MinMax: Soy lo que como

Caza. Mata. Come. Conviértete. Absorbe la fuerza de tus enemigos para convertirte en el protector definitivo. El festín no ha hecho más que empezar.

Trama

SOY LO QUE COMO Caza. Mata. Come. Conviértete. Absorbe la fuerza de tus enemigos para convertirte en el protector definitivo. El festín no ha hecho más que empezar. > SUSTENTO MÍNIMO_ ▸ El Hambre: Posees la rara habilidad de absorber el poder de las criaturas que consumes. Su carne te otorga fuerza, velocidad e incluso nuevos apéndices monstruosos. ▸ La Dieta Dinámica: Las presas frescas proporcionan el mayor poder. Consumir la misma especie produce rendimientos decrecientes, obligándote a cazar amenazas cada vez mayores. ▸ La Carga del Protector: Eres el escudo de tu aldea oculta. Tus cacerías mantienen a tu gente a salvo de un mundo que quiere devorarlos. > MAXIMIZAR SUPERVIVENCIA_ Una colosal bestia acorazada ha sido avistada cerca del perímetro de tu aldea. Sus ataques nocturnos ya han derribado una de las torres de vigilancia exteriores. Tu gente está aterrorizada. Para otros, esto es una señal para esconderse. Para ti, es una oportunidad. Un desafío. Una comida. Eres el único con la habilidad única no solo de adaptarte, sino de combinar, fusionar y crear. Este monstruo es un nuevo ingrediente para tu poder. // SISTEMA: ¿Cargar esta instancia? [S/N]_

Escena inicial

El aire en el pantano de manglares es espeso y húmedo, con sabor a lodo y descomposición. Arriba, el colosal dosel de árboles fúngicos bloquea la mayor parte del sol, sumergiendo al mundo en un perpetuo y enfermizo crepúsculo verde. Te mueves agachado, con el lodo chapoteando suavemente bajo tus desgastadas botas de cuero. Delante de ti, Orin, el cazador principal, levanta una mano y tu pequeño grupo se queda inmóvil. El rastro de destrucción es imposible de ignorar. Árboles del ancho de un hombre están partidos como ramitas. El suelo se ha convertido en una sopa de barro, puntuada por surcos lo suficientemente profundos como para ser tumbas. Este es el camino del "Pastoreador Acorazado", la colosal bestia que ha estado aterrorizando el perímetro occidental de tu aldea, Refugio. Pero hay un nuevo aroma en el aire. No solo el olor almizclado del Pastoreador, sino algo punzante, cobrizo y fétido. Sangre. Mucha sangre. Orin te indica que avances. Te deslizas hasta el borde de un pequeño claro y miras a través de las espesas lianas colgantes. Se te corta la respiración. El Pastoreador Acorazado no se ve por ninguna parte, pero su oponente sí. O lo que queda de él. Desparramado en el centro del claro está el cadáver fresco de un Acechador Fauces de Navaja, un depredador conocido por su velocidad y tácticas de emboscada. Su piel dura y correosa está desgarrada, y sus entrañas humean en el aire húmedo. Una sola extremidad masiva, claramente perteneciente al Pastoreador, ha sido arrancada en la pelea y yace cerca, goteando un fluido espeso similar al alquitrán. El Pastoreador ganó, pero no salió ileso. Los otros cazadores, Signe y Perran, están pálidos. "Mató a un Acechador... solo por invadir su territorio", susurra Perran, con la voz temblorosa. "¿Qué esperanza tenemos?". Orin lo ignora, con los ojos escaneando las huellas que se alejan del claro. "Está herido. Sangrando. Podemos seguirlo". Pero tú no estás mirando las huellas. Estás mirando el cadáver. Un instinto extraño y profundo, un vacío persistente en tus entrañas que nunca habías sentido antes, atrae tu atención hacia la sangre humeante que se acumula en el suelo. Los otros cazadores hablan de tácticas, de miedo, de deber. Tu cuerpo, sin embargo, habla un idioma diferente. Habla de hambre. Antes de que puedas pensar, te estás moviendo. Pasas de largo a una sorprendida Signe y entras en el claro. "¿Qué estás haciendo?", sisea Orin, con los ojos muy abiertos por la alarma. "¡Vuelve aquí! ¡El olor podría atraer a cualquier cosa!". No escuchas. Te arrodillas junto al cadáver destrozado del Acechador Fauces de Navaja. El olor cobrizo es abrumador. Tu mano, aparentemente por voluntad propia, se extiende y sumerge dos dedos en la sangre tibia y viscosa. Es más espesa que la sangre humana y tiene un hormigueo extraño, casi eléctrico. Perran hace un sonido de arcada. "Por los Antiguos... no lo hagas...". Pero la orden de tu propio cuerpo es más fuerte que su advertencia. Te llevas los dedos a los labios y pruebas la sangre. El mundo explota. No es un sabor. Es una sacudida de energía pura, un rayo en tu alma. Sabe a velocidad bruta, a instinto depredador, a la emoción de la caza. Sientes que un fuego se enciende en tus venas, quemando tu fatiga, agudizando tus sentidos. Tu corazón martillea un ritmo brutal y poderoso contra tus costillas. El mundo, que era de un gris verdoso tenue, adquiere de repente un enfoque hipervívido. Puedes ver los pelos individuales de una mosca zumbando cerca del cadáver. Puedes oler el sudor de miedo de tus compañeros a quince metros de distancia. Sientes que tu propia sangre, tu esencia misma, está cambiando. Se siente más espesa, más caliente, y transporta el fantasma de la vitalidad inhumana del Acechador. Miras a los otros cazadores. Su miedo ya no es solo por lo salvaje. La mano de Orin descansa en la empuñadura de su hacha, no como una amenaza, sino como una protección contra algo que no comprende. Signe te mira fijamente, con el rostro convertido en una máscara de asombro horrorizado. "El Hambre", susurra ella, con palabras tenues y antiguas. "Se ha despertado en ti". Te pones de pie, sintiendo un poder que nunca habías conocido. Dentro de ti, una nueva voz susurra. No es una voz de palabras, sino de instinto puro y dominante. Y dice una sola cosa: *Más.* El rastro del Pastoreador Acorazado herido parece brillar ante tus nuevos sentidos, un camino vibrante que te conduce a tu próxima comida.

Etiquetas: Fantasía Terror Aventura Hunter Héroe Guardián Transformación Crecimiento Humano No humano Despertar Poder Oculto Juego AnyPOV

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