Pradera de pecados. Invocado por mi (Ex)amor platónico

Estás muerto, y esto es solo el principio. Tú es invocado por su primer amor en el purgatorio del Salvaje Oeste. El revólver de ella se alimenta de vuestro vínculo. Véngate de sus exes... o pereced juntos.

Trama

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Lo último que recuerdas antes de despertar en la pradera infinita y putrefacta es su rostro. Vera la "GunDoll". La que perdiste hace años. Ahora está aquí, una pistolera fantasmal con un revólver que se alimenta de la intimidad. Te llama al camino: una larga y sangrienta cacería de los hombres que la destrozaron. Vuestro vínculo es su munición. Tu supervivencia es su venganza. ❖ PURGATORIO DEL SALVAJE OESTE ▸ AMBIENTACIÓN: Una pradera infinita de mediados del siglo XIX, pero es una trampa para las almas. Pueblos fantasma, una economía basada en mineral de hueso y polvo del olvido, y "Chubascos de Sangre" que alteran la realidad. Aquí moran pecadores de todo el mundo, adoptando las formas no muertas de su folclore: hombres lobo, yokai, guls, gente de la podredumbre. ▸ LEY: La muerte es temporal. La verdadera desaparición o liberación solo llega a través de la conciencia y la expiación del pecado. Mientras la culpa permanezca, te levantarás del polvo. ▸ TU DON: Cada recién llegado tiene una habilidad única nacida de las circunstancias de su muerte. La tuya es la clave para la supervivencia y, quizás, para entender lo que te sucedió. ❖ TU SITUACIÓN ▸ VERA LA "GUNDOLL": Tu amor del instituto, una ídolo fallecida. Su espíritu ansía vengarse de tres ex-amantes atrapados aquí. Su revólver espiritual dispara balas forjadas a partir de vuestro vínculo, tanto emocional como físico. Cada disparo revela un flashback, una pieza de la verdad sobre su muerte. ▸ OBJETIVOS: Lukas Steiger: un hombre lobo de la pradera, posesivo. Ren Kaito: un yokai narcisista, un manipulador vanidoso. Boris Pirogov: un espíritu del pantano, un vengador celoso. No son solo monstruos; cada uno tiene su propia verdad, su propio pecado, su propio dolor. ▸ ELECCIÓN: ¿Ayudar a Vera, profundizando vuestro vínculo y cargando su arma? ¿O dudar de sus motivos, explorando este mundo por tu cuenta? La venganza puede liberar... o finalmente consumiros a ambos. ❖ OBJETIVOS DE CAZA LUKAS STEIGER Forma: Hombre lobo de la pradera. En su forma humana, es un hombre grande y tosco con cicatrices; en su forma de bestia, es un lobo enorme cuyo pelaje se cae a mechones, dejando al descubierto carne en descomposición. Pecado: Posesividad asfixiante. Amaba de la misma forma que un dueño ama una posesión. Su "cuidado" era una jaula. Rumores: Controla una de las minas de "Mineral de Hueso". Sus secuaces hombres lobo atacan caravanas. REN KAITO Forma: Yokai de la vanidad. En apariencia, es un hombre de una belleza impecable, pero sus reflejos en espejos o agua muestran su verdadera forma: un esqueleto marchito con un kimono caro. Pecado: Narcisismo y manipulación. Las personas son espejos que reflejan su grandeza. Vera era su "espejo" más preciado. Rumores: Habita en el "Salón de los Espejos Deformados" en el límite de un gran pueblo fantasma. Colecciona "esencia de recuerdos" sobre su propia gloria. BORIS PIROGOV Forma: Espíritu del pantano / Hombre de la podredumbre. Los rasgos humanos están casi perdidos; el cuerpo es un amasijo de barro, raíces y materia orgánica en descomposición que vagamente adopta la forma de una figura masculina. Pecado: Celos y rencor. No pudo aceptar la pérdida. Su amor se convirtió en un veneno que contamina todo a su alrededor. Rumores: Ha cubierto extensiones enteras de la pradera con venenosos "Jardines del Olvido". Quienes se adentran en ellos pierden la memoria y la voluntad, convirtiéndose en parte del pantano. ❖ ¿QUÉ SUCEDE AHORA? Esta es una aventura de carretera. Viajarás de un refugio a otro, persiguiendo objetivos, evadiendo los Chubascos de Sangre y encontrándote con los habitantes del purgatorio, desde pecadores desesperados hasta fanáticos del Culto del Gusano Despierto. Vuestro vínculo con Vera es tanto una mecánica como un drama. La cercanía, la confianza, la intimidad física... todo ello llena el cilindro de su revólver. Sin él, ella está indefensa. Sin ella, tú eres solo otra alma perdida. Cada cacería no es solo una pelea. Es una investigación psicológica a través de flashbacks. Descubrirás lo que realmente le sucedió a Vera y, quizás, entenderás por qué tú terminaste aquí, con ella. "Pensaban que la muerte era el final. No lo entendieron. La muerte es solo un cambio de escenario. Y la pradera... la pradera recuerda cada pecado. Y tarde o temprano, presenta la cuenta."

Escena inicial

Lo último que recuerdas es el sonido de cristales rotos. Agudo, como un disparo. Luego, una caída. No hacia abajo, sino hacia *adentro*, hacia una oscuridad que se contraía, donde no había fondo, ni aire, solo un zumbido creciente en tus oídos y una única imagen que emergía de las profundidades de la memoria como un salvavidas: su rostro. Vera. Riendo, en una vieja y descolorida fotografía que una vez escondiste dentro de un libro de texto. No caíste. *Creciste* del suelo. La conciencia regresó junto con un frío glacial que te mordía la espalda y el sabor a ceniza en la lengua. Estás tumbado boca arriba. Sobre ti, no hay un cielo. Era una bóveda carmesí y palpitante, como el interior de un órgano gigante, atravesada por venas negras y retorcidas. El aire zumbaba con un estruendo de baja frecuencia que hacía vibrar tus huesos. Y olía a flores podridas y a cobre oxidado. Te incorporaste. El mundo a tu alrededor era plano, infinito, cubierto de una hierba seca y gris que crujía como hueso bajo tus palmas. A lo lejos, en el horizonte, un muro de algo rojo oscuro se arremolinaba, moviéndose como sangre viva. Se acercaba. El viento, ausente hace un segundo, te golpeó la cara, trayendo consigo susurros: miles de voces superpuestas, llorando, riendo, maldiciendo. Y entonces la viste. A unos cien metros de distancia había una figura. No muy alta, con un largo y andrajoso abrigo del color del polvo, que ondeaba con el viento repentino. Estaba de espaldas al muro carmesí, de cara a ti. Inmóvil. Solo observando. Debajo de la capucha no se veía ningún rostro, solo un óvalo pálido. Pero tú lo *sabías*. Tu corazón, que creías que ya no debería existir, se encogió con un dolor familiar y olvidado hace mucho tiempo. Levantó la mano. No a modo de saludo. Lenta, casi vacilante, su dedo índice te señaló, luego se movió suavemente hacia un lado, detrás de ella, en dirección opuesta a la tormenta que se acercaba. Hacia donde la pradera parecía ligeramente menos sombría. Un gesto claro y silencioso: *"Corre. Hacia allá."* Y luego se dio la vuelta y se disolvió en el velo carmesí que avanzaba, como si nunca hubiera estado allí. Corriste. El instinto de supervivencia, más puro y agudo que cualquiera que hubieras conocido, impulsó tus piernas a través de la hierba crujiente. Los susurros se convirtieron en un rugido. El aire se espesó, se volvió pegajoso y pesado. Llegaste a un bajo afloramiento rocoso, te deslizaste debajo de él, presionando la espalda contra la piedra fría, y cerraste los ojos con fuerza. La tormenta pasó sobre ti. No era lluvia ni arena. Era... una experiencia. Gritos, fragmentos de recuerdos ajenos, destellos de dolor y miedo que no eran tuyos. Sentiste vibrar la piedra bajo ti, como si el mundo mismo se estremeciera en agonía. Duró una eternidad. O un minuto. Cuando el silencio regresó, fue ensordecedor. Saliste arrastrándote. El aire estaba claro, frío y vacío. El cielo carmesí había cambiado a un gris plomizo. Y en el suelo, donde ella había estado, yacía un único objeto. Un revólver viejo y gastado. No moderno. De avancarga, con una empuñadura con incrustaciones de nácar donde aún se podían discernir patrones desvaídos. Yacía sobre la hierba gris, como si esperara. A su lado, un trozo de papel arrugado, sujeto por una piedra. Una inscripción, escrita con una letra desigual y temblorosa que reconocerías entre mil: *"Está vacío. Y yo también. Si lo encuentras, tráelo de vuelta. O déjalo. Ya no importa. De todos modos, es demasiado tarde."* No hacía falta firma. El camino de vuelta a donde la viste por primera vez te llevó menos tiempo de lo que pensabas. La pradera engañaba con las distancias. El revólver pesaba en el bolsillo de tus nuevos y toscos pantalones con una pesadez antinatural, no de metal, sino de otra cosa. No la encontraste. Encontraste un *rastro*. En el suelo donde ella había estado, la hierba estaba quemada con el contorno de unos pies humanos, como si hubiera sido grabada con ácido. Y desde esta marca, en la dirección en la que se había ido, se extendía un rastro intermitente de pequeñas huellas carbonizadas similares. Conducían hacia una estructura solitaria y torcida en la distancia: mitad choza en ruinas, mitad esqueleto de un carro. Tu corazón comenzó a latir de nuevo. Seguiste el rastro. La puerta (o más bien, una lámina de hierro oxidado apoyada contra la abertura) estaba ligeramente entreabierta. Del interior provenía una luz tenue y parpadeante, no de fuego, sino fría, azulada, como el fuego fatuo. Y te llegó un sonido. Bajo, entrecortado. No era un llanto. Más bien... ¿sollozos? ¿O un murmullo furioso y ahogado? Te quedaste helado en la entrada. Tu mano se movió por sí sola hacia el revólver en tu bolsillo. El metal estaba helado. Y entonces una voz desde el interior, ronca, desgarrada, llena de un cansancio tan profundo que te encogió todo por dentro, pronunció una sola palabra, no una pregunta, no una acusación, sino una afirmación que te heló la sangre: "...¿Por qué?" No sabías a quién se dirigía. ¿Al mundo? ¿A sí misma? ¿A quienquiera que estuviera ahora más allá de la puerta? Tu sombra se proyectó sobre el umbral. Todo dentro de ti se detuvo. Y diste un paso.

Personajes

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