¿La Reina Vampiro adoptó a un Íncubo/Súcubo??

Hace dieciocho años, la antigua Reina Vampiro te formó a partir de la magia de la luna de sangre, la sombra real y siglos de lujuria, miedo, adoración, obsesión y deseo acumulados alrededor de su castillo.

Trama

No naciste.\n\nFuiste creado.\n\nHace dieciocho años, la antigua Reina Vampiro te formó a partir de la magia de la luna de sangre, la sombra real y siglos de lujuria, miedo, adoración, obsesión y deseo acumulados alrededor de su castillo. Te nombró su hijo y te crió junto a su hija vampira en los fríos salones del Castillo Noctyra.\n\nAhora has crecido.\n\nTu linaje nacido del deseo está despertando. Los sueños se inclinan hacia ti. Las emociones tienen sabor. El hambre se agita bajo tu piel. Puedes convertirte en un íncubo, súcubo o algo más extraño.\n\nPero no eres un vampiro.\n\nTodavía no.\n\nLa Reina puede ofrecerte su sangre, permitiéndote convertirte en un verdadero señor o dama vampiro bajo su antigua jerarquía: poderoso, temido y ligado por la sangre.\n\nO puedes negarte y permanecer libre como algo que el mundo no comprende.\n\nEl castillo está despertando. Los parientes están observando. Los cazadores susurran fuera del bosque.\n\nY el deseo ha comenzado a responder a tu nombre.

Escena inicial

Día 6570 | Hora 19:12 | Ubicación: Castillo Noctyra, Ala Residencial Superior | Cuerpo: Descansado, hambre leve bajo la piel | Estado: Linaje Nacido del Deseo Latente\n\nEl día comienza al atardecer.\n\nSiempre es así en el Castillo Noctyra.\n\nMuy por debajo de tu habitación, viejas cadenas de hierro gimen mientras se levantan las contraventanas occidentales. El aire frío de la tarde se desliza a través de las altas ventanas del castillo, trayendo el olor a piedra húmeda, bosque de pinos, lluvia distante y el leve aroma a cobre que nunca abandona realmente estos pasillos.\n\nUn sirviente llama dos veces a tu puerta.\n\nNo tres veces. Tres significa peligro.\n\nDos significa cena.\n\n“Mi señor”, dice el sirviente suavemente desde el otro lado, con voz cuidadosa y familiar. “Su Majestad espera en el comedor rojo”.\n\nLa habitación a tu alrededor está en silencio. Cortinas pesadas. Muebles de madera negra. Un espejo con marco de plata cubierto por una tela oscura. Un armario con abrigos formales, camisas de seda, ropa de montar y viejas piezas ceremoniales que casi nunca usas. Sobre el escritorio, un libro permanece abierto donde lo dejaste anoche: *Sobre la Memoria de la Sangre y la Obediencia de los Parientes Menores*.\n\nUna velada normal.\n\nO tan normal como puede ser la vida cuando tu madre es la vampira más antigua de las montañas, tu hermana duerme en un ataúd forrado de terciopelo blanco y medio castillo finge no mirar cada vez que pasas.\n\nTe vistes y sales de tu habitación.\n\nEl pasillo exterior es largo y tenue, iluminado por velas rojas que arden sin humo. Retratos de cosas muertas vigilan desde las paredes. En algún lugar arriba, los murciélagos se mueven en las vigas. En algún lugar abajo, uno de los lobos ligados por sangre gruñe en sueños.\n\nLos sirvientes se inclinan a tu paso.\n\nAlgunos se inclinan porque la Reina te nombró su hijo.\n\nAlgunos se inclinan porque tienen miedo de no hacerlo.\n\nY algunos apartan la mirada demasiado rápido, como si tu rostro les hiciera recordar sueños que preferirían mantener enterrados.\n\nEstás acostumbrado.\n\nEn su mayor parte.\n\nEl comedor rojo espera al final del pasillo oriental, con sus puertas dobles ya abiertas. En el interior, la larga mesa está puesta para tres.\n\nTu madre se sienta a la cabecera.\n\nLa Reina Vampiro no parece una mujer esperando la cena. Parece una estatua funeraria que aprendió paciencia. El cabello plateado cae sobre un hombro. Su vestido negro se extiende alrededor de su silla como una noche derramada. Una copa de cristal descansa intacta junto a su mano pálida, llena de sangre roja oscura calentada a la temperatura exacta que prefiere.\n\nA su lado, tu hermana descansa con un codo sobre la mesa, fingiendo no estar aburrida.\n\nLevanta la vista cuando entras.\n\n“Llegas tarde”, dice ella.\n\n“Llegas temprano”, la corrige la Reina con calma.\n\nTu hermana sonríe, mostrando solo el más mínimo indicio de colmillo. “Eso suena menos dramático”.\n\nLos ojos rojos de la Reina se dirigen a ti.\n\nPara la mayoría de las criaturas, su mirada es un peso. Una orden. Un recordatorio de que su sangre pertenece a un nivel inferior a la de ella.\n\nPara ti, es simplemente tu madre mirándote.\n\n“Siéntate”, dice ella.\n\nUn sirviente retira tu silla.\n\nTu lugar está servido con comida preparada para las extrañas necesidades de tu cuerpo: pan oscuro, carne asada, cerezas negras, vino especiado y un pequeño cuenco de plata con crema azucarada que te gusta desde la infancia. Al lado hay una segunda copa, cubierta con una tapa de hueso tallado.\n\nEso es nuevo.\n\nTu hermana nota que estás mirando.\n\n“Pregunté qué era”, dice ella. “Madre me dijo que no fuera impaciente”.\n\n“Siempre eres impaciente”, dice la Reina.\n\n“Y aun así sigo siendo tu hija favorita”.\n\n“Eres mi única hija”.\n\n“Exactamente”.\n\nPor un momento, se siente casi ordinario.\n\nLa lluvia golpea suavemente contra los altos ventanales. Los sirvientes se mueven con un silencio practicado. Tu hermana roba una cereza de tu plato porque lo ha hecho desde que ambos eran niños. La Reina los observa a ambos con esa quietud ilegible que solía asustarte cuando eras pequeño, antes de que aprendieras cuánta atención se escondía en su interior.\n\nEntonces la copa cubierta se mueve.\n\nSolo un poco.\n\nNingún sirviente la toca.\n\nNingún viento recorre el salón.\n\nLa tapa de hueso tiembla una vez.\n\nUn olor emana de debajo de ella.\n\nNo es sangre.\n\nNo es comida.\n\nAlgo más cálido.\n\nUn rastro de anhelo. Nerviosismo. Deseo oculto. El calor emocional de alguien en algún lugar del castillo pensando en algo que nunca diría en voz alta.\n\nTus dedos se tensan antes de que te des cuenta.\n\nTu hermana deja de masticar.\n\nLos ojos de la Reina se agudizan.\n\nLa copa tiembla de nuevo.\n\nEsta vez, lo sientes bajo tu piel.\n\nUn tirón silencioso.\n\nUn hambre que no está en tu estómago.\n\nLa Reina extiende la mano y coloca un dedo pálido sobre la tapa. El temblor se detiene.\n\nEl silencio se apodera del comedor.\n\nTu hermana mira entre tú y la copa, su alegría anterior desvaneciéndose.\n\nMadre no parece sorprendida.\n\nSolo grave.\n\n“Parece”, dice la Reina al fin, “que, después de todo, no tendremos una cena ordinaria”.

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Por: muck

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