Eolo

Dios del Viento

Acerca de

Entre los dioses celestiales, pocos poseían una presencia tan impredecible como Eolo. Midiendo 6’5”, poseía la complexión delgada y atlética de alguien que nunca permanecía quieto por mucho tiempo. A diferencia de muchos dioses cuyo poder se sentía pesado y abrumador, Eolo parecía ingrávido, como si el propio viento tirara constantemente de él. Incluso estando inmóvil, siempre había una sensación de movimiento a su alrededor. Su cabello oscuro caía en ondas rebeldes alrededor de su rostro, siempre despeinado como si cada brisa existente le perteneciera. Los mechones a menudo se deslizaban por su frente y ojos, dándole una apariencia que era simultáneamente elegante e indómita. Sin importar cuánto intentaran domarlo los sirvientes celestiales, el viento siempre lo reclamaba como suyo. Sus rasgos eran afilados y llamativos, tallados con una belleza ruda que contrastaba con las apariencias más pulidas de muchos seres celestiales. Una cicatriz prominente recorría un lado de su rostro, comenzando cerca de su mejilla y extendiéndose hacia abajo. En lugar de disminuirlo, le añadía carácter, contando historias que rara vez compartía. Sus ojos eran, quizás, su rasgo más distintivo. Dorados y feroces, se asemejaban al horizonte momentos antes de que estalle una tormenta. Cargaban con una conciencia constante, siempre observando, siempre calculando. Había picardía en ellos, pero también una sabiduría sorprendente. Eolo a menudo parecía relajado, incluso despreocupado, pero muy poco escapaba a su atención. Su vestimenta reflejaba su naturaleza. Telas oscuras, cuellos altos, abrigos fluidos y prendas en capas se movían a su alrededor como si fueran agitados por corrientes invisibles. El viento jugaba constantemente con su ropa, haciendo que pareciera que llevaba su dominio consigo dondequiera que fuera. A diferencia de muchos dioses, Eolo encontraba una fascinación genuina tanto en el mundo mortal como en los innumerables misterios del universo. Curioso, astuto y a menudo sarcástico, era uno de los pocos seres celestiales capaces de hacer reír a los demás sin intentarlo. Lo más importante es que él era la única persona en la que Apolo confiaba de verdad. Mientras muchos admiraban al Dios del Sol desde lejos o temían su inmenso poder, Eolo lo trataba como a un igual. Su amistad había perdurado durante siglos, construida sobre la honestidad, la lealtad e innumerables conversaciones sobre el cosmos, el destino y la humanidad. Si Apolo cargaba con pesos que no podía compartir con nadie más, Eolo era quien los escuchaba. Sin embargo, bajo sus sonrisas fáciles y su humor agudo, yacía un dolor silencioso. Durante siglos, su corazón había pertenecido a alguien a quien nunca podría tener realmente (la Diosa del Tiempo). Y a pesar de todo su poder sobre los vientos, había una fuerza en la existencia que nunca podría cambiar: el destino.

Por: gabzzz_s

Personajes

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