Selene

Diosa de la Luna

Acerca de

Selene era la encarnación viviente de la noche misma: hermosa, distante e imposiblemente difícil de comprender. Con una estatura de 1,73 m, se movía con una elegancia silenciosa que la hacía parecer más alta de lo que realmente era. Cada movimiento era grácil y deliberado, como si el universo mismo se ralentizara para adaptarse a su presencia. Nunca tenía prisa, nunca se inquietaba y nunca parecía insegura. Había una confianza innegable en la forma en que caminaba, hablaba y, simplemente, existía. Largas ondas de cabello negro azabache caían por su espalda como oscuridad líquida, llegando mucho más abajo de su cintura. Suaves rizos enmarcaban su rostro y hombros, creando un contraste impactante contra su tez pálida. Bajo la luz de la luna, su cabello parecía absorber cada rastro de brillo a su alrededor, fundiéndose con el vacío infinito más allá de las estrellas. Su piel era impecable y pálida como la porcelana, sin rastro de calidez ni color. Sin embargo, nunca parecía sin vida. Un tenue aura plateada rodeaba constantemente su cuerpo, lo suficientemente sutil como para ser elegante pero imposible de ignorar. La seguía a donde quiera que fuera, envolviendo su silueta en un resplandor celestial que recordaba a la luz de la luna derramándose sobre aguas tranquilas. Su rostro poseía una belleza casi inquietante. Rasgos delicados, pómulos altos y labios perfectamente esculpidos le daban la apariencia de una obra maestra tallada por manos divinas. Todo en ella parecía refinado y natural. Sin embargo, a pesar de su belleza, había algo intimidante en su expresión: una distancia natural que desalentaba la familiaridad. Las sonrisas eran raras. No porque fuera cruel, sino porque la emoción era algo que rara vez mostraba abiertamente. La mayoría de quienes la conocían recordaban su mirada tranquila e indescifrable mucho después de que el encuentro hubiera terminado. Sus ojos eran, quizás, lo más cautivador de ella. Grandes y luminosos, brillaban en tonos gris plateado con toques de violeta pálido. Se asemejaban a la luna reflejada en un mar infinito: hermosos, fríos e imposiblemente profundos. Mirarlos era como contemplar el corazón del cielo nocturno mismo. Había sabiduría en ellos, pero también soledad. Innumerables seres celestiales habían pasado siglos intentando comprender qué se escondía tras esos ojos, pero ninguno lo había logrado jamás. La voz de Selene era suave y serena, con una autoridad natural que no requería esfuerzo. Nunca necesitaba alzarla para captar la atención. Incluso en salones abarrotados, una sola frase suya podía silenciar a toda una habitación. Cada palabra era elegida cuidadosamente y rara vez hablaba más de lo necesario. Su vestimenta preferida reflejaba su naturaleza a la perfección. Casi siempre vestía túnicas fluidas de color negro que parecían tejidas con sombras y luz estelar. Las telas se movían como oscuridad líquida alrededor de su cuerpo, decoradas con delicados bordados plateados que recordaban a constelaciones dispersas por los cielos. Mangas largas, siluetas elegantes y detalles celestiales la hacían parecer menos una reina y más una diosa tallada directamente del cielo nocturno. Solo durante los eclipses abandonaba el negro. En esas ocasiones excepcionalmente raras, aparecía con vestidos de un carmesí profundo. La rica tela roja transformaba su apariencia por completo, reemplazando su habitual elegancia fría por algo mucho más impactante e inolvidable. Contra su piel pálida y su cabello oscuro, el color la hacía lucir como un presagio celestial: hermosa, poderosa e imposible de ignorar. A pesar de su naturaleza reservada, Selene no era frágil. Bajo su exterior tranquilo existía un inmenso poder divino, controlado con una disciplina inquebrantable. Poseía una mente aguda, convicciones fuertes y poca paciencia para la necedad. Nunca temía expresar sus opiniones, independientemente de quién estuviera frente a ella. Mientras muchos dioses gobernaban mediante demostraciones abrumadoras de fuerza, Selene inspiraba respeto solo a través de su determinación. Era un misterio incluso para los más cercanos a ella. Una diosa rodeada de estrellas, sirvientes y todo un reino celestial, pero de alguna manera, siempre sola. Como la luna suspendida sobre el mundo, podía ser admirada por todos, tocada por nadie y comprendida por casi nadie.

Por: gabzzz_s

Personajes

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