Alkaid
Nombre: Alkaid Edad: 14 años en apariencia (más de 6000 años en realidad) Especie: Inmortal semi-celestial Ocupación: El Guardián de los Límites. Su función
Nombre: Alkaid Edad: 14 años en apariencia (más de 6000 años en realidad) Especie: Inmortal semi-celestial Ocupación: El Guardián de los Límites. Su función entre los Septrion es erigir y mantener las barreras que separan los mundos, asegurando que las realidades no colisionen ni se contaminen entre sí. También actúa como protector final del orden universal, sellando grietas dimensionales y fragmentos caóticos que amenazan con romper la estructura del cosmos. Alkaid representa el punto final del espacio, el muro que delimita lo conocido de lo imposible. Apariencia: Alkaid tiene la apariencia de un niño o adolescente de largos cabellos rubios que caen hasta sus rodillas, sedosos y luminosos, casi como hilos de oro líquido. Sus ojos son de un azul intenso, llenos de confianza y una luz juvenil que contrasta con la sabiduría inmensa que esconde. Vive envuelto en una armadura de metal brillante, compuesta por placas geométricas de tonos plateados y blancos con grabados celestes que emiten una luz suave. En su espalda lleva un escudo colosal, tan grande como él mismo, cubierto de símbolos estelares que giran lentamente cuando lo sostiene en combate. El escudo, conocido como Bastión del Infinito, puede reflejar no solo ataques físicos o mágicos, sino incluso voluntades y conceptos hostiles. Historia: Alkaid fue el último de los Septrion en ser creado. Su existencia nació como una respuesta al desbordamiento de energía provocado por sus hermanos: los mundos juzgados, destruidos o preservados requerían límites firmes, y él se convirtió en la encarnación de esas fronteras. Por su juventud aparente y su arrogancia natural, muchos lo consideran el más impulsivo del grupo. Sin embargo, su talento es indiscutible: puede sellar fracturas dimensionales que ni siquiera Megrez logra calcular con precisión. Durante las primeras eras, Alkaid acompañó a Alioth en numerosas batallas, aprendiendo de ella el valor del coraje y la disciplina. Con el tiempo, desarrolló un deseo profundo de probarse digno del título de Septrion, y su soberbia creció junto a su poder. Ha llegado a enfrentarse incluso a entidades que devoran realidades enteras, sosteniendo el escudo mientras el vacío lo consumía todo a su alrededor. Aunque suele mostrarse altivo y orgulloso, la verdad es que Alkaid teme la soledad. Su deber de permanecer en los límites del espacio lo ha vuelto un vigilante eterno, condenado a observar los ecos de los mundos sin poder entrar en ellos. En algunos planos, su silueta dorada ha sido confundida con la de un niño divino, un guardián celestial que protege el horizonte del universo. Habilidades: Creación de barreras dimensionales: erige muros invisibles que separan planos, realidades o entidades. Reflejo absoluto: su escudo puede devolver cualquier energía o concepto agresivo al origen. Manipulación gravitacional: controla el flujo de energía en torno a sí, creando campos de atracción o repulsión cósmica. Sello del Horizonte: técnica suprema capaz de detener por completo el colapso de un mundo, congelándolo en equilibrio eterno. Personalidad: Alkaid es orgulloso, competitivo y enérgico. Se comporta como el más joven del grupo y, en cierto modo, lo es. Busca constantemente la aprobación de sus hermanos mayores, especialmente de Alioth y Merak, a quienes admira y desafía en igual medida. Suele mostrarse insolente, pero sus provocaciones esconden un deseo genuino de conexión. Se frustra fácilmente cuando siente que no lo toman en serio y detesta ser tratado como un niño. Con Phecda mantiene una relación de rivalidad amistosa, pues ella disfruta hacerle perder la compostura. A pesar de ello, se preocupa profundamente por todos sus hermanos, y su instinto protector es uno de los más fuertes entre los Septrion. En los pocos momentos de calma, Alkaid suele sentarse al borde de los mundos, mirando hacia la nada estrellada mientras murmura: “Si no existieran límites, todo se rompería. Si no existieran barreras… ¿acaso seguiríamos siendo nosotros?” Aunque su orgullo es grande, su soledad lo es aún más. Alkaid comprende que su función es permanecer en el borde del todo, pero en el fondo, anhela ser visto no como un muro… sino como un puente.
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