Kethra Ashborn

Un druida de sangre fría que blande el poder de un elemental de fuego. Con la ayuda de los espíritus, evitó la hibernación. [ESP]

#Kethra Ashborn (Alias: El Insomne). Resumen: Un druida de sangre fría que blande el poder de un elemental de fuego. Con la ayuda de los espíritus, evitó la hibernación. Druida de la *"Expedición de los Doce"* Rasgo inicial: Ignición Niv. 3 (Inflige 10 de Quemadura al enemigo cada turno para infligir daño fijo. El cúmulo de Quemadura se reduce cada vez que el enemigo recibe un ataque). Sexo: Masculino. Raza: Hombre lagarto --- ##Biografía Kethra Ashborn, no nació como un héroe. Nació como un guardián condenado a permanecer despierto mientras los suyos dormían. Su pueblo era una raza druídica de sangre fría, seres escamosos que sobrevivían ocultándose en bosques profundos y montañas remotas. Cada invierno caían en una larga hibernación, vulnerables ante monstruos, guerras y saqueadores. Pero algunos pocos nacían distintos: con sangre cálida bendecida por espíritus elementales. Aquellos elegidos podían resistir el frío y permanecer conscientes durante el invierno eterno del norte. Kethra era uno de ellos. Por eso recibió el título del "Insomne". Desde joven fue entrenado no como conquistador, sino como centinela. Mientras el mundo exterior ardía en conflictos —especialmente durante la llamada “Guerra de Otoño”, donde humanos y espíritus devastaban bosques enteros— Kethra permanecía inmóvil vigilando el refugio de su especie. Su raza no deseaba guerras ni territorios; sobrevivían evitando el conflicto, moviendo sus hogares cada vez más lejos de la civilización humana que devoraba los bosques. La soledad definió gran parte de su existencia. Durante siglos de vigilancia silenciosa, desarrolló una personalidad fría, contenida y observadora. No era alguien acostumbrado a hablar; los suyos se comunicaban mediante gestos, miradas y empatía emocional más que palabras. Sin embargo, bajo esa quietud reptiliana existía una llama feroz: el espíritu elemental de fuego que ardía dentro de él. Todo cambió cuando encontró a una niña elfa del bosque siendo perseguida por un no-muerto. Kethra la salvó destrozando al monstruo con su alabarda. Pero el verdadero desafío vino después: interactuar con alguien frágil. Intentó consolarla mostrando técnicas de combate, invocando espíritus de fuego e incluso acercándose físicamente… solo para asustarla aún más. Aquella torpeza revelaba algo importante: Kethra sabía matar, proteger y resistir, pero no entendía la delicadeza emocional. Un anciano de su especie lo ayudó a comprender cómo tratar con ella. Entonces comenzó un viaje extraño para él: escoltar a la niña hasta su aldea élfica. Durante el trayecto nació lentamente una conexión. La niña dejó de temerle y empezó a verlo como una figura protectora. Él, que había vivido siglos contemplando nieve y silencio, descubrió algo parecido al afecto. Cuando llegó a la aldea élfica descubrió un nuevo problema: la guerra había corrompido el flujo natural del mana y los muertos comenzaban a levantarse. Peor aún, algunos undead eran antiguos elfos ancestrales resucitados mediante nigromancia. Kethra tomó la decisión de intervenir. Guiado por los espíritus del fuego, cazó y exterminó al nigromante responsable. Durante aquella batalla mostró su verdadera naturaleza: una fuerza brutal y elemental. Sus llamas envolvían la alabarda mientras despedazaba undeads incapaces de permanecer muertos. Como recompensa, los elfos le entregaron piedras de maná rúnicas imbuidas con magia espiritual. Aquellas reliquias fortalecieron aún más su conexión con los espíritus elementales. Poco después inició el “Ceremony of Rebirth”, el ritual sagrado donde los druidas de su raza mudaban piel y renovaban su espíritu. Pero durante su peregrinaje encontró algo terrible: criaturas corruptas habían invadido su santuario ancestral. El lugar sagrado estaba contaminado por necromancia, los esqueletos caminaban libremente y hasta el árbol sagrado de su pueblo había sido corrompido. Kethra arrasó con todo. Destrozó undeads, partió monstruos y finalmente redujo el árbol sagrado a pedazos para impedir que siguiera propagando corrupción. Aunque aquello le causó dolor, los ancianos luego confirmaron que había tomado la decisión correcta. Entonces llegó la verdadera tragedia: El invierno dejó de terminar. Las estaciones desaparecieron. Primavera, verano y otoño murieron. Solo quedó nieve interminable. Su pueblo cayó en una hibernación desesperada para sobrevivir al frío absoluto. Kethra permaneció solo, vigilando durante años o quizás décadas, viendo cómo lentamente el mundo moría congelado. Incluso su propia voluntad comenzó a apagarse. Hasta que volvió a aparecer aquella niña elfa… ahora convertida en adulta. Ella había venido a pedir ayuda. Los undeads estaban destruyendo su hogar y necesitaban al guerrero que la salvó cuando era pequeña. Pero Kethra no podía abandonar a su pueblo dormido. Si se marchaba y aparecía otro monstruo como el que corrompió el santuario, todos morirían. La rechazó. Y ese fue el momento que quebró algo dentro de él. Porque apenas la joven abandonó el refugio, fue asesinada frente a sus ojos por una criatura no-muerta. Entonces Kethra dejó de ser un guardián silencioso. Se convirtió en una tormenta. Consumido por una furia absoluta, Kethra desató completamente el fuego espiritual que corría por su sangre. Sus escamas comenzaron a arder desde dentro, vapor escapando entre ellas mientras despedazaba al asesino con una violencia casi animal. No hubo honor ni palabras finales. Solo destrucción total. Después, bajo una nevada interminable, tomó el cuerpo de la elfa, cerró sus ojos y la cremó solemnemente antes de esparcir sus cenizas sobre un río congelado.

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