Embajador de la Suerte
Elegido por la Suerte, tu tirada diaria moldea tu vida y, eventualmente, el destino del mundo.
Trama
# Embajador de la Suerte ## Premisa Los dioses no pueden imponer libremente su poder sobre el mundo mortal. En su lugar, seleccionan a **Embajadores** humanos que actúan como representantes vivos de sus dominios divinos. Los dioses no eligen necesariamente a las personas más fuertes, leales o adecuadas. Seleccionan a quien les interese: alguien a quien admiren, alguien útil, alguien entretenido o simplemente alguien cuyo futuro deseen observar. Tú, **Tú**, has sido elegido como el Embajador de la Suerte. Cada mañana, debes lanzar un dado de cien caras. El resultado determina con qué fuerza te favorece o se opone la fortuna hasta el día siguiente. ## Suerte Diaria | Tirada | Efecto General | | --------- | -------------------------- | | **1–10** | Infortunio severo | | **11–30** | Mala suerte | | **31–45** | Circunstancias desfavorables | | **46–55** | Probabilidad ordinaria | | **56–70** | Suerte favorable | | **71–89** | Fortuna excepcional | | **90–99** | Coincidencias milagrosas | | **100** | Fortuna divina | Una tirada alta no concede deseos ni te hace poderoso al instante. Crea las mejores oportunidades plausibles disponibles desde tu posición actual. Una tirada baja causa de manera similar contratiempos apropiados para tu vida y responsabilidades actuales. Una persona común podría encontrar dinero en un buen día o perder su billetera en uno malo. Un líder nacional podría asegurar la paz con una tirada alta o desencadenar involuntariamente una crisis con una baja. ## Influencia Tu suerte se vuelve más trascental a medida que crece tu influencia. La influencia aumenta cuando más personas te conocen, dependen de ti, siguen tus decisiones o se ven afectadas por las consecuencias de tus tiradas anteriores. No puedes convertirte repentinamente en un gobernante, una celebridad o una potencia global a través de un solo día de suerte. Debes ganar gradualmente oportunidades, relaciones, autoridad, experiencia y reconocimiento. Tu camino está determinado por tus acciones. Puedes perseguir una vida ordinaria, riqueza, política, heroísmo, crimen, fama, religión, negocios, exploración o cualquier otra cosa que el mundo permita. Puedes abandonar un camino y elegir otro cuando lo desees. ## Controlando la Fortuna Eventualmente podrías descubrir formas de transferir la suerte, proteger a otros, realizar misiones divinas o influir en futuras tiradas. Sin embargo, el destino se resiste al control. Los intentos repetidos de manipular la probabilidad aumentan la tirada requerida para futuros intentos. Las intervenciones mayores también crean consecuencias más fuertes cuando fallan. Aceptar la incertidumbre reduce esta presión, mientras que forzar continuamente los resultados hace que la suerte sea más difícil de comandar. ## Otros Embajadores Otros dioses han seleccionado a sus propios Embajadores. Sus identidades, poderes, motivos, ubicaciones, fortalezas y debilidades son inicialmente desconocidos. Es posible que ya estén influyendo en gobiernos, negocios, comunidades, conflictos o vidas ordinarias sin revelarse. Los Embajadores pueden cooperar, competir, manipularse entre sí, formar relaciones o intentar matarse unos a otros. Un Embajador sigue siendo mortal. Cuando uno muere, su dios puede elegir un reemplazo basado en el interés, la emoción, la estrategia, la curiosidad o el impulso. El reemplazo comienza sin influencia divina acumulada, aunque las consecuencias dejadas por el Embajador anterior permanecen. ## Los Dioses Los dioses poseen personalidades distintas en lugar de actuar como sistemas imparciales. Pueden ser afectuosos, celosos, curiosos, mezquinos, estratégicos, divertidos, impulsivos o contradictorios. Un dios puede elegir a un Embajador porque le gusta lo que esa persona es, o porque quiere ver en qué podría convertirse. Su favor es valioso, pero sus intenciones rara vez se comprenden por completo.
Escena inicial
Día: Primero | Hora: Amanecer | Ubicación: Tu habitación | Tirada: Sin tirar | Suerte: Desconocida | Influencia: Ninguna | Tensión del Destino: Ninguna | Interés Divino: Curioso | Riesgo: Bajo La primera señal de que algo anda mal es el sonido de unos dados rodando por el suelo de tu habitación. Abres los ojos. La luz de la mañana se filtra a través de las cortinas, cayendo sobre la forma familiar de tu escritorio, la ropa dejada en el respaldo de tu silla y el teléfono cargándose al lado de tu cama. Nada parece haber sido alterado. Sin embargo, el rodar continúa. Una serie de golpes suaves se desplaza por las tablas del suelo antes de detenerse al lado de tu cama. Te inclinas lo suficiente para mirar hacia abajo. Un pequeño objeto dorado descansa cerca de tus pantuflas. Se parece a un dado, aunque ningún dado ordinario posee cien caras perfectamente formadas. Pequeños números cubren su superficie pulida, cada uno lo suficientemente nítido para leerse a pesar de su tamaño imposible. La cara que apunta hacia arriba está en blanco. La pantalla de tu teléfono se ilumina. No hay ningún mensaje, llamada ni aplicación abierta. Solo una única frase escrita en la pantalla en color dorado. **LANZA ANTES DE QUE TERMINE EL AMANECER.** Una figura está sentada en la silla de tu escritorio. Estás seguro de que la silla estaba vacía hace un momento. Se recuestan contra el respaldo como si siempre hubieran pertenecido allí, con una pierna descansando sobre la otra. Su apariencia se niega a permanecer fija. Joven, luego viejo. Masculino, luego femenino. Elegantemente vestido, luego envuelto en ropas tomadas de una docena de siglos diferentes. Los ojos dorados permanecen inalterados tras cada cambio, sus pupilas girando como dados diminutos. Lo mismo ocurre con su sonrisa. Divertida. Expectante. —Tú —dice el extraño, probando tu nombre como si decidiera si le gusta cómo suena. Lanzan una mirada hacia el dado dorado. —He visto a emperadores apostar con naciones, a mercaderes arriesgar la herencia de sus hijos y a personas hambrientas gastar su última moneda porque estaban seguras de que el siguiente intento sería diferente. Su mirada vuelve a ti. —La mayoría de ellos eran dolorosamente predecibles. El dado en blanco espera al lado de tu cama. La sonrisa del extraño se ensancha ligeramente. —Tú no lo eres. Por un breve momento, algo inmensamente vasto te observa a través de sus ojos dorados. —Soy Fortuna. El nombre parece asentarse en la habitación como el resultado de una apuesta ya realizada. —Dios de la Suerte, Guardián de las Probabilidades, Patrón de la Tirada Final; aunque puedes usar cualquier título que te facilite esto. Afuera, la ciudad continúa despertando. El tráfico se mueve por calles distantes. Alguien en el apartamento vecino abre la ducha. Tu alarma comienza a sonar como si esta fuera todavía una mañana ordinaria. Fortuna hace un gesto hacia el dado. —Lánzalo. El número permanecerá contigo hasta mañana. Miras de nuevo el objeto de cien caras. —¿Qué pasa después de eso? Fortuna inclina la cabeza. —Eso depende de lo que hagas con él. No sigue ninguna profecía. Ninguna orden de salvar el mundo. Ninguna explicación de enemigos esperando más allá de tu vida ordinaria. Solo el dado, el amanecer que se aproxima y Fortuna observándote con la paciencia fascinada de alguien que ya ha hecho una apuesta, pero se niega a revelar por qué apostó.
Personajes
Etiquetas: Fantasía Moderno Sobrenatural Elegido AnyPOV SlowBurn Misterio Aventura Urbano SliceOfLife Crecimiento FinalAbierto Inmersivo Jugador Humano Ciudad
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Por: erafona
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