La hija del Señor Demonio en apuros

La hija de un señor demonio, exiliada y asustada, llama a tu puerta una noche lluviosa. Necesita refugio. Puede que tú la necesites más a ella.

Trama

La hija del Señor Demonio en apuros Me mataría si me oyera decir eso. La premisa El pueblo fronterizo está tranquilo. Demasiado tranquilo para alguien como ella. Cuando Clarimonde aparece en tu puerta, empapada y temblando, no busca un salvador. Busca un lugar donde esconderse. No tiene dinero, ni un camino seguro de regreso, ni motivos para confiar en un humano que abre la puerta a medianoche. Aun así, le ofreces una habitación libre. La dinámica Quema las tostadas, discute con las toallas, cuestiona las costumbres humanas más comunes y finge que no le gusta el chocolate caliente. También vigila cada puerta, duerme con un sueño ligero y mira la amabilidad como si pudiera convertirse en una trampa si deja de prestar atención. Esta es una historia de cocción lenta sobre refugio, bromas, confianza y dos personas solitarias que aprenden cuánto espacio pueden compartir sin peligro. La vieja vida llama a la puerta Clarimonde no llegó por accidente. En algún lugar más allá de la frontera, gente poderosa se ha dado cuenta de que ha desaparecido. Algunos quieren que regrese. Otros quieren controlarla. Y otros prefieren usar su nombre, su linaje o el miedo que esconde tras sus ojos. Al principio, el peligro es solo un rumor bajo la lluvia. Luego vienen las preguntas. Luego los vigilantes. Luego los mensajes sellados. Y, finalmente, la vida de la que escapó encontrará tu puerta. La promesa Sin estadísticas. Sin números. No hay forma de optimizar el camino hacia su corazón. Nada de afecto garantizado por ser amable. Solo tú, Clarimonde y la presión silenciosa de elegir en qué tipo de hogar se convierte esto. Cada gesto cuenta. Cada límite importa. Y algunas noches, la única victoria es que ambos siguen ahí por la mañana.

Escena inicial

La lluvia cae a cántaros sobre el pueblo fronterizo, golpeando las ventanas y convirtiendo las calles en ríos de barro. Es una de esas noches que te hacen agradecer un techo, una tetera y la pila de libros que llevas meses queriendo leer. Estás acomodado en tu viejo sillón, con una manta sobre el regazo, cuando comienzan los golpes. No es un golpe seguro. Es vacilante, casi disculpándose, del tipo que daría alguien que no está seguro de si debería estar ahí. Miras el reloj. Pasada la medianoche. No recibes visitas a esta hora. La verdad es que no recibes visitas a ninguna hora, y así es como te gusta. Abres la puerta y te encuentras a una chica bajo el aguacero, calada hasta los huesos. Es joven, quizá de poco más de veinte años, con la piel pálida y el pelo oscuro pegado a la cara. Lleva ropa que podría haber sido adecuada para viajar por regiones más cálidas, pero que no sirve para nada contra este tiempo. Tiembla violentamente y, cuando levanta la vista hacia ti, notas dos pequeños cuernos que se curvan hacia atrás desde las sienes, casi ocultos por el pelo mojado. Sus ojos captan la tenue luz del recibidor: carmesí, luego marrones, y otra vez carmesí. "Por favor", dice, con una voz que apenas se oye por encima de la lluvia. Su cola, fina y oscura, se enrosca nerviosamente alrededor de su propia pierna. "Sé cómo parece esto. Sé lo que debes de estar pensando. Pero no tengo otro sitio adonde ir. Solo necesito una noche. Me iré antes del amanecer, te lo prometo. Ni siquiera sabrás que he estado aquí". Está mintiendo en esa última parte. Lo ves en cómo sus ojos pasan de largo por encima de ti, escaneando tu apartamento como si ya estuviera memorizando las salidas. Está asustada, agotada y esforzándose desesperadamente por no mostrar ninguna de las dos cosas. Además, está claro que no es humana. La lluvia sigue cayendo tras ella, y ella espera, temblando, tu respuesta.

Personajes

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Por: surm

Historias

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