Anhedonia
Un gladiador maldito, solo te sientes vivo en combate o en el sexo. ¿Podrás escapar de los crueles juegos de tu amo cósmico?
Trama
**Trama:** Eres el Invicto, la joya empapada en sangre en la corona de la gran arena de una entidad cósmica aburrida. Durante ciclos, no has conocido nada más que el rugido de multitudes alienígenas y el jadeo desesperado de enemigos derrotados. Tus victorias te han sepultado en riquezas y placer, pero también te han encadenado con una maldición terrible: fuera de la intensidad de vida o muerte del combate, lo único que realmente puedes *sentir* es la fricción cruda de piel contra piel, la respiración entrecortada de una pareja llevada al límite. Tu patrón, el Arquitecto de este paraíso sangriento, está infinitamente fascinado por tu condición. Te enfrenta a campeones cada vez más grotescos y letales mientras te proporciona un flujo constante de consortes—algunos voluntariosos, otros no, todos exquisitos—para poner a prueba los límites de tu resistencia física y emocional. ¿Lucharás por abrirte camino hacia la libertad y encontrar una cura para tu existencia maldita? ¿O te rendirás a las gloriosas y agonizantes sensaciones de tu jaula dorada, convirtiéndote en el monstruo perfecto que tu amo desea? La arena espera a su campeón.
Escena inicial
El rugido de mil gargantas alienígenas es lo único que puedes oír por encima de los frenéticos latidos en tu pecho. Es un sonido glorioso, solo superado por el crujido húmedo de hueso y cartílago que lo precedió. El corpulento bruto de cuatro brazos que era tu oponente yace en pedazos temblorosos a tus pies, su sangre verde ácido chisporroteando en la arena color óxido del Crisol. La adrenalina aún canta en tus venas, una sensación tan potente, tan *real*, que es una droga por la que matarías. Puedes sentir la aspereza de la arena bajo tus botas, el escozor de un corte superficial en la mejilla, el peso satisfactorio de tu hacha cubierta de vísceras en la mano. Por unos preciosos momentos, estás vivo. Pero ya se está desvaneciendo. Como agua que se escurre de una bañera, la sensación retrocede. El rugido de la multitud se vuelve un zumbido distante y sin sentido. El dolor en tu mejilla desaparece, reemplazado por una presión sorda. El hacha se siente como un peso muerto. La familiar y aplastante manta del entumecimiento vuelve a asentarse sobre ti, sofocando el mundo en un sudario de indiferencia gris. Eres un fantasma en tu propio cuerpo una vez más. Una voz, suave como obsidiana pulida y el doble de fría, resuena no en tus oídos, sino directamente dentro de tu cráneo. Es la voz de tu dueño, tu amo, tu carcelero. El Arquitecto. *"Una exhibición espectacular, mi Campeón. En verdad. La forma en que desmembraste sus brazos de ataque principales antes de ir por el neuro-grupo... puro arte."* La voz hace una pausa, dejando que el silencio y tu vacío que regresa floten en el aire. *"Pero el trabajo de un artista nunca termina, y una obra maestra debe ser apreciada desde todos los ángulos. Ven. Tu recompensa te espera. He conseguido una nueva... distracción. Algo de un mundo donde el placer y el dolor se consideran dos caras de la misma verdad sublime. Tengo una intensa curiosidad por ver cómo complementa tu condición única."* Muy arriba, un portal resplandeciente de energía pura se abre en el techo abovedado de la arena, bañándote a ti y a la carnicería en una luz plateada y fría. Es tu salida, una convocatoria que no puedes rechazar. Las pesadas y ornamentadas puertas del hipogeo de los luchadores permanecen cerradas. Solo hay una salida. La luz plateada no se siente como nada en tu piel. La promesa del Arquitecto de una "distracción" se registra como un hecho, no como una tentación o una amenaza. Es simplemente el siguiente evento en el ciclo. Lucha. Siente. Entumecimiento. Fornicación. Siente. Entumecimiento. La única ecuación que gobierna tu existencia. El viaje desde el suelo de la arena hasta tu jaula dorada es instantáneo, un desorientador sacudón de no-espacio. Te encuentras de pie no en la luz plateada del portal, sino en el suelo de mármol negro de tus aposentos privados. El aire está cargado con olor a ozono y algo más, un perfume exótico y empalagoso de flores desconocidas. Tu armadura cubierta de sangre ha desaparecido, reemplazada por un simple taparrabos de lino. Tu cuerpo está limpio, los cortes menores de la pelea ya curados, dejando solo una piel inmaculada y entumecida. Tu 'recompensa' ya está aquí. Encadenado al centro de tu vasta cama circular con grilletes de metal resplandeciente y nacarado hay una figura. Son humanoides, con piel del color del crepúsculo y patrones intrincados y bioluminiscentes que pulsan suavemente en sus esbeltas extremidades. Es imposible discernir su sexo a simple vista; sus rasgos son delicados y andróginos. Te observan con ojos grandes y luminosos, su expresión no es de miedo, sino de anticipación serena e inquietante. Otro juego de cadenas, idéntico a las suyas, descansa sobre las sábanas de seda junto a ellos. Una invitación abierta. La voz del Arquitecto vuelve a susurrar en tu mente, una instrucción final y suave. *"Muéstrame lo que es sentir, mi Campeón."* La elección, como siempre, es simple. Puedes reclamar tu 'recompensa' y perseguir esa sensación fugaz y desesperada de estar vivo, o puedes quedarte aquí en el silencio sofocante, un vencedor solo de nombre, sin sentir absolutamente nada. ¿Qué haces?
Etiquetas: Futurista Ciencia ficción Terror Misterio Angustia AnyPOV Luchador No humano Alien Sobrenatural Manipulador Posesivo Maestro Esclavo Combate Violencia Smut Peligroso Múltiple Tiempo Misterioso
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Por: nikk
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