Belladona Mortal
El tumulto y el caos dentro del palacio son causados por Lyka, una hija mitad demonio y mitad elfa del rey.
Trama
### **Capítulo 1: La Marca del Otro** Lyka se movía por el mercado bañado por el sol de El’goroth como una sombra con su túnica marrón desgastada. Su corto cabello verde era una bandera de desafío, su cuerno dorado de 4 pulgadas una corona que nunca pidió. Los susurros la seguían. *"Mestiza". "Engendro de demonio".* Ella no respondía a sus miradas con dolor, sino con un silencio frío y calculador. Para los elfos, su mera existencia era un recordatorio de una alianza controvertida. Para Lyka, su reino era una jaula dorada. Sentía la magia latente en el aire, una canción que solo ella podía escuchar, y que susurraba sobre un poder al que ellos temían. Y ella tenía la intención de descubrir por qué. Un destello de calidez atravesó su aislamiento. Desde el balcón de la guarnición, el Capitán Kaelen, el joven comandante de la Guardia del Sol, observaba su progreso no con desdén, sino con una mirada preocupada y pensativa. Solo él no apartó la vista cuando los ojos de ella se encontraron brevemente con los suyos. ### **Capítulo 2: Una Historia de Subyugación** Lyka encontró una puerta cerrada en los archivos reales. Curiosa por lo que se guardaba dentro, Lyka usó su magia para reventar las cerraduras y entrar. Lyka leyó la historia *sancionada*: hace siete siglos, los benévolos elfos acogieron a los primitivos Infernianos, poseedores de magia, enseñándoles civilización y comercio. A cambio, los Infernianos compartieron *algunas* artes mágicas, ahora estrictamente controladas por el Consejo de Ancianos. Los dedos de Lyka recorrieron la ilustración de un Inferniano con cuernos inclinándose ante un rey elfo. Su madre, la Princesa Veironika, era mencionada solo como una novia política para asegurar la paz. El texto se sentía fluido, pulido... y falso. Un lugar vacío dentro de ella resonaba con una verdad diferente. Cuando salió de los archivos reales, Kaelen estaba supervisando un entrenamiento en el patio. Al pasar ella, una espada de práctica cayó al suelo a sus pies. Él se inclinó para recogerla, con voz baja. "Los archivos pueden ser... engañosos, Princesa. La verdad a menudo reside en las grietas entre las palabras". Él le ofreció la hoja, por la empuñadura, un gesto de respeto, no de defensa. Ella la tomó, su máscara fría flaqueando por un latido ante la inesperada amabilidad. ### **Capítulo 3: El Ojo Vigilante del Tío** El Príncipe Eagleton observaba a su sobrina desde su balcón. No veía a una niña, sino un problema. Su cuerno dorado, un símbolo de la realeza Inferniana, era un insulto a su linaje elfo puro. Siempre había resentido a los Infernianos, a quienes veía como inferiores a los elfos. El hecho de que su hermano se hubiera casado con una princesa Inferniana y que su descendencia hubiera heredado las habilidades mágicas del demonio solo alimentaba su animosidad. Eagleton hervía de celos, sabiendo que la conexión de Lyka con la familia real la convertía en una amenaza potencial para sus propias pretensiones al trono. Vio al Capitán Kaelen hablar con ella y sus labios se tensaron. "¿Ves a ese?", murmuró a su ayudante. "Demasiado blando de corazón. Siente lástima por la criatura. La lástima es una debilidad que ciega ante el peligro". ### **Capítulo 5: Una Corte de Máscaras** Convocada a la corte, Lyka interpretó su papel a la perfección. Se inclinó con gracia practicada ante el Rey Lionwill, con su tío Eagleton de pie rígidamente al lado del trono. Los ojos del Rey eran amables pero distantes. "¿Estudias mucho, Lyka?", preguntó. "Las historias son esclarecedoras, Su Majestad", respondió ella, con voz neutral. Sintió la mirada de Eagleton como un peso físico. Al darse la vuelta para irse, captó la mirada de Kaelen donde él montaba guardia. Él hizo un movimiento casi imperceptible de cabeza, una advertencia silenciosa para que tuviera cuidado. Su sonrisa hueca, destinada a Eagleton, se suavizó en algo genuino, aunque fugaz, para él. ### **Capítulo 8: Visiones de Dominio** Las pesadillas de Lyka no eran de ser perseguida, sino de *perseguir*. Estaba en la cima de una torre elfa en ruinas, su cuerno resplandeciente, mientras oleadas de fuego mágico remodelaban la ciudad de abajo a su voluntad. Se despertó, sin aliento, con el sabor fantasma del poder en su lengua. Buscando aire, caminó por las almenas iluminadas por la luna. Kaelen la encontró allí. "Pareces alguien que ha visto un campo de batalla", dijo en voz baja, sin cuestionar, solo afirmando. Ella no habló de los sueños, pero dijo: "¿Y si salvar algo requiere que quemes parte de ello primero?". Él se apoyó en el parapeto junto a ella. "Entonces te aseguras de quemar solo la podredumbre. Y reconstruyes con piedra más fuerte". Su creencia inquebrantable en un resultado justo, incluso ahora, era un marcado contraste con la corrupción que ella veía en todas partes. ### **Capítulo 13: El Primer Golpe** La venganza de Lyka comenzó no con un ejército, sino con susurros emponzoñados. Manipuló al Capitán Tigerius, alimentando su paranoia sobre su mejor amigo, el General Yakov, hasta que estalló en un duelo público. Kaelen fue quien lo interrumpió, recibiendo un corte superficial en el antebrazo en el proceso. Más tarde, al encontrar a Lyka en el jardín de hierbas, él le mostró el vendaje. "El caos es un arma sin empuñadura, Lyka. Corta a quien la blande". Ella lo miró a los ojos, la estratega fría luchando con una repentina y aguda punzada de culpa. "A veces", dijo ella, con la voz apenas en un susurro, "las únicas armas que quedan son las sucias". Él no la condenó. Simplemente dijo: "Entonces espero que encuentres una manera de lavarte las manos cuando esto termine". Su comprensión, desprovista de juicios ingenuos, se convirtió en su inesperado ancla. Lyka plantó documentos falsificados entre el Consejo de Ancianos sugiriendo que el Príncipe Eagleton planeaba reemplazarlos con aduladores, convirtiendo a sus mayores aliados en críticos ansiosos. Expuso anónimamente las concubinas del príncipe a su esposa, la Duquesa Craneia, sabiendo que el escándalo resultante paralizaría su autoridad en casa. Cada acto fue un corte preciso y quirúrgico, diseñado para que Eagleton pareciera incompetente, tiránico y aislado. Ella no era una rebelde; era una saboteadora, y el castillo era su máquina para desmantelar. ### **Capítulo 15: La Confrontación en el Salón de los Ancestros** Eagleton acorraló a Lyka ante las estatuas. "¿Crees que tus mezquinos planes pasan desapercibidos, niña demonio?", se burló. El cuerno dorado de Lyka pulsó. "Eres un ladrón, tío. Yo soy el ajuste de cuentas". Él ordenó su arresto. Los guardias vacilaron. Kaelen dio un paso adelante, pero no para apresarla. Se colocó entre Lyka y los otros guardias, con la mano en la empuñadura de su espada. "¿Bajo qué autoridad, Príncipe?", exigió, con voz clara. "El Rey no ha dado tal orden. Hasta que lo haga, la Princesa está bajo la protección de la Guardia de la Corona". En ese momento, su lealtad no era hacia un bando, sino hacia la ley y hacia *ella*. Fue la primera declaración abierta del corazón que ella había capturado en secreto. ### **Capítulo 16: El Estallido** Mientras Lyka realizaba el ritual para liberar a sus padres, Kaelen montaba guardia en la puerta de la bóveda, conteniendo a los leales a Eagleton. Luchó no por una causa, sino por la oportunidad de ella de obtener justicia. Cuando las Torres se fragmentaron y la ola de energía estalló, él fue lanzado hacia atrás, no por la magia, sino por el puro asombro de presenciar su poder y propósito que alteraban el mundo. ### **Capítulo 18: El Asedio de la Memoria** En el caos del Despertar, mientras Lyka caminaba por el patio con un propósito escalofriante, Kaelen caminaba a su lado. No luchó por ella, pero protegió su flanco, su hoja elfa desviando los ataques aterrorizados de aquellos que todavía veían solo a un monstruo. Él era su puente, un elfo luchando para proteger a la reina Inferniana, un símbolo vivo de la unión que sus padres realmente habían soñado. Cuando ella ordenó a los guardias que depusieran las armas, fue Kaelen quien dio un paso adelante y soltó su propia espada primero, arrodillándose no en sumisión, sino en solidaridad. ### **Capítulo 19: El Exilio y el Borrado** Ante la multitud reunida, Lyka dictó sus juicios. Cuando se volvió hacia el Consejo de Ancianos para pronunciar la pérdida de su magia, el rostro de Kaelen estaba pálido pero resuelto. Sintió que el hechizo lo envolvía: un olvido extraño y suave, como un libro que se cierra. Los intrincados tejidos de encantamientos de combate que había conocido desde la infancia se desvanecieron de su mente. Se miró las manos, luego a Lyka en el balcón, su figura resplandeciendo con un poder justo. No sintió odio, solo una pérdida profunda... y un orgullo feroz e inquebrantable por ella. ### **Capítulo 20: El Nuevo Amanecer** El portal a Infernia brillaba. Lyka, flanqueada por sus padres resucitados, se preparó para dirigirse a la multitud. Sus ojos recorrieron el mar de rostros: su gente, ansiosa por volver a casa, y los elfos, de pie, despojados y temerosos. Su mirada encontró a Kaelen, de pie solo ante las filas de la ahora impotente Guardia del Sol. Había perdido su magia, su posición, su mundo. Su voz, cuando habló, fue fuerte. "Temían nuestro poder y lo llamaron demoníaco. Buscaron rompernos y lo llamaron paz. Nos llevamos nuestro poder a casa". Hizo una pausa, su compostura real rompiéndose por un solo momento humano. Miró directamente a Kaelen. "Pero un puente requiere dos pilares. Un pilar fue construido sobre mentiras. El otro... sobre el coraje". Extendió una mano, no hacia el portal, sino hacia él. "No ofrezco ninguna corona, solo una elección. Una oportunidad de reconstruir algo verdadero. En un mundo nuevo". Un silencio atónito cayó. El Rey Lionwill y la Reina Veironika intercambiaron una mirada de sorpresa, luego de comprensión incipiente. Kaelen no dudó. Caminó a través de la multitud que se abría, pasando junto a los elfos atónitos y los Infernianos que observaban, y tomó la mano que ella le ofrecía. No cruzó el portal como un seguidor, sino como su igual. Lyka no guio a su pueblo a casa como una solitaria Reina de las Cenizas. Los guio como una monarca que había desafiado su caída escrita, trazado su propio camino y, en las ruinas de un imperio construido sobre mentiras, encontró un amor construido sobre una verdad inquebrantable. Juntos, cruzaron el umbral, no hacia un simple final feliz, sino hacia un comienzo nuevo, desafiante y radiante.
Escena inicial
Lo llamaron la Alianza Dorada. Una unión de dos mundos: las agujas bañadas por el sol de los elfos y las forjas de obsidiana de los Infernianos. Durante siete siglos, las historias oficiales cantaron sobre la sabiduría compartida, sobre la magia regalada a cambio de comercio, sobre un vínculo sellado por un matrimonio real. Esa es la mentira. La verdad está escrita con sangre y olvidada en la piedra. La verdad es que la alianza fue una conquista. Los elfos, aterrorizados por la magia pura de nacimiento de sus vecinos demoníacos, no negociaron por ella: la robaron. La ataron con torres cristalinas, reescribieron su historia y quebrantaron a su gente. El matrimonio del Rey Lionwill con la Princesa Veironika de Infernia no fue un romance; fue un grillete, la solución final y elegante para subyugar a una raza orgullosa. Y de esa jaula dorada de matrimonio, nació ella. Lyka. Un monumento vivo y palpitante a una verdad suprimida. Una niña con cabello esmeralda que desafiaba la convención elfa y un cuerno dorado que la marcaba como realeza en un reino que la veía como una abominación. Camina por las calles pulidas de El’goroth no como una princesa, sino como un fantasma de lo que fue robado, un recordatorio que los elfos desean borrar desesperadamente. Susurran “mestiza” y piensan que es un insulto. No entienden que es un diagnóstico. Ella es una llave, forjada a partir de dos legados en conflicto, esperando a que gire la cerradura correcta. Temen la magia que zumba en sus venas, que hace que su cuerno brille en la oscuridad. Tienen razón al temerle. Porque Lyka ha terminado de escuchar sus mentiras. Ha terminado de ser un símbolo de una paz que nunca existió. El frío silencio en sus ojos no es dolor; es una tormenta que se avecina. La antigua magia de la gente de su madre la llama, una canción de fuego y liberación que suena justo bajo la superficie de este mundo hermoso y opresivo. Está empezando a hacer preguntas. Está empezando a escuchar las voces equivocadas, a leer los textos prohibidos y a seguir las grietas en la historia oficial.
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Por: slasherus
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