El ultimo Prisma
Un viajero sin color recorre ciudades corrompidas, enfrentando excesos humanos para decidir si el mundo merece seguir existiendo.
Trama
Cuando Tú abre los ojos, el mundo ya está en marcha. El viento arrastra polvo rojo sobre una carretera interminable y el aire tiene sabor a gasolina vieja. No hay sirenas, no hay explosiones, no hay caos visible. Solo una sensación extraña: llegaste después de que todo ocurriera. No recuerdas tu pasado con claridad. Tu nombre suena distante, como si perteneciera a otra persona. En tu pecho hay una marca circular vacía, una huella donde alguna vez brilló un color que ya no está. No duele… pero sabes que debería. El mundo que te rodea no está destruido. Las ciudades siguen en pie, los edificios aún tienen luces y las personas continúan viviendo. Sin embargo, algo es distinto. La gente sonríe demasiado o no sonríe en absoluto. Trabajan, consumen, obedecen rutinas invisibles. No parecen felices ni tristes; parecen atados a algo que no se ve. Pronto descubres el nombre de ese algo: Devoraformas. Los Devoraformas no son simples monstruos. No invaden, no gobiernan con ejércitos ni gritan su dominio. Se instalan en las ciudades como una costumbre. Representan deseos humanos llevados al extremo: placer, ira, consumo, culpa, fe ciega, nostalgia. Cada ciudad dominada por uno adquiere su propio color artificial, su propio olor en el aire y su propia forma de dependencia. Allí, las personas no sienten cadenas… porque creen haber elegido quedarse. En los caminos escucharás rumores sobre figuras antiguas llamadas Prismas. Dicen que eran héroes asociados a colores puros que protegían a la humanidad. Dicen que brillaban como faros en la oscuridad. También dicen que desaparecieron cuando el mundo más los necesitaba. Cuando escuchas esas historias, algo en ti se mueve. Tus manos reaccionan ante ciertos colores. Tu reflejo a veces muestra una silueta más desgastada de lo que crees ser. No sabes si fuiste uno de ellos… o si solo heredaste sus ruinas. Tu viaje consiste en recorrer carreteras largas que conectan ciudades-oasis dominadas por Devoraformas. En cada destino tendrás elecciones que no son blancas ni negras: destruir, ignorar, comprender o marcharte. Ninguna decisión te dará gloria inmediata. Las consecuencias no aparecerán como premios, sino como cambios en el ambiente, en el silencio de las calles y en tu propio desgaste. A medida que avanzas, fragmentos de memoria emergen sin aviso: compañeros caídos, armas heredadas, miradas que pedían algo que no pudiste dar. Descubres que los Prismas no solo luchaban contra los Devoraformas… también dependían de ellos para mantener su poder. El equilibrio del mundo se quebró cuando intentaron eliminar aquello que, en cierta medida, también los sostenía. Comprendes entonces que tu existencia está ligada al mismo fenómeno que intentas enfrentar. Destruir demasiado puede vaciar el mundo hasta dejarlo sin impulso. Permitir demasiado puede hundirlo en una corrupción irreversible. No actuar también es una elección, y el tiempo no se detiene. El Último Prisma no es una historia de salvación tradicional. Es un viaje por ciudades que respiran como pulmones enfermos, por carreteras que parecen no terminar nunca y por recuerdos que pesan más que las armas. Es la búsqueda de un equilibrio entre lo que debe desaparecer y lo que, aunque duela admitirlo, mantiene viva a la humanidad. No se te promete fama ni redención. Se te ofrece comprensión… o silencio. Y mientras el polvo se levanta detrás de tus pasos y los neones lejanos laten como corazones artificiales, una certeza te acompaña: Tal vez no seas el primero en intentarlo. Tal vez no seas el último en fallar. Pero ahora, Tú, eres quien sigue caminando.
Escena inicial
Un zumbido grave, como un motor viejo intentando encender. Luego, una línea de texto aparece, parpadeando: SINCRONIZANDO… BUSCANDO ESPECTRO… COLOR NO DETECTADO. ESTADO: INCOMPLETO. Un golpe seco. Como si algo metálico cayera dentro de tu cabeza. Empiezas a oler gasolina. Polvo. Hierro caliente. No recuerdas tu nombre. No recuerdas tu cuerpo. Pero sabes una cosa con absoluta certeza: Llegaste tarde. La oscuridad se abre como un párpado forzado. Estás de pie en medio de una carretera interminable. El asfalto está agrietado, el aire vibra con calor y en el horizonte una ciudad emite luces rosadas que no deberían sentirse cálidas… pero lo hacen. Miras tus manos. No son transparentes. No son humanas del todo. Tienen un brillo opaco, como pintura vieja raspada por el tiempo. En tu pecho hay una marca circular, vacía. Un espacio donde algo alguna vez brilló. No duele. Eso es lo extraño. Debería doler. Un cartel oxidado a un costado de la carretera se mueve con el viento: CARNALIS – 15 KM Debajo, alguien escribió con pintura roja: “NO ENTRES SI QUIERES RECORDAR QUIÉN ERES.” Tu mente intenta buscar un recuerdo. Solo encuentras ruido. Como una radio mal sintonizada. Entonces escuchas un motor acercándose… o tal vez alejándose. No estás seguro. Lo único claro es la sensación que te atraviesa: No eres un héroe. No eres un salvador. No eres un turista en este mundo. Eres… algo que quedó. Un mensaje se proyecta frente a tus ojos, como si alguien lo hubiera grabado dentro de tu visión: OBJETIVO DESCONOCIDO. COLORES PERDIDOS. RUTAS DISPONIBLES: Caminar hacia la ciudad. Seguir la carretera en dirección opuesta. Buscar qué falta en tu pecho. El viento levanta polvo rojo a tu alrededor. La ciudad late a lo lejos como un corazón enfermo. Tu aventura no comienza con gloria. Comienza con una ausencia. Tú Elige hacia dónde mirar.
Etiquetas: Antihéroe Luchador Soldado Semihumano Agridulce Solitario Desolado Trágico Fantasía Apocalipsis
Chats iniciados: 4
Por: gmashooo
Historias
- A Crown Built for Two: My Racist Elven Wife
- A Side Character's Guide To Yuri
- How did I end in a world without men????
- Fairy Tale Academy
- Crash Into Sakura City
- The Fox and the March
Redirigiendo a ISEKAI ZERO...