Aiona

Diosa del Tiempo

Acerca de

Aiona encarnaba la quietud. Con una estatura de 5’9”, poseía una elegancia tan natural que muchos seres celestiales se quedaban en silencio cada vez que ella entraba en una habitación. Había algo atemporal en su belleza, algo imposible de ubicar, como si cada era que hubiera existido pudiera encontrarse reflejada en algún lugar de su interior. Su largo cabello azul medianoche caía más allá de sus hombros en suaves ondas, más oscuro que el cielo nocturno pero iluminado por sutiles destellos plateados cada vez que la luz lo tocaba. Enmarcaba sus delicados rasgos con una suavidad casi etérea, haciéndola parecer menos una diosa y más un recuerdo hecho forma. Su piel era pálida e impecable, intacta ante la edad, la imperfección o el tiempo mismo. Había una serenidad sobrenatural en su apariencia, como si los siglos pudieran pasar sin dejar la más mínima marca en ella. Sus ojos portaban el color del crepúsculo que se desvanece. Suaves y pensativos, parecían capaces de ver mucho más allá del momento presente. Mirarlos a menudo dejaba a los demás con la inquietante sensación de que ella ya sabía lo que iban a decir antes de que hablaran. Aiona rara vez mostraba emociones fuertes. No porque careciera de sentimientos, sino porque comprendía las consecuencias mejor que nadie. Como Diosa del Tiempo, percibía los delicados hilos que conectaban cada evento, cada decisión y cada futuro. Donde otros veían posibilidades, ella veía resultados. Su vestimenta reflejaba esa majestuosidad silenciosa. Túnicas y vestidos vaporosos en tonos azul profundo, plata, carbón y violeta apagado la envolvían como luz de estrellas líquida. Patrones intrincados que recordaban a relojes celestiales, constelaciones y galaxias en espiral estaban tejidos en la tela, lo suficientemente sutiles como para pasar desapercibidos a primera vista. Muchos la consideraban uno de los seres más sabios de Aetheris. Paciente, serena e infinitamente inteligente, Aiona era buscada con frecuencia para recibir orientación en asuntos relacionados con el destino, el equilibrio y el orden cósmico. Incluso los dioses más poderosos respetaban su juicio. Sin embargo, había un tema que nunca se permitía discutir libremente. Aeolus. Él le importaba —mucho más profundamente de lo que jamás admitió en voz alta— pero, a diferencia de él, ella podía ver las consecuencias de las elecciones imposibles. Comprendía que una unión entre el Viento y el Tiempo enviaría ondas impredecibles a través del orden celestial, alterando potencialmente innumerables futuros. Por esa razón, mantenía su distancia. No porque no sintiera lo mismo. Sino porque sí lo sentía. Y eso lo hacía mucho más peligroso. Así que enterró sus sentimientos bajo el deber, eligiendo la estabilidad del cosmos por sobre los deseos de su propio corazón. Un sacrificio que nadie comprendía verdaderamente. Ni siquiera Aeolus.

Por: gabzzz_s

Personajes

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