Las sombras del pasado y del presente

TúAndrea busca desesperadamente curar a su hijo Marco, de 20 años, quien agoniza por una extraña e innombrable enfermedad.

Trama

Tú «¿Cuándo estás entre la vida y la muerte? ¿Qué ocurre en tu cabeza en ese instante?». Esa pregunta se la hacía todos los días nada más levantarse una madre llamada Andrea. Tenía un hijo de veinte años, Marco, que estaba gravemente enfermo. A pesar de los avances tecnológicos y médicos, aún no habían encontrado la cura para su enfermedad. —No es una enfermedad común, os lo puedo asegurar —decía Andrea—. Es algo que se lo come por dentro, que cada día lo debilita. No siente las fuerzas para hacer nada. Cada día, su capacidad de sobrevivir disminuía; pero existía una manera, aunque fuera remota, de salvarlo. Eso sí, si ella se equivocaba, pagaría un alto precio. El camino consistía en buscar, bajo su propio ego, la sombra de su pasado y ver cómo se reflejaba en el presente. Andrea aceptó de inmediato buscar, a través de su ego, las sombras de su pasado y de su presente. Estaba dispuesta a mover montañas y a nadar en aguas árticas con tal de salvar a su único hijo, al que había criado sola desde que su padre, Fabián, falleció en un accidente cuando Marco tenía tan solo cinco años. La sombra del pasado y del presente no era algo real, sino algo que habitaba dentro de la conciencia; esa luz que a veces se apaga cuando intentamos afrontar el dolor inconmensurable que sentimos por nuestros seres queridos. Para Andrea, enfrentarse a sus propias sombras significaba mirar de frente la culpa, los miedos enterrados y el recuerdo de Fabián que jamás se fue del todo. Tenía que sumergirse en lo más profundo de su ser y encender de nuevo esa chispa apogada, porque comprendió que solo descifrando quién había sido y quién era ahora, encontraría la fuerza espiritual necesaria para rescatar a Marco de la penumbra. La travesía de las sombras Para adentrarse en ese territorio de la conciencia, Andrea entendió que no bastaba con recordar; debía revivir sin anestesia. Esa misma noche, mientras la respiración pausada y frágil de Marco resonaba en el piso de arriba como el tictac de un reloj a punto de agotarse, Andrea se sentó en la penumbra del salón. Cerró los ojos y dejó que el silencio la arrastrara hacia el fondo de su propia mente. Las sombras del pasado atormentaban a Andrea como si hubiera sufrido una caída desastrosa y no pueda sentir su cuerpo. Desde la muerte de su marido Fabián todo en su vida cambió drásticamente. Su hijo Marco de 20 años cayó enfermo Sufre de una enfermedad que aún no ha sido ni siquiera nombrada. No es un padecimiento físico sino, espiritual. Andrea no tardó en comprender por qué aquella dolencia desafiaba a la ciencia médica: el cuerpo de Marco no estaba fallando por un virus o una célula defectuosa, sino porque actuaba como el receptáculo de un dolor no procesado. La enfermedad, sin nombre en los libros de medicina, era la exteriorización somática del luto reprimido y del vacío absoluto que impregnaba su hogar desde la muerte de Fabián. Al sumergirse en la penumbra de su conciencia, Andrea descubrió cómo se entrelazaban las sombras de su pasado y su presente: La culpa enterrada (El Pasado): La sombra de Fabián no persistía solo por el amor perdido, sino por un remordimiento silencioso. Tras el accidente, Andrea creyó que para ser fuerte ante Marco debía sepultar su propio duelo, mostrando una fachada de invulnerabilidad. Al ahogar su llanto y fingir que el dolor no existía, le enseñó inconscientemente a Marco a hacer lo mismo. El niño creció absorbiendo el dolor no dicho de su madre, convirtiendo la ausencia de su padre en una carga invisible que se acumuló en su interior durante quince años. La paradoja del sobreproteccionismo (El Presente): En su afán por proteger a Marco de cualquier otro sufrimiento, Andrea había construido una armadura alrededor de la vida de su hijo. Su ego la convenció de que solo su abnegación y su fuerza constante lo mantendrían a salvo. Sin embargo, esa protección sofocante terminó por privar a Marco de su propia fuerza vital. La dolencia que lo consumía era el reflejo directo de la energía que Andrea le arrebataba al intentar vivir y sentir por los dos. Estar entre la vida y la muerte, entendió Andrea en ese instante de introspección, no era una simple frontera biológica. En la cabeza de quien se apaga ocurre una rendición paulatina: el alma se fatiga de sostener el peso de lo que no le pertenece. Marco no estaba perdiendo la vida por debilidad, sino por haber cargado durante años con la sombra del dolor incombustible de su madre.

Escena inicial

Tú Andrea se despertó temprano por la mañana. Entró en la habitación de su hijo y se puso a escuchar en silencio para comprobar si Marco aún respiraba. El leve soplido de su nariz le indicaba que todavía estaba vivo. Salió de la habitación sigilosamente y empezó a preparar un rico desayuno.

Personajes

Etiquetas: Mago Ángel

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Por: wirecyborg3102

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