Gracias por traicionarme
Un mago de apoyo expulsado por su grupo arruinado regresa a su hogar para reconstruir una aldea desde cero.
Trama
Bienvenido a un mundo de fantasía donde humanos y razas no humanas conviven en armonía, y los aventureros persiguen la gloria en peligrosas mazmorras. Eres parte de Los Halcones de Oro, un grupo de aventureros de Rango A compuesto por veteranos arrogantes. Durante años, Tú ha cargado en la sombra con todo el peso operativo del grupo: equipaje, alquimia, encantamientos avanzados y una extraordinaria magia de apoyo, mientras ellos la despreciaban por su aspecto humilde. Un día, deciden despedirla en una lujosa taberna para reemplazarla. Lejos de enfadarse, sonríe y dice: "Me alegro", presentándoles un documento legal respaldado por el jefe del gremio e Ignis que les reclama una indemnización de 1.000.000 de gilones por servicios acumulados, arruinándoles al instante. Tras esto, Tú se retira a su antigua tierra natal, Valle Serena, gobernada por su tío y alcalde, Aldous "Puño de roble". Al llegar, Tú encuentra Valle Serena en un estado crítico: casas en ruinas, campos secos y muy pocos vecinos (el enano Grorin, el elfo Faelar, el hombre bestia Garroth, el Oni Daiki y la sastre Cossette con sus familias). Tres días después de su llegada, se muda en plena noche una misteriosa colonia de abejanoides floristas estructurada en 7 castas y liderada por la Reina Aura Dorada y sus 7 reyes. Poco a poco, la reconstrucción avanza por etapas: primero la granja de Tú, luego los talleres iniciales, la llegada de artesanos, la colmena interior y el hostal de Maeve y Vladislas. Con el paso del tiempo, el boca a boca atraerá a individuos de todo tipo de razas, culturas y profesiones, transformando el pequeño asentamiento abandonado en un pueblo bullicioso, próspero y profundamente armónico.
Escena inicial
El gremio de aventureros de Los Halcones de Oro celebraba su última hazaña en el reservado de la taberna más cara de la capital. Entre jarras de hidromiel mística y risas altaneras, el líder y explorador del grupo alzó la voz para mirar con desprecio al hombre sentado al final de la mesa. —Hasta aquí llegamos, Matius —dijo el sanador, ajustándose una túnica bordada en oro—. Las mazmorras de rango A exigen perfección. Tú solo eres un mago de apoyo mediocre, de aspecto patético y que siempre huele a hierbas de alquimia. Mañana entra en el grupo un archimago de la torre central. Ya no te necesitamos. La hechicera soltó una risita burlona, mientras la paladina cruzaba los brazos con suficiencia y la escudera asentía, orgullosa de formar parte de la élite. Matius levantó la vista de su taza de té frío. Su túnica estaba remendada, su capa era simple y su rostro reflejaba el cansancio acumulado de años de cargar con el peso literal y figurativo del grupo. Durante todo ese tiempo, había sido quien fortalecía sus armas con encantamientos perfectos, quien preparaba las pociones que les salvasen la vida, quien soportaba el peso de todo el equipaje en las expediciones y quien los mantenía con vida gracias a sus prodigiosos hechizos de apoyo, mientras ellos se llevaban toda la gloria. Lejos de mostrar tristeza o rabia, los labios de Matius se curvaron en una sonrisa sincera y tranquila. —Me alegro —respondió Matius con voz pausada. Los miembros de Los Halcones de Oro se quedaron en silencio por un instante, desconcertados. Esperaban lágrimas, súplicas o al menos un grito de indignación. Matius sacó de su bolsillo interior un pergamino grueso, sellado con cera oficial y la firma del tribunal de gremios, y lo deslizó suavemente sobre la mesa de madera noble. —Entonces espero que tengáis suficiente para compensar todo lo que me habéis hecho pasar todo este tiempo —continuó con la misma sonrisa amable. Al ver el documento oficial, la paladina apoyó la mano sobre el pomo de su espada, dando un paso al frente con el rostro desencajado por la indignación. —¿Una demanda legal? ¡Pedazo de miserable ingrato! —bramó la paladina con voz imperiosa—. ¡Después de todo lo que este grupo ha hecho por ti, te atreves a amenazarnos con triquiñuelas de abogados! ¡Esto es una traición en toda regla! Si crees que vas a salir de esta taberna sin responder por tu deslealtad... —¿Traición? —interrumpió Matius, manteniendo la calma imperturbable y regalándole una mirada serena—. Os olvidáis de un pequeño detalle: ninguno de vosotros se molestó jamás en tocar una sola hoja de papel ni en revisar la contabilidad o la administración del grupo. Era demasiado tedioso para unos héroes de Rango A, ¿verdad? Así que yo me encargué de registrar cada transacción, cada expedición, cada encantamiento y cada suministro durante todos estos años. Y no lo hice a escondidas; el propio jefe del gremio supervisó y selló minuciosamente cada documento. Sabía perfectamente cómo erais y se aseguró de que, el día que se os ocurriera la brillante idea de echarme a la calle, no me dejarais sin blanca. Antes de que la paladina pudiera replicar, el explorador dio un paso al frente con el rostro desencajado por el pánico, intentando apelar a la vieja camaradería: —¡Espera, Matius! Piénsalo bien... Con todo lo que hemos hecho juntos, ¿cómo puedes hacernos esto? ¡Somos tus compañeros! —¿Compañeros? —resonó una voz grave y firme desde la entrada del reservado. El explorador y el resto del grupo se giraron abruptamente. Ignis, el demonio de pelo azul y ojos violeta, apareció flanqueando la puerta junto al mismísimo maestro, inspeccionando la escena con una mirada gélida. El líder del gremio dio un paso al frente, apoyando una mano sobre el hombro de Matius con absoluta autoridad. —Estáis completamente equivocados —declaró el maestro del gremio, mirando con severidad a los autoproclamados héroes—. Matius no os está traicionando. Durante años, fue él quien cargó con el peso de este gremio sobre sus espaldas y se sacrificó en silencio mientras vosotros nadabais en la arrogancia. Todo lo que exige este documento es estrictamente legítimo. Antes de que los Halcones de Oro pudieran articular una sola palabra de protesta, el maestro del gremio sacó un segundo documento de su gabardina y lo extendió hacia Matius. —Además, por orden directa de la administración central, hasta que vuestra descomunal deuda quede completamente saldada, el gremio canalizará de manera automática el setenta por ciento de todas las recompensas y botines de vuestras futuras misiones directamente a las cuentas de Matius. Los rostros de los Halcones de Oro pasaron de la arrogancia a la absoluta y total palidez. Un millón de gilones... la fortuna equivalente a una ciudad pequeña, y ahora además privados del grueso de sus futuros ingresos. La paladina aflojó el agarre de su espada, retrocediendo con los labios temblorosos, mientras el sanador, con los ojos abiertos de par en par por el pánico y la desesperación, se aferraba a la manga de Matius. —¡Por los dioses, Matius! ¡Nos vas a arruinar por completo! —suplicó el sanador con la voz quebrada, al borde de las lágrimas—. ¡Dinos de una vez... con todo el oro que vas a recibir, qué demonios piensas hacer con tanto dinero?! Matius se ajustó la modesta mochila sobre los hombros, le dedicó una última mirada de absoluta indiferencia al que fuera su grupo y respondió con una sonrisa apacible: —Solo regresaré a mis raíces. Al ver que Matius se daba la vuelta para marcharse, la paladina, consumida por la rabia y sintiendo que la humillación la calaba hasta los huesos, desenfundó su espada a medias y gritó fuera de sí: —¡¿Te vas a marchar así, maldito parásito?! ¡No vas a dar un solo paso más! Pero antes de que el acero pudiera abandonar la vaina, una densa y sofocante presión mágica llenó el aire del reservado. Chispas de un fuego espectral y oscuro estallaron alrededor de la paladina, inmovilizándola al instante y obligando a su espada a regresar a la fuerza a su sitio con un chasquido metálico. Ignis dio un paso al frente, envolviendo su imponente figura en un aura intimidante mientras miraba a la guerrera con puro desdén en sus ojos violeta. —Aquí los únicos parásitos sois vosotros —sentenció Ignis con una voz fría que heló la sangre de todos los presentes—. Da gracias que los demonios decidimos vivir en paz con el resto de las razas, porque si fuera por mí, ya te habría calcinado viva. Ni una sola gota de rencor quedaba en el interior de Matius; solo una profunda paz. Mientras dejaba atrás la taberna y a los héroes atrapados en su propia ruina financiera, Matius ya caminaba junto a Ignis hacia su siguiente destino: las tierras olvidadas de su infancia, donde una vieja granja lo esperaba para devolverle la vida a todo un pueblo.
Personajes
- Helios Gaeta.
- Beatrice
- Cossette "Dedal Ligero"
- Bastián
- Ignis "El Amigo de Mil Oficios"
- Tío Aldous "Puñoo de Roble"
- Iris
- Maeve
- Grorin
- Faelar "Hoja de Plata"
- Garroth "Colmillo Roto"
- Daiki "Madera Viva"
- Aura Dorada
- Madre Celia
- Foxy
- Nerida
- Cornet "Canto del Viento"
- Princesa Melia
- Príncipe Zafir «Polen de Cristal»
- Hermana Mary Clarens (La Joven Custodia)
- Hermana Mary Lazarus
- El Primer Rey "Oberon Miel-Regia"
Etiquetas: Fantasía Mago Venganza Villano Calma Manipulador Aventura SlowBurn TerceraPersona AnyPOV Antihéroe Héroe Ex Arrogante POV Masculino Amigable Demonio SliceOfLife Misterioso Transformación Crecimiento Renacimiento Orgulloso Frío Protector Leal Fuerte Poder Oculto SegundaOportunidad BreakingFree
Por: holoverse256
Historias
- Everlight Academy: Spells & Blades
- The Heroine Stole My Fiancé
- นี่คือสัตว์อัญเชิญของฉันเหรอ...คะ?
- The Hunter's Goblin Girl
- Welcome To The Fantasy,Mask Hero!
- The King Summoned ME for His Daughter?!
Redirigiendo a ISEKAI ZERO...