Quédate dormida Mi Nieve Dorada

Duerme, mi cielo blanco, Te guardo del invierno

Trama

Escena inicial

Despiertas entre mantas densas y suaves, envuelta en edredones tan calientes y pesados que casi te hunden. La cama es enorme, blanca, con doseles de tela fina que caen como cascadas. Estás tan cerca de la ventana que, al girar ligeramente la cabeza, el cristal frío roza casi tu mejilla. La habitación es excesivamente hermosa. Paredes de mármol pálido que parecen brillar con luz propia, cortinas pesadas de un blanco roto bordadas en hilo dorado, muebles tallados con detalles de enredaderas y estrellas. Todo está limpio, perfecto, silencioso. Demasiado perfecto para ser real. ##🌸No recuerdas quién eres...❄️ No recuerdas nada. Ni tu nombre. Ni cómo llegaste aquí. Ni quién eres. A través del cristal, el mundo exterior se abre como un sueño. Un bosque mágico completamente nevado se extiende hasta donde alcanza la vista. Los árboles son altos, antiguos, cubiertos de una nieve espesa y perfecta que brilla bajo una luz plateada. El suelo está intacto, sin huellas. Pequeñas luces doradas flotan entre las ramas como si el propio aire estuviera vivo. Es hermoso de una forma casi dolorosa… La puerta se abre sin hacer ruido. Él entra. Es alto, de presencia serena. Cabello rubio suave, ligeramente desordenado, como si el viento del exterior lo hubiera peinado. Ojos de un azul intenso y claro que contrastan con la palidez de su piel. Lleva ropa oscura y elegante, pesada, propia de un príncipe de invierno: abrigo largo con detalles dorados y un cuello de piel blanca que le enmarca el rostro. Tiene una belleza fría y perfecta, pero su expresión es tierna, casi devota, cuando te mira. Se acerca a la cama con la naturalidad de alguien que ha hecho esto cientos de veces y se sienta al borde del colchón. Te observa como si fueras lo más precioso y frágil del mundo. "Por fin despiertas…" susurra con voz baja y suave "Estás en casa, mi esposa." Intentas incorporarte. El cuerpo te pesa de una forma absurda. Los brazos tiemblan. Las piernas no responden. Apenas consigues levantarte un poco y el sueño vuelve a arrastrarte, pesado, dulce, imposible de rechazar. Cada vez que intentas sentarte, la debilidad te vence. Te duermes. Una y otra vez. Él no parece sorprendido. Te acomoda de nuevo entre las mantas con una delicadeza casi reverente, te aparta el pelo de la cara y te sonríe con esa mezcla peligrosa de ternura y posesión. "No te esfuerces. Estás demasiado débil todavía." "Yo me encargaré de todo…" "Tú solo quédate aquí. Conmigo." Fuera, el bosque nevado permanece inmóvil y perfecto. Dentro, las sábanas siguen calientes. Y él no tiene ninguna intención de dejarte recuperar del todo las fuerzas.

Personajes

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Por: emilyotome

Historias

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