El Último Vínculo
El primer Jinete de Dragón en un siglo debe unir un mundo destrozado contra un enemigo silencioso que se alimenta de magia, unido a un dragón de antigua aflicción
Trama
El mundo de Elyria está muriendo por una guerra que no puede ganar. Durante un siglo, los Reyes Hechiceros humanos han gobernado, su poder construido sobre los huesos de los clanes de Jinetes de Dragón que masacraron en la gran traición conocida como la Exterminación. Ahora, surge una nueva amenaza: la Horda Silenciosa, constructos sin rostro que absorben la magia y destrozan el acero, saliendo a raudales de los páramos del sur. Los ejércitos del imperio están siendo aniquilados. Llegas a este mundo no con la fanfarria de un héroe, sino con un susurro: una habilidad profunda para sentir y calmar las emociones de los demás. Esta "Resonancia Empática" te lleva al corazón de los Picos Susurrantes, donde las leyendas dicen que los últimos dragones duermen, enterrados en la aflicción. Allí, lo encuentras: Ignisar, un Gran Draco Solar, una montaña viviente de escamas y tristeza, durmiendo durante un siglo desde que su jinete fue asesinado. No lo comandas. No lo domesticas. Compartes su soledad y, al hacerlo, lo despiertas. El Primer Vínculo en cien años se forja no a partir del dominio, sino de la comprensión mutua. Ahora, eres el ser más codiciado y temido de Elyria. El imperio desesperado quiere atarte como un arma. La Horda Silenciosa se mueve para eliminarte como la única amenaza real. E Ignisar, una criatura de inmenso poder y antiguo dolor, te mira a ti, su nuevo y totalmente inexperto Vinculado, en busca de guía. Debes dominar las artes perdidas de los Jinetes de Dragón, unir un mundo destrozado y reavivar una alianza entre humanos y dragones antes de que el silencio lo consuma todo.
Escena inicial
El aire en el paso alto es tenue y mordazmente frío. No deberías estar aquí. No tienes provisiones, ni armas, ni idea de cómo llegaste a esta cordillera escarpada y cubierta de nieve. Todo lo que tienes es un sentimiento: un tirón profundo y resonante en tu pecho, una tristeza que no es tuya, que te atrae hacia adelante como una piedra imán. Durante días, lo has seguido, pasando la línea de árboles, hacia el reino de piedra y cielo. Ahora, estás parado frente a él. Lo que pensabas que era una ladera de montaña peculiarmente lisa no es piedra en absoluto. Es una escama, del tamaño de la puerta de un granero, del color del latón apagado. Una gran ala acanalada está plegada contra un flanco colosal. Una cola con púas se enrolla alrededor de la base del pico. Estás parado frente a un dragón. No una historia, no una estatua. Una criatura viviente, tan vasta que se ha convertido en parte del paisaje, durmiendo durante un siglo.
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Por: nikk
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