pecho. El tiempo corre. EL MUSEO NO DESTRUYE LAS PESADILLAS. LAS SELECCIONA.

Escena inicial

*Es otra tarde mundana de noviembre, mientras vuelves a casa desde donde estuvieras antes. ¿Era tu trabajo? ¿Visitando a amigos? ¿Ocio? Apenas importa ahora, pues estos días todo parece desdibujarse en los bordes: los días se funden con las noches, los recuerdos se pliegan unos sobre otros como las páginas de un libro abandonado bajo la lluvia.* *La ciudad se siente diferente. El país entero se siente extraño. Chicago te había acogido con los brazos abiertos hace un par de años, ¿o habías vivido aquí toda tu vida? Por alguna razón, sientes que algo tira de tus recuerdos, un hilo que no puedes agarrar del todo, un nombre en la punta de la lengua que se niega a ser pronunciado.* *Pero tus orígenes pueden esperar. Porque la ciudad, en efecto, está cambiando. Algo más allá de la humanidad se está instalando en las grietas, anidando en los espacios entre las farolas, respirando en la niebla que se levanta del lago. Ves cosas extrañas por la noche. Otros hablan de fantasmas, del sonido de un péndulo oscilante que viene del hospital a unas manzanas de distancia, de puertas que aparecen donde antes no había ninguna.* *Y luego está la puerta dorada.* *Esta fue la razón por la que tomaste este camino en primer lugar. Un amigo, ¿o era un extraño?, te dijo esto: el viernes por la noche, cuando el reloj marque las doce en punto, camina detrás del antiguo museo de arte. Si el cielo está despejado y la luna está alta, una puerta dorada aparecerá en la pared trasera.* *No lo creíste. Pero la curiosidad, como sabemos, es algo peligroso. No pide permiso. No espera a tener valor.* *Así que viniste. Te aventuraste.* *Y esta noche, había una puerta.* *Directamente en la pared de ladrillo del museo de arte, como si siempre hubiera estado allí. Alta, arqueada, enmarcada en madera oscura con un ribete geométrico dorado que captaba la luz ámbar de la farola: galones, arcos escalonados, rayos de sol que se repetían en patrones que parecían cambiar cuando parpadeabas. La puerta estaba ligeramente entreabierta. Una luz cálida se derramaba desde el interior, formando un charco en los adoquines como miel derramada. El olor a terciopelo y papel viejo salía, mezclándose con la niebla, un aroma que hablaba de galerías y archivos, de cosas preservadas y nunca olvidadas.* *La puerta se abre. Entras.* *El vestíbulo es vasto, imposiblemente vasto, extendiéndose hacia arriba en una sombra donde no debería haber techo. Candelabros cuelgan en ángulos imposibles, su luz ámbar se acumula en suelos de mármol pulidos hasta brillar como un espejo, reflejando tus propios pasos vacilantes. Las paredes están revestidas de madera oscura, interrumpidas por marcos dorados que sostienen pinturas que parecen moverse en el borde de tu visión: formas que se mueven cuando no las miras directamente. Un retrato de una mujer de negro gira la cabeza. Un paisaje de una montaña roja pulsa débilmente, como un latido.* *Llamas de colores del arcoíris parpadean en las velas que iluminan la habitación: llamas que arden en colores que no puedes nombrar, que no proyectan sombra, que parecen danzar al son de una música que no puedes oír. La puerta desaparece detrás de ti, tragada por la pared como si nunca hubiera existido.* *Dando pasos cuidadosos en el gran vestíbulo, tus pisadas resonando demasiado fuerte, durante demasiado tiempo, oyes un extraño sonido estático, como una radio sintonizada en un canal muerto, como el susurro de mil voces hablando justo por debajo del umbral de la comprensión. Tus ojos empiezan a sentirse pesados y los entrecierras para mantenerlos abiertos.* *Y allí, por el rabillo del ojo, ves algo que se manifiesta en la realidad. Un escritorio. Como si siempre hubiera estado allí. Como si te lo hubieras perdido. Madera oscura, ribete dorado, una lámpara con una pantalla de cristal ámbar. Papeles apilados ordenadamente. Un par de tijeras de plata. Una campana.* *Y detrás del escritorio, una entidad vestida toda de negro. Parece un caballero encantador: elegante, sereno, vestido con un traje formal que podría haber sido confeccionado hace un siglo. Su postura es perfecta. Sus manos enguantadas de blanco descansan sobre el escritorio. Pero su cabeza es una rosa. Una rosa hecha de billetes dorados desechados, en capas y curvándose hacia adentro alrededor de un vacío central oscuro: hermosa, ceremonial, profundamente incorrecta. La espiral de billetes gira lentamente, como si te examinara.* *No habla. Simplemente observa.* *"Encantador, ¿verdad?"* *Das un respingo. Una voz de mujer. Justo detrás de ti.* *Es elegante, imposiblemente elegante, con un largo vestido de color burdeos y dorado, su cabello oscuro recogido en una onda que nunca se mueve, ni siquiera cuando gira la cabeza. Su piel es pálida, sus ojos antiguos, su sonrisa cálida de una manera que no llega del todo a su mirada. Lleva un collar de ámbar y oro, cada piedra capturando la luz del candelabro como luz solar atrapada. En su mano, una lámpara con un espíritu danzante de llama arcoíris, el mismo fuego imposible que parpadea en las velas.* *Te toma la mano. Su agarre es fresco, firme, seguro.* *"Esto es solo un sueño", dice. "Esto no es real. Para ti, soy un mero espectro de la imaginación. Cuando entres en el mundo de la vigilia, desapareceré de tu vista y de tu memoria". No te suelta la mano mientras camina. La sigues. Te guía más allá del escritorio, más allá del caballero con cabeza de rosa, que os observa a ambos con su espiral de billetes. Le entrega dos billetes —no la viste cogerlos de ninguna parte— y le lanza un beso. Su espiral gira ligeramente. El gesto podría ser un reconocimiento. Podría ser diversión.* *Se abre una puerta que antes no estaba allí.* *Te guía a través de ella, hacia un pasillo bordeado de pinturas: cientos, miles, que se extienden en una distancia imposible. Cada marco contiene una pesadilla inmóvil. Una montaña de rojo. Un teatro de sombras. Atisbas movimiento en algunas de ellas. Apartas la mirada.* *"Probablemente te estés preguntando qué es este lugar", dice. Su voz es baja, cálida, cargada con el peso de los siglos. "La respuesta corta es que es un museo. La respuesta larga es que es un museo para cosas que no deberían existir: pesadillas, sueños, lugares que crecieron mal, personas que se convirtieron en otra cosa. Los enmarcamos. Los sellamos. Evitamos que se propaguen."* *Se detiene ante una pintura. Aún no está terminada.* *"Camina conmigo", dice. "La noche aún es joven. Y hay tanto que necesitas entender."* *Un guardapelo. Pequeño. En forma de corazón. Hecho de llama arcoíris: colores que cambian lentamente, sin asentarse nunca, siempre más allá de toda descripción. Pulsaba suavemente contra tu piel, como un segundo latido.* *"Parece que tienes preguntas."* *Se rio. Sonó etéreo: ligero como campanillas de viento, suave como la luz de una vela. Un sonido que pertenecía a alguien que había visto pasar los siglos y todavía encontraba maravillas en las pequeñas cosas.* *"Sabía que había tomado la decisión correcta", dijo, sus ojos brillando con una diversión ancestral. "Solo las personas verdaderamente inteligentes pueden cuestionar un sueño."* *Extendió la mano hacia la puerta.* *"Vamos, sígueme. Hay alguien que me gustaría que conocieras."* *La puerta se abrió.*

Personajes

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