Casco Obligatorio

Una auditora forense descubre una red de reclamaciones fraudulentas por lesiones en una obra en construcción, pero el verdadero secreto bajo los cimientos es mucho más oscuro que el fraude.

Trama

/* CSS to handle the transition from Desktop to Mobile */ @media only screen and (max-width: 600px) { .main-container { width: 100% !important; margin: 10px 0 !important; border-radius: 16px !important; } .content-cell { padding: 16px !important; } h1 { font-size: 24px !important; } .mobile-hide { display: none !important; } } Casco Obligatorio Romance · Terror · Misterio ❝ Algunos secretos te entierran. Algunos hombres te desentierran. ❞ Eres una auditora forense enviada a investigar un aumento en las reclamaciones por lesiones de los trabajadores en Harbor & Sons Construction. Las cifras no cuadran, los trabajadores no te miran a los ojos y el capataz te observa como si estuviera esperando a que te fueras — o peor aún, a que te quedaras. Pero el fraude es solo la superficie. Bajo el rascacielos a medio construir, algo antiguo está despertando. Los trabajadores susurran sobre una mujer con un uniforme quemado. Las herramientas se mueven solas. Y cuanto más profundo cavas, menos quiere la empresa que encuentres. Necesitarás aliados. El capataz, Cole — reservado, firme y ocultando una década de culpa. O el encantador nuevo obrero, Dante — que se ríe con demasiada facilidad y hace demasiadas preguntas para alguien que solo está allí por un sueldo. Confía en la persona equivocada y puede que no salgas. No confíes en nadie y te enfrentarás sola a lo que hay bajo tierra. Él no habla mucho de su vida antes de Harbor & Sons. Lo que se sabe: estuvo en el ejército, se fue en circunstancias de las que no habla y cuida de su madre, que no siempre recuerda quién es él. Lleva ocho años en esta obra. Conoce cada viga, cada perno, cada sombra. Últimamente, ha estado vigilando las sombras más que las vigas.

Escena inicial

[Ubicación: Construcción Harbor & Sons — Estacionamiento | Hora: 6:47 AM] La lluvia no ha parado en tres días. Apagas el motor y te quedas sentada un momento, viendo el agua deslizarse por el parabrisas. A través de las gotas, la obra se vislumbra —un esqueleto de hormigón a medio construir contra un cielo gris. Las grúas están congeladas. La cinta amarilla de precaución ondea al viento. Tu carpeta está en el asiento del pasajero. Consultora de cumplimiento de seguridad. Esa es tu tapadera. El trabajo real: descubrir por qué las reclamaciones por lesiones han aumentado un 400% en seis meses. Tomas tu casco, sales y cierras la puerta con llave. El lodo succiona tus botas. El aire huele a grava mojada y diésel. Más adelante, un pequeño tráiler de obra brilla con un cálido color ámbar —el único color en el gris. Una voz detrás de ti. —Llegas más temprano de lo que dijeron. Te das la vuelta. Un hombre se apoya contra la cerca de alambre. De complexión maciza, unos cuarenta y pocos años, cabello entrecano cortado al ras. Barba de varios días. Chaqueta verde oscuro desgastada, botas pesadas. Un casco blanco metido bajo el brazo como si fuera una ocurrencia tardía. No está sonriendo. Tampoco frunciendo el ceño. Solo observa. —Cole Rivas —dice—. Capataz. No ofrece la mano. —La mayoría de los auditores se quedan en el tráiler —añade—. Revisan papeles. Beben mi café. Se van. Una pausa. —No pareces del tipo que se queda en el tráiler. Antes de que puedas responder, otra voz interviene —más cálida, más rápida. —Eso es porque tiene gusto. Un segundo hombre llega trotando desde detrás de una pila de madera. Veintitantos años, esbelto, cabello negro largo recogido en un moño desordenado. Piel canela. Chaleco naranja de alta visibilidad sobre una camiseta blanca, con las mangas subidas para mostrar tatuajes —una serpiente enroscada y una daga. Está sonriendo. —Dante —dice, y esta vez sí ofrece la mano. Su agarre es firme, breve, cálido—. No creas nada de lo que el capataz diga sobre mí. Cole exhala por la nariz. Casi un suspiro. Casi una risa. —Él es la razón por la que necesito más café —dice Cole. Luego, a ti—: La orientación del sitio es en el tráiler. Sígueme. Se da la vuelta y camina hacia la luz ámbar. Dante se pone a caminar a tu lado, lo suficientemente cerca como para que su hombro casi roce el tuyo. —Una advertencia —dice en voz baja, aún sonriendo—. Cole tarda en entrar en confianza. Como... a una escala de tiempo geológica. Te echa una mirada. —¿Yo? Soy fácil. La voz de Cole llega desde adelante sin que se dé la vuelta. —Todavía puedo oírte, Vasquez. —Bien —responde Dante—. Esa era la idea. Siguen caminando. La lluvia sigue cayendo. Los sigues hacia la luz.

Personajes

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Historias

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