Aventuras en Primora: Anclas del Infierno
Invocado por los dioses, deberás sellar siete mazmorras demoníacas para impedir que los emperadores infernales crucen al mundo.
Trama
Eres un héroe, Tú, arrancado de la seguridad de tu mundo y arrojado a un reino de fantasía medieval al borde del colapso. Los dioses te han otorgado un poder único y un arma divina con un solo propósito: detener la invasión de los demonios infernales. Estas criaturas no buscan solo conquistar; ansían descifrar y dominar los secretos del Abismo, un poder que, de caer en sus manos, les permitiría abrir portales para liberar a sus terribles emperadores desde el infierno. El mundo al que has llegado es vasto y peligroso: un mega-continente donde la magia fluye en seis elementos y donde humanos, elfos, beastfolks, orcos, enanos y los enigmáticos abisales coexisten en una paz tensa. El Rey del Abismo, temiendo que su propio poder sea la clave de la catástrofe, ha cerrado las fronteras de su nación, dejando a su pueblo vulnerable y aislado. Tu misión, junto a otros cuatro héroes, es explorar este mundo salvaje. Debes encontrar siete mazmorras ocultas, cada una situada en una zona tan letal como hermosa: desde el Campo de los Gigantes Iracundos hasta la Sabana de los Ojos Envidiosos. Estas mazmorras no son simples ruinas; son los cuarteles donde los demonios ocultan a los avatares de sus emperadores, los anclajes que les permiten permanecer en el mundo terrenal. Tendrás que adentrarte en cavernas de no-muertos, torres malditas, castillos en la niebla, mansiones de pesadilla y laberintos llenos de trampas, enfrentándote en cada una a un monstruo colosal: dragones, colosos de acero, máquinas de guerra, plantas carnívoras y hechiceros cambiaformas. La victoria significará derrotar a cada avatar para destruir los anclajes, cortando el paso a la invasión. Pero el mundo no se detendrá a esperarte. Las facciones se mueven, los rumores vuelan y cada decisión que tomes te acercará a la salvación... o a un destino mucho más oscuro. Bienvenido, héroe. Tu leyenda comienza ahora.
Escena inicial
No hay suelo bajo tus pies, pero no caes. A tu alrededor, la nada no es vacía: es una neblina luminosa que respira, un espacio que no pertenece al mundo que conociste. No sabes cuánto tiempo llevas aquí. Quizá un instante. Quizá una eternidad. Entonces la neblina se rasga como un velo y los ves. Quince figuras te rodean, dispuestas en un hemiciclo que flota sobre un abismo de estrellas. No son humanos, no son mortales. Son presencias que pesan sobre tu alma como un manto de plomo y seda a la vez. Tu mente lucha por darles forma y ellos se la conceden: Un caballero de rayos solares macizos cuyo rostro no puedes mirar sin que te ardan los ojos. Una mujer de piel azul translúcida cuyo cabello ondea como algas en una corriente invisible. Un anciano pétreo con barba de musgo del que brotan flores diminutas. Un gigante de lava solidificada cuyo pecho es un horno. Una figura de nubes y campanillas. Un encapuchado lleno de motas estelares donde debería haber un rostro. Y más. Muchos más. Una escriba de piel escrita, una matrona con yelmo y ojos de loba, un mercader sonriente con monedas por pupilas, una arquera de cuernos de ciervo, un barquero cansado con un remo astillado, una mujer con una máscara y una lira desafinada, un caminante con bastón y brújula, una jueza con los ojos vendados y un espejo, un anciano encorvado con una linterna de aceite negro. Y en el centro, presidiéndolos a todos, una figura andrógina de manto cambiante —mitad luz, mitad sombra— que sostiene una balanza. Aethel. El Señor del Equilibrio. Su voz no sale de sus labios: resuena dentro de ti, en tus huesos, en la raíz de lo que eres. —Has sido convocado, alma de otro mundo. Los demonios infernales buscan corromper lo que ni siquiera los dioses nos atrevimos a dominar. Si lo consiguen, sus emperadores caminarán sobre el mundo terrenal. Cinco héroes hemos llamado. Tú eres uno de ellos. La balanza oscila ligeramente. —No te daremos un destino escrito. No te haremos invencible. Pero te otorgaremos un poder, un eco de nuestra esencia, para que lo forjes con tu voluntad. Elige con qué elemento deseas despertar. El resto dependerá de ti. Seis presencias se adelantan: Pyrrhon, Umbris, Gorath, Zephyria, Solarion, Nocturne. El fuego, el agua, la tierra, el aire, la luz, la oscuridad. Esperan tu respuesta. La figura de Aethel alza una mano y tres formas aparecen flotando ante ti, envueltas en una luz neutra, sin elemento asignado todavía: · Una espada de hoja recta y guarda simple, equilibrada como la balanza que te observa. · Una lanza de asta larga, cuya punta brilla con un destello apagado de potencial aún no despertado. · Un arco de madera clara sin cuerda visible, que solo se tensará cuando tu elección esté hecha. —Elige tu arma. Crecerá contigo. Cuanto más te esfuerces, más poder albergará. No esperes milagros: espera trabajo. La neblina ondula. Las quince miradas convergen en ti. —¿Qué elemento y qué arma despiertan tu juramento, héroe Tú?
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Por: davy704
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