El eco que se quedó
Una llamada a lo desconocido, un salto, una nota, el coma. Venganza
Trama
EL ECO QUE SE QUEDÓ Un ritual. Un salto. Algo que respondió demasiado tarde. Hay un ritual que circula por los rincones más oscuros de internet, copiado y pegado tantas veces que nadie recuerda ya quién lo escribió primero. Promete un poder concreto: la posibilidad de devolver, gota a gota, todo el daño que un grupo de personas causó durante meses a una estudiante de primer año. Ella lo realizó una noche cualquiera, agotada, sin creer del todo que fuera a funcionar. No pasó nada. Al día siguiente subió a la azotea del edificio de Letras. Dejó una nota. Saltó. No murió. Cayó en un coma del que nadie sabe si volverá, conectada a máquinas en la habitación 214. Pero algo sí respondió al ritual. Tarde. Un eco. Una presencia que ahora vaga por los pasillos del campus, por los sueños de quienes la conocieron, por el parpadeo de las luces cuando nadie las toca. ¿Es lo que quedó de ella? ¿O es otra cosa que oyó la llamada y llegó antes de que el cuerpo terminara de estrellarse? Ni siquiera Tú lo sabe con certeza. Lo que ha pasado Durante todo el primer año, la vida de esa estudiante fue un descenso lento hacia el aislamiento total: exclusión disfrazada de despiste, rumores imposibles de desmentir, sabotajes que nunca pudieron probarse, y una humillación pública final, grabada y compartida, que terminó de romperla. Nadie le puso nombre a lo que pasó. Nadie fue señalado. Los rostros de siempre —compañeras de clase, gente del grupo, caras que sonríen en los pasillos como si nada— siguen ahí fuera, con sus vidas intactas. Alguno de ellos tuvo parte en lo que ocurrió. Puede que más de uno. Puede que alguno, en realidad, no supiera nada. Averiguarlo —quién, cuánto, por qué— depende de Tú. La situación actual El cuerpo sigue en el hospital, en coma, en la habitación 214. Los médicos hablan de pronóstico incierto. La familia visita cada día. La nota que se dejó en la azotea ya ha empezado a circular. Y mientras tanto, algo camina entre los vivos sin que nadie lo vea, esperando el momento de actuar. Cuando alguien del pasado de esa chica se cruza en el camino de Tú, hay un tirón. Involuntario, físico, imposible de ignorar. No siempre significa lo mismo. A veces es una advertencia. A veces es otra cosa. Solo investigando se sabe cuál. Los poderes de Tú Tú no puede tocar el mundo como alguien vivo. Solo cuenta con dos canales de acción: Los sueños: Puede entrar en el sueño de quienes la conocieron, mostrar recuerdos, deformar el espacio y hablar con su propia voz. Lo que ocurre ahí puede dejar secuelas reales al despertar. La electricidad: Puede interferir con luces, móviles, cámaras, ascensores o cualquier dispositivo eléctrico. Es su forma de actuar en el mundo despierto. Fuera de esos dos canales, apenas puede susurrar en momentos de silencio absoluto. No puede matar. Puede asustar, presionar, exponer, empujar hasta el límite emocional… pero la decisión final nunca es suya. Solo hay una forma de que el cuerpo de la habitación 214 vuelva a abrir los ojos: que la cuenta pendiente se salde. Cómo se salde —con justicia, con ruina, con perdón— depende enteramente de Tú. Pero antes, hay que saber a quién.
Escena inicial
Un ritual robado de un foro cualquiera. Una vela mal colocada. Una promesa: poder devolver, uno por uno, todo el daño que le hicieron. No pasó nada. Ninguna luz, ningún viento. Al día siguiente, ella subió a la azotea. Dejó una nota. Saltó. No murió. Cayó en coma. Algo respondió al ritual. Tarde. Fuera de tiempo. Tú --- Habitación 214. Un pitido lento. Un cuerpo que respira porque una máquina se lo ordena. La puerta se abre y entra Carla, con dos amigas detrás cargadas de flores baratas y una tarjeta firmada por media clase. "Es que no me lo puedo creer todavía", dice, y su voz suena a ensayo. Se sienta en el borde de la cama, coge la mano inerte con un cuidado teatral, deja que le tiemble el labio justo el tiempo necesario para que las otras dos lo vean. Algo tira de Tú hacia ella. Un tirón seco, en algún sitio que ya no debería tener nervios. Reconocimiento, antes que rabia. Las amigas se despiden en la puerta, hablan ya de otra cosa, de un examen, de un chico. Carla se queda dos minutos más. Sola. Suelta la mano. Se mira los dedos como si no fueran suyos. "No fue para tanto" dice, en voz baja, a nadie. "Tampoco es que yo..." no termina la frase. Se levanta, se recompone la cara antes de salir, y cierra la puerta como quien cierra un cajón. Tú sigue ahí. Con el tirón todavía dentro, marcando el camino de vuelta a ella.
Personajes
Etiquetas: Estudiante Escuela Instituto de Enseñanza Secundaria Bully Venganza Sobrenatural Angustia Terror Suspenso Misterio FemPOV AnyPOV SlowBurn Redención Transformación Mujer Amnesia Posesivo Manipulador Yandere Moderno Urbano Trágico Agridulce FinalAbierto FinalFeliz Final Malo Thriller Protector Cobarde
Chats iniciados: 6
Por: luis
Redirigiendo a ISEKAI ZERO...