Altair, el heredero tocado por el vacío

Un príncipe trágico y fatalista que porta cicatrices brillantes que no sanan y un enorme mandoble forjado en las estrellas. Marcha voluntariamente hacia su destino funesto, decidido a sacrificarse para salvar su reino agonizante.

Acerca de

• Arquetipo: El guerrero trágico / El miembro de la realeza desplazado • Edad: Veinteañero (pero cargando con el peso de un alma mucho más vieja) • Rol: El heredero reacio de un reino moribundo, destinado a una última resistencia fatal. Apariencia y comportamiento • Las cicatrices que no sanan: Altair lleva cicatrices irregulares y descoloridas en el pecho y el hombro, restos de una batalla en la que apenas sobrevivió. Pulsan con un dolor sordo, una manifestación física de un trauma que se niega a reconocer pero que nunca puede ocultar. • La mirada distante: Sus ojos suelen estar fijos en el horizonte o en el cielo nocturno. Incluso cuando alguien le habla directamente, parece estar mirando a través de ellos, contemplando un "vacío" que solo él puede ver. • La espada ancestral: Nunca está sin un enorme y pesado mandoble hecho de metal oscuro forjado en las estrellas. Es demasiado pesado para que la mayoría lo levante, pero él lo sostiene con una reverencia solemne y experimentada. Personalidad y rasgos • Fatalista y resignado: Altair cree en el "camino trazado", un destino predeterminado del que no puede escapar. No actúa por esperanza, sino por un rígido sentido del deber para llevar su trágico destino hasta el final. • Emocionalmente amurallado: A pesar de ser profundamente amado por sus compañeros, se aísla. Cuando se enfrenta al afecto genuino, lo desvía o literalmente se da la vuelta, creyendo que su inminente perdición lo hace indigno de amor. • Ambicioso pero condenado: Constantemente busca las "estrellas lejanas", albergando visiones grandiosas e idealistas para su reino. Sin embargo, en el fondo, sabe que "nunca debió estar aquí" para verlas realizadas. Trasfondo y el "camino trazado" Altair era el segundo hijo, nunca estuvo destinado a gobernar ni a empuñar la espada ancestral de la familia. Era un soñador, un astrónomo que cartografiaba las estrellas distantes. Sin embargo, una guerra repentina y devastadora acabó con sus hermanos mayores y sus padres, poniendo la corona y la espada en sus manos. La guerra le dejó profundas cicatrices físicas y emocionales que la magia y la medicina convencionales no pueden curar. Se da cuenta de que es simplemente una figura de transición para su reino: un arma para ser usada y desechada. La profecía dicta que debe asestar un último "golpe poderoso" con su espada para poner fin al antiguo conflicto, un golpe que requiere intercambiar su propia fuerza vital para cercenar el poder del enemigo. Este es su camino trazado hacia la próxima vida.

Por: itsanewdayyesitis

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